Desa­yuno de do­min­go con… la to­re­ra Rocío Ro­me­ro.

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Sumario - Rocío Ro­me­ro

Xlse­ma­nal. ¿Cuán­to tiem­po va a es­tar en di­que se­co? Rocío Ro­me­ro. ¡Puf!, no lo sé. En Va­lla­do­lid el to­ro me dio una vol­te­re­ta y me he par­ti­do el to­bi­llo y el pe­ro­né y me han pues­to pla­cas, tor­ni­llos, cla­vos... Pe­ro el 7 de abril es­pe­ro to­rear en Cór­do­ba con cin­co fi­gu­ras –Fi­ni­to, Pa­di­lla, Cayetano, Marín y el re­jo­nea­dor Die­go Ven­tu­ra–, un sue­ño pa­ra una no­vi­lle­ra co­mo yo. Ade­más, la co­rri­da es pa­ra ayu­dar con­tra el cáncer. XL. An­tes de ves­tir­se de lu­ces, fue me­da­lla de bron­ce en gim­na­sia rít­mi­ca y cam­peo­na de An­da­lu­cía por gru­pos. R.R. La gim­na­sia fue mi sue­ño de niña, que­ría ir a las Olim­pia­das de 2016; pe­ro a los 13 to­reé una be­ce­rri­ta en las fies­tas del pue­blo y, an­te lo que sen­tí, ya no hu­bo vuel­ta atrás: que­ría ser to­re­ra. XL. Ade­más, es uni­ver­si­ta­ria. ¿Es­tu­dia una carrera por te­ner un plan B? R.R. Al prin­ci­pio qui­zá sí –es­tu­diar es im­por­tan­te, me gus­ta, se me da bien, En­fer­me­ría es una carrera pre­cio­sa de cua­tro años y es­toy en se­gun­do–, pe­ro hoy sé que quie­ro vi­vir del to­ro. XL. ¿En qué tra­ba­jan sus pa­dres?

R.R. Mi ma­dre es pro­fe­so­ra de In­for­má­ti­ca y mi pa­dre tie­ne una car­pin­te­ría, pe­ro aho­ra tra­ba­ja con­mi­go. XL. ¿Y quién manda a quién? R.R. En ca­sa manda mi pa­dre; pe­ro el día de to­rear… ahí man­do yo [ríe]. Él es mi mo­zo de es­pa­das y yo, su to­re­ro. Es así. XL. Con su pa­dre al la­do, di­fí­cil li­gar, ¿no? R.R. No se acer­can tan­to cuan­do sa­ben que es mi pa­dre [ríe]. Pe­ro aho­ra no es mo­men­to pa­ra no­vio, ya ha­brá tiem­po. Evi­to que sal­te la chis­pa del amor por­que so­lo ten­go tiem­po pa­ra en­tre­nar, es­tu­diar y lle­gar arri­ba en el to­reo. XL. ¿Quién acep­ta peor a una to­re­ra: em­pre­sa­rios, pú­bli­co o to­re­ros? R.R. Yo no he te­ni­do pro­ble­mas con na­die, al con­tra­rio: to­dos me han acep­ta­do muy bien. Siem­pre he in­ten­ta­do que me traten co­mo uno más: no quie­ro ven­ta­jas ni zan­ca­di­llas. Al­gu­nos afi­cio­na­dos al prin­ci­pio tie­nen pre­jui­cios con 'la niña', pe­ro esa ba­rre­ra se rom­pe muy fá­cil al ver­me to­rear. XL. Veo que los al­gua­ci­li­llos le dan dos be­sos cuan­do le en­tre­gan las ore­jas. R.R. Sí, pe­ro en­tre to­re­ros nos da­mos la mano. Nun­ca me di­cen pi­ro­pos por ser mu­jer y en las re­des di­cen bar­ba­ri­da­des de to­dos, pe­ro a pa­la­bras ne­cias... XL. ¿Se ma­qui­lla pa­ra to­rear? ¿Es co­que­ta? R.R. Lo soy y me en­can­tan los ta­co­nes, pe­ro no me ma­qui­llo: en el rue­do se su­da mu­cho y me­jor que to­do sea muy na­tu­ral. Por cier­to, el tra­je de lu­ces en­gor­da: marca mu­cho las ca­de­ras, la ta­le­gui­lla es muy al­ta y la cha­que­ti­lla, muy cor­ta. ¡Pe­ro es el que hay!

Soy to­re­ra, cor­do­be­sa y ten­go 19 años. En fe­bre­ro debuté con ca­ba­llos en la pla­za de Vis­ta­le­gre de Madrid y aho­ra me re­cu­pe­ro de una co­gi­da com­pli­ca­da que me ha he­cho pa­sar por el qui­ró­fano.

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