¿SA­BES PERFUMARTE?

SI QUIE­RES DE­JAR RAS­TRO ÉCHA­TE LA FRA­GAN­CIA ASÍ

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - PORTADA -

Co­mo

la ma­yo­ría de los mor­ta­les, se­gu­ro que tu ri­tual hi­gié­ni­co em­pie­za en la du­cha. Te se­cas, te pei­nas, te vis­tes y te echas per­fu­me en el ba­ño. Error. El per­fu­me no se apli­ca en ese mo­men­to ni tie­ne que es­tar en el ba­ño.

Pa­ra más in­ri, se­rás de los que echan un par de flis flis más en la ro­pa, por eso de oler un po­qui­to me­jor. Muy mal he­cho.

Y si lle­vas es­co­te, se­gu­ro que te vie­nes arri­ba y eres ca­paz de ti­rar de fra­gan­cia ca­na­li­llo a tra­vés. Que no, que es­to no va así. Aho­ra vas a apren­der có­mo apli­car esa fra­gan­cia a la que nun­ca quie­res de­jar de oler. El pri­mer error es es­pe­rar tan­to. Se­gún sa­les de la du­cha y te se­cas lo gor­do, écha­te­la. Si la piel to­da­vía es­tá li­ge­ra­men­te hú­me­da, me­jor. El pri­mer man­da­mien­to pa­ra im­preg­nar­se del olor es es­tar des­nu­do y hú­me­do. Si­ga­mos. Va­mos al dón­de. Con to­do el cuer­po a nues­tra dis­po­si­ción, es más fá­cil lle­gar a zo­nas a las que ves­ti­do ja­más lle­ga­rías. Y los me­jo­res pun­tos pa­ra per­fu­mar son los de pul­sión: el cue­llo, el área cer­ca­na al corazón, las mu­ñe­cas. Ojo con las mu­ñe­cas, por­que se­gu­ro que tú tam­bién tie­nes el tic de fro­tar­las. Y en La Bo­ti­ca de Los Per­fu­mes nos di­cen que si es así, no lo vuel­vas a ha­cer. Lo úni­co que con­si­gues con esa fric­ción es rom­per la es­truc­tu­ra de la fra­gan­cia, que es­tá he­cha a ba­se de tres ti­pos de no­tas: de sa­li­da, pri­mer olor; de corazón, la mez­cla que com­po­ne la ‘fa­mi­lia ol­fa­ti­va’, que pue­de ser flo­ral o cí­tri­ca, por ejem­plo; y de fon­do, los to­nos más per­sis­ten­tes, que pue­den du­rar has­ta 24 ho­ras. Ca­da una de es­tas no­tas cum­ple su fun­ción en un tiem­po de­ter­mi­na­do, por lo que fro­tar­las so­lo con­si­gue al­te­rar­lo.

Pe­ro si­ga­mos el re­co­rri­do cor­po­ral ha­cia otras zo­nas que se­gu­ro que no se te ha ocu­rri­do per­fu­mar ja­más. Si quie­res de­jar ras­tro a tu pa­so, no te ol­vi­des de per­fu­mar la ca­ra in­ter­na de los co­dos pa­ra que ca­da mo­vi­mien­to de­je hue­lla. Lo mis­mo con la par­te tra­se­ra de las ro­di­llas, pa­ra de­jar de­trás de ti un sen­de­ro de fra­gan­cia. Otra clave es pulverizar por de­trás de las ore­jas. ¿Por qué? Pues por­que cual­quie­ra que se acer­que a ti pa­ra dar­te dos be­sos se se­pa­ra­rá con ga­nas de más... aro­ma, cla­ro. Don­de no hay que echár­se­lo es en el pe­lo pa­ra evi­tar­nos reac­cio­nes alér­gi­cas en el cue­ro ca­be­llu­do, ni so­bre jo­yas de bi­su­te­ría.

SU­PERA TUS TICS

Si tam­bién tie­nes el tic de agi­tar el per­fu­me an­tes de usar­lo, es­tás vol­vien­do a me­ter la pa­ta por­que ya vie­ne per­fec­ta­men­te in­te­gra­do, por lo que dán­do­le ese me­neo so­lo ha­rás que se lle­ne de ai­re y que se al­te­re su com­po­si­ción. Cuan­to más re­po­sa­do es­té, me­jor. Y tam­bién me­jor cuan­to más le­jos lo guar­des del ba­ño, por­que el va­por y la hu­me­dad de ca­da du­cha da­ña­rá su com­po­si­ción y po­drá lle­gar in­clu­so a es­tro­pear­se. Aho­ra que ya apren­di­mos a per­fu­mar­nos, to­ca sa­ber a qué ole­mos en ve­rano. Pues bien, La Bo­ti­ca de los Per­fu­mes nos cuen­ta que pa­ra los días de ca­lor, lo me­jor es ele­gir no­tas fru­ta­les o flo­ra­les, «sue­len ser mu­cho más re­fres­can­tes», ase­gu­ran. Otros de los aro­mas más re­pe­ti­do en las fra­gan­cias es­ti­va­les son los cí­tri­cos, por­que no so­lo re­fres­can, sino que tam­bién re­la­jan. La man­za­na, el li­món, la li­ma o el té ver­de son al­gu­nos de los com­po­nen­tes más fre­cuen­tes. ¿Y por la no­che si va­mos de ce­na des­pués de la pla­ya? «Las no­ches de ve­rano acom­pa­ñan más si se uti­li­zan per­fu­mes con ba­se de jaz­mín, la­van­da, ro­sas y otras com­bi­na­cio­nes con no­tas flo­ra­les. Tam­bién triun­fan los aro­mas de flo­res orien­ta­les, con vai­ni­lla e iris». Aho­ra que si te gus­tan las fra­gan­cias más in­ten­sas y dul­ces, ten­drás que dar­te a las fru­ta­les. Fru­tos ro­jos, co­co o pi­ña son de los más uti­li­za­dos en el ve­rano.

Por mu­cho que lo bus­ques no exis­te un aro­ma per­fec­to, pe­ro sí uno que se­rá per­fec­to pa­ra ti. Y aho­ra que has apren­di­do a echár­te­lo, ole­rá más y me­jor. Re­cuer­da, pri­mer man­da­mien­to: des­nu­do y hú­me­do. Lo que vie­ne des­pués, ya te lo sa­bes.

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