Me enamo­ré de Ga­li­cia y me que­dé

Lle­ga­ron por azar y se que­da­ron por amor al mar, al es­ti­lo de vi­da, al pul­po á fei­ra. Un ir­lan­dés, un ho­lan­dés, una fin­lan­de­sa... Las na­cio­nes uni­das ya es­tán en Ga­li­cia. YES!

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - PORTADA - TEX­TO: ANA ABE­LEN­DA

Matthew Ward es muy del Nor­te, vie­ne de Omagh, una ciu­dad de Ir­lan­da a unos cien ki­ló­me­tros de Bel­fast. De ahí par­tió uno de los me­jo­res via­jes de su vi­da. «Mi pri­mo y yo cru­za­mos Eu­ro­pa en bi­ci, 6.000 ki­ló­me­tros en ocho se­ma­nas. Es­co­cia, In­gla­te­rra, Bél­gi­ca, Ho­lan­da... y ter­mi­na­mos en Fis­te­rra». Su pri­mo si­guió ro­dan­do, pe­ro Matthew se que­dó y em­pe­zó aquí en el fin el prin­ci­pio de una his­to­ria de amor. ¿Qué le atra­pó de Ga­li­cia? «Me sen­tí co­mo en ca­sa. Me gus­tó la gen­te, las pla­yas, te­ner el mar tan cer­ca, el cli­ma, los ho­ra­rios», di­ce quien se sor­pren­de aún de la in­fle­xi­bi­li­dad pa­ra co­mer. «Aquí hay que co­mer a las dos de la tar­de. Es sa­gra­do». No sé si po­dría re­ba­tir­lo... pe­ro en lo que coin­ci­di­mos es en el ape­go a los vien­tos do de­mo del li­to­ral de Fe­rrol. «Me en­can­tan las pla­yas de Val­do­vi­ño y Es­me­lle —declara—, pe­ro tam­bién An­co­ra­doi­ro, en Mu­ros. No sé si es real o ten­go la im­pre­sión de que siem­pre hay cin­co gra­dos más que en Co­ru­ña». El ve­rano es más cá­li­do en San Fran­cis­co... de Lou­ro, of cour­se!

El ho­gar de es­te «irish tea­cher» es hoy A Co­ru­ña, su mu­jer y la hi­ja que han te­ni­do ha­ce unos me­ses, Erin, que mez­cla las dos cul­tu­ras cel­tas, cus­pi­di­ñas en lo esen­cial. Hoy, des­de Ria­zor, Matthew re­cuer­da su apar­ta­men­to en la ave­ni­da de Fi­nis­te­rre, tan cas­ti­za y mes­ti­za de por sí. «En ese pi­so lle­ga­mos a vi­vir dos ir­lan­de­ses, un me­xi­cano, dos fran­ce­ses, lue­go uno de Ve­ne­zue­la... Apren­dí mu­cho, ca­da per­so­na era un mun­do y la mez­cla fun­cio­nó muy bien. So­lo yo me que­dé, pe­ro aún man­te­ne­mos el con­tac­to. Eran co­mo una es­pe­cie de Na­cio­nes Uni­das en la ave­ni­da de Fi­nis­te­rre».

To­dos los ca­mi­nos de Matthew Ward pa­re­cen con­du­cir aquí. En un bar de la Ciu­dad Vie­ja, cuan­do lle­va­ba dos años ins­ta­la­do dan­do cla­ses de in­glés, co­no­ció a la es­cri­to­ra Éri­ca Es­mo­rís. Y el co­ra­zón le dio otra ra­zón, es­ta con E, pa­ra que­dar­se. ¿Có­mo os co­no­cis­teis? «Ella es­ta­ba con una ami­ga rién­do­se... y yo no en­ten­dí el chis­te», cuen­ta. El amor tie­ne su gra­cia cuan­do la co­sa va en se­rio. Por Whats App y en re­des se es­pa­bi­ló el con­tac­to, y pron­to mú­si­co y no­ve­lis­ta em­pe­za­ron a com­par­tir el gus­to por los deportes de agua y a fun­cio­nar co­mo un tán­dem crea­ti­vo. «Yo creo que ella me ins­pi­ra más a mí...», con­fie­sa.

A él le pri­van los sa­bo­res de la tie­rra. Más cer­ve­ce­ro que de «vi­ños», Matthew Ward apre­cia el pul­po á fei­ra, las na­va­jas, y moi­to moi­to la co­ci­na de su sue­gra. Un gus­to. «Es que en su co­ci­na to­do es­tá rico, no he pro­ba­do na­da que no me gus­ta­se, a mí me ayu­da a sos­te­ner­me, sobre to­do cuan­do las se­ma­nas se com­pli­can», ase­gu­ra es­te afi­na­dor de la sen­si­bi­li­dad.

Matthew Ward ya vie­ne del Nor­te, de un cli­ma y un hu­mor muy co­mo el nues­tro, aun­que a ve­ces le dé «mo­rri­ña» de allá.

Vie­ne de una fa­mi­lia de músicos don­de se vi­ve can­tan­do. Y to­can­do el acor­deón, la gui­ta­rra, el ban­yo, el bodh­rán («una es­pe­cie de pan­dei­ro», ex­pli­ca). Has­ta que la Matt­hews co­ru­ñe­sa ce­rró, allí se po­día ver a Matthew ha­cien­do ho­nor a su nom­bre y a su ori­gen en la se­sión ver­mú. Des­de el 2004 él es el acor­deón del gru­po Böj, gri­to de gue­rra de los es­ta­dos bal­cá­ni­cos (en ga­le­go, co­mo sa­béis,

bu­xo), que el año pa­sa­do ga­nó el Cer­ta­men Ru­nas de Or­ti­guei­ra. Ya pue­den oír su pri­mer tra­ba­jo en so­li­ta­rio en Spo­tify, The Light­hou­se. Y sue­na a es­ta Ga­li­cia don­de se en­con­tró.

Me en­can­tan las pla­yas, la gen­te, las na­va­jas y la co­ci­na de mi sue­gra”

FO­TO: ÁN­GEL MAN­SO

MATTHEW WARD

OMAGH, IR­LAN­DA Lle­va la mú­si­ca en los ge­nes, es pro­fe­sor de bu­si­ness en­glish y pre­sen­ta su pri­mer dis­co en so­li­ta­rio, «The Light­hou­se». A ve­ces sien­te «mo­rri­ña» de Omagh, pe­ro en A Co­ru­ña es­tá su ho­gar. Aquí co­no­ció a su pa­re­ja y aquí na­ció su hi­ja, Erin.

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