Hu­go da mu­cho jue­go

El po­li­cía más sexy de la te­le vuel­ve a su pa­pel ha­cien­do de Pa­cino, el agen­te con el que triun­fa en «El Mi­nis­te­rio del Tiem­po». Com­par­ten al­go más que el bi­go­te y las pa­ti­llas. «Te­ne­mos en co­mún el sen­ti­do del hu­mor, por­que yo ne­ce­si­to es­tar de co­ña pa­ra

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - PORTADA - TEX­TO: NOELIA SIL­VO­SA

«Mi­gran no­che se­ría cual­quie­ra con mis ami­gos to­man­do una cer­ve­za», ase­gu­ra un Hu­go Sil­va que con­ser­va toda su esen­cia de tío des­preo­cu­pa­do. Co­mo si no fue­se del to­do cons­cien­te de la lo­cu­ra que desata, la jus­ti­fi­ca por el show que se mon­ta a su al­re­de­dor, co­mo res­tán­do­se gua­pu­ra. «Hay mu­cha ex­pec­ta­ción, pe­ro no por mí, por to­dos», co­men­ta co­mo si tal co­sa a pun­to de es­tre­nar la ter­ce­ra tem­po­ra­da de El Mi­nis­te­rio del Tiem­po.

—Es­ta en­tre­vis­ta va de Sil­vo­sa a Sil­va. ¿Eres sil­ves­tre?

—Ja, ja. Sí, sí, cla­ro. —Vuel­ve «El Mi­nis­te­rio». En «Una lla­ma­da a tiem­po» [unos pod­cast que ha­ce con Sal­va­dor, el per­so­na­je de Jai­me Blanch], se des­cu­bre qué ha si­do de Pa­cino. Lo pe­tas­te con él. —Sí, la ver­dad fue de es­tas co­sas má­gi­cas que pa­san a ve­ces en es­te tra­ba­jo. Du­ran­te la pri­me­ra tem­po­ra­da de El Mi­nis­te­rio del Tiem­po me vol­ví ab­so­lu­ta­men­te fa­ná­ti­co de la se­rie, me en­can­tó e in­clu­so fan­ta­sea­ba con qué per­so­na­je po­día yo ha­cer de la his­to­ria, que­ría par­ti­ci­par co­mo fue­se. Un día de re­pen­te me lla­ma Ja­vier Oli­va­res y me di­ce que ha pen­sa­do en mí pa­ra un per­so­na­je y ya tu­vi­mos una reunión, me con­tó un po­co y me pa­re­ció fan­tás­ti­co. Y to­do lo de­más ha si­do un po­co cir­cuns­tan­cial, ha fun­cio­na­do y creo que co­nec­ta con mu­cha gen­te del pú­bli­co. Y lue­go es un per­so­na­je que no de­ja de ser de una épo­ca dis­tin­ta a es­ta, por lo que tie­ne un pun­to de vis­ta de nues­tra so­cie­dad dis­tin­to. Los 80 no es­tán muy le­jos, pe­ro so­cial­men­te y a ni­vel de com­por­ta­mien­to yo creo que dis­ta bas­tan­te de la épo­ca que vi­vi­mos aho­ra.

—Ese pa­pel lo es­cri­bie­ron pen­san­do en ti, de he­cho com­par­tís ese Ma­drid de los 80, que vi­vis­te des­de tu ba­rrio, San Blas. —Sí, bueno, com­par­ti­mos un po­co el ori­gen. Lo que pa­sa es que yo en la épo­ca de Pa­cino era un pe­que­ña­jo. Sí que soy de San Blas, un ba­rrio que en­ton­ces era de las afue­ras de Ma­drid, y sí que he te­ni­do re­fe­ren­tes du­ran­te toda mi ni­ñez pa­ra po­der cons­truir a día de hoy a Pa­cino. De una ma­ne­ra per­so­nal, Pa­cino es el re­sul­ta­do de un pe­que­ño ho­me­na­je a mis ma­yo­res, a los ma­yo­res que me cui­da­ron y que fue­ron mis re­fe­ren­tes cuan­do era pe­que­ño.

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