RO­SA LÓ­PEZ

«ME CUES­TA PEN­SAR QUE VOY A EN­CON­TRAR EL AMOR»

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - PORTADA - TEX­TO: VIR­GI­NIA MA­DRID

Di­ce que no es Ro­sa de Es­pa­ña, ni Ro­sa la gor­da. Se reivin­di­ca co­mo Ro­sa a se­cas y aca­ba de re­apa­re­cer pa­ra dar la me­jor ver­sión de sí mis­ma. «Soy Ro­sa (Pe­ñue­las, Gra­na­da, 1981) la de siem­pre, pe­ro con las co­sas más cla­ras y qui­zá por ello me sien­to más a gus­to y tran­qui­la con­mi­go mis­ma». Cin­co años sin lan­zar un nue­vo tra­ba­jo dan pa­ra mu­cho y la gra­na­di­na no ha per­di­do el tiem­po. Con una nue­va ima­gen y sin pa­rar de son­reír, re­gre­sa con un nue­vo dis­co, Kai­rós. Un tra­ba­jo que ha­bla de creer en uno mis­mo, de dis­fru­tar de las pe­que­ñas co­sas que nos ofre­ce la vi­da y que aho­ra mis­mo es el se­gun­do más ven­di­do en nues­tro país. De su pa­sa­do, de su pre­sen­te y de su fu­tu­ro ha­bla­mos con la ar­tis­ta que ase­gu­ra ro­tun­da: «Ten­go más ga­nas que nun­ca, sien­to que he de­ja­do atrás al­gu­nos las­tres y ca­ren­cias y aho­ra voy a por to­das. Por fin, ha lle­ga­do mi mo­men­to». —Aca­bas de lan­zar tu nue­vo tra­ba­jo, «Kai­rós». ¿Con­ten­ta?

—Es­toy fe­liz. He es­ta­do cin­co años sin sa­car dis­co y cua­tro sin so­nar en las ra­dios co­mer­cia­les. He vuel­to por to­do lo al­to. Ade­más, es­tá yen­do ge­nial en ven­tas. Es­tos úl­ti­mos años no han si­do fá­ci­les. Ha si­do una eta­pa de mu­cho tra­ba­jo por la gi­ra, pe­ro mi sép­ti­mo dis­co pa­só un po­co des­aper­ci­bi­do. Y eso que la gen­te no ha pa­ra­do de apo­yar­me y de lle­nar mis con­cier­tos. Ya to­ca­ba un cam­bio de ai­res. —«Kai­rós» sig­ni­fi­ca el mo­men­to ade­cua­do. ¿Es es­te el mo­men­to de Ro­sa? —Pien­so que sí. Aquí es­tá y lo voy a dis­fru­tar al má­xi­mo. Ten­go más ga­nas que nun­ca, sien­to que he de­ja­do atrás al­gu­nos las­tres y ca­ren­cias y aho­ra voy a por to­das. Es co­mo si hu­bie­ra subido un es­ca­lón más en mi vi­da con mu­cho es­fuer­zo y cons­tan­cia. Y aquí es­toy, por fin lo he con­se­gui­do. —Por tus pa­la­bras an­te­rio­res, ¿se pue­de de­cir que es­ta­mos an­te una nue­va Ro­sa? —Soy la Ro­sa de siem­pre, pe­ro con las co­sas más cla­ras y qui­zá por ello me sien­to más a gus­to y tran­qui­la con­mi­go mis­ma. Es­te dis­co es un ba­lan­ce de es­ta eta­pa que he vi­vi­do. Ca­da dis­co es una te­ra­pia y pon­go en prác­ti­ca to­do lo apren­di­do. —El sin­gle «Al fin pien­so en mí» es to­da una de­cla­ra­ción de in­ten­cio­nes. —Así es. Es un po­co el le­ma de es­ta nue­va eta­pa. Es­tos años de atrás, he si­do muy crí­ti­ca con­mi­go mis­ma, me he exi­gi­do en ex­ce­so y eso se aca­bó. He apren­di­do a que­rer­me, a acep­tar­me co­mo soy, con lo bueno y lo re­gu­lar, pien­sen lo que pien­sen los de­más.

—¿Has lo­gra­do su­pe­rar tus mie­dos? —Sí. Ca­da uno es ar­qui­tec­to de su pro­pia au­to­es­ti­ma. No es una tarea sen­ci­lla, pe­ro cuan­do uno aprende a con­fiar en uno mis­mo, es más fá­cil ha­cer­les fren­te. Soy cons­cien­te de que aún ten­go mis in­se­gu­ri­da­des, soy hu­ma­na, pe­ro la di­fe­ren­cia es que aho­ra sé có­mo ha­cer­les fren­te. —«Aho­ra sé quien soy» es otro de tu nue­vos te­mas. ¿Ya sa­bes quién eres —Sé que me lla­mo Ro­sa M.ª Ló­pe Cor­tés, que na­cí en un pue­blo de Gr na­da, que me en­tu­sias­ma la mú­sic que la co­sas se con­si­guen con es­fuerz y tra­ba­jan­do y que na­da en es­ta vid es gratis. Y lo más im­por­tan­te es qu si crees y con­fías en ti, se pue­de cam biar el mun­do po­nien­do amor e ilu sión en ca­da co­sa que ha­ces. —¿Cuál es la can­ción de es­te ál­bu con la que te sien­tes más iden­ti­fi ca­da?

—Pue­des creer. Me mo­ti­va mu­cho e cu­char­la. A ve­ces des­cu­bro que la e toy ta­ra­rean­do sin dar­me cuen­ta. S me ha pe­ga­do to­tal­men­te. —Tu vi­da cam­bió el día que en­trast en la Aca­de­mia de «Ope­ra­ción Triun fo», pe­ro dio un gi­ro de cien­to ochen ta gra­dos cuan­do se­ma­nas des­pué te con­ver­tis­te en la ga­na­do­ra del pro gra­ma. ¿Qué re­cuer­das de tus ini­cios —¡Uf! Fue­ron tan­tas co­sas. Me dab te­rror te­ner que en­fren­tar­me a una s sión de fotos, que me vis­tie­ra al­guie que yo no co­no­cía, pe­ro lo su­pe afron tar y apro­ve­ché la opor­tu­ni­dad qu se me brin­dó. Y aquí si­go con ga­na de se­guir apren­dien­do y cre­cien­do.

Me da­ba te­rror te­ner que en­fren­tar­me a una se­sión de fotos”

—Han pa­sa­do ya quin­ce años des­de que te co­no­ci­mos en «Ope­ra­ción Triun­fo» y fuis­te des­pués a Eu­ro­vi­sión co­mo la re­pre­sen­tan­te es­pa­ño­la. Ade­más, tie­nes ya ochos dis­cos en el mer­ca­do y to­da una trayectoria co­mo ar­tis­ta. ¿Qué va­lo­ra­ción ha­ces de es­tos quin­ce años? —Du­ran­te es­tos años, sen­ci­lla­men­te me he con­ver­ti­do en mu­jer, ten­go más cultura, más in­for­ma­ción, ca­si no ten­go mie­dos y no me preo­cu­pa en ab­so­lu­to si es­toy más o me­nos gor­da. He apren­di­do a que­rer­me, a con­fiar en mí mis­ma, a acep­tar­me co­mo soy y aho­ra sé quién soy y lo que real­men­te quie­ro.

—¿Y qué quie­res? —Ayu­dar. Me en­can­ta­ría po­der de­di­car par­te de mi tiem­po a los ni­ños y a los que más lo ne­ce­si­tan. Ad­mi­ro a la ac­triz An­ge­li­na Jo­lie por su im­pli­ca­ción en pro­yec­tos que apo­yan a los más des­fa­vo­re­ci­dos, so­bre to­do a los ni­ños. —¿Có­mo es la Ro­sa de an­dar por ca­sa? —In­ten­to ser la mis­ma que se su­be al es­ce­na­rio. La Ro­sa anó­ni­ma dis­fru­ta pa­san­do una tar­de en ca­sa le­yen­do y con una in­fu­sión o to­can­do la gui­ta­rra, prac­ti­can­do de­por­te, que me en­can­ta y ha­ce que me sien­ta muy bien o ha­cien­do pla­nes con mis ami­gos. —¿Tam­bién te has apun­ta­do a la fie­bre del run­ning? —Sí. Me gus­tar co­rrer, por­que me ayu­da a re­du­cir el es­trés, pe­ro tam­bién prac­ti­co kick bo­xing y jue­go al pá­del con mis ami­gos.

—Y de amo­res, ¿có­mo an­das? —Creo en el amor, pe­ro me cues­ta mu­cho pen­sar que voy a en­con­trar­lo. Es­toy en un pun­to en que pien­so que es muy di­fí­cil que al­guien me to­que el alma. —Es­tás un po­co ne­ga­ti­va en la cues­tión amo­ro­sa. ¿Por qué pien­sas que no vas a en­con­trar pa­re­ja? —No sé. He te­ni­do bue­nas ex­pe­rien­cias sen­ti­men­ta­les y las he dis­fru­ta­do. Pe­ro aho­ra es­toy en una eta­pa en la que ne­ce­si­to que­rer­me mu­cho. Es mi mo­men­to.

—¿Y pien­sas en te­ner hi­jos? —Aho­ra mis­mo no. Es­toy muy cen­tra­da en mi ca­rre­ra, en dis­fru­tar de es­te nue­vo tra­ba­jo y en se­guir cre­cien­do co­mo ar­tis­ta y co­mo per­so­na. —¿Có­mo lle­vas lo de ser un per­so­na­je po­pu­lar? —Con na­tu­ra­li­dad y sen­ci­llez, por­que in­ten­to ser la mis­ma. No hay ma­yor pre­mio que sen­tir el ca­ri­ño de la gen­te cuan­do me sa­lu­da o me pi­de ha­cer­se una fo­to con­mi­go en la ca­lle. —¿Y có­mo reac­cio­nas cuan­do te ves en las re­vis­tas o en pro­gra­mas de corazón? —Bueno, for­ma par­te de mi pro­fe­sión y lo so­bre­lle­vo. Lo que su­ce­de es que a ve­ces me ha­cen ca­da pre­gun­ti­ta... Siem­pre res­pon­do con edu­ca­ción y res­pe­to. —¿Ya de ni­ña de­cías eso de: «Yo de ma­yor quie­ro ser ar­tis­ta»?. —Era un sue­ño que ja­más pen­sé que se ha­ría reali­dad. Yo de cría que­ría ser mo­de­lo, por­que siem­pre me ha gustado mu­cho to­do lo que tie­ne que ver con el es­ti­lo y la be­lle­za, pe­ro tam­bién que­ría ser pro­fe­so­ra de Edu­ca­ción Fí­si­ca o psi­có­lo­ga. Y fí­ja­te, la sor­pre­sa que me ha da­do la vi­da. —¿Qué que­da de aque­lla cría que so­ña­ba con ser can­tan­te? —Mu­chas co­sas. Tu­ve una in­fan­cia muy fe­liz jun­to a mi fa­mi­lia. Y la pri­me­ra ima­gen que me vie­ne a la ca­be­za es cuan­do via­já­ba­mos to­dos jun­tos en la fur­go­ne­ta. Y tam­bién me acuer­do de lo fe­liz que era cuan­do iba a can­tar a una re­si­den­cia de ma­yo­res. ¡ Qué re­cuer­dos!

—Una ma­nía. —No me pue­do po­ner el zapato de­re­cho pri­me­ro. Ten­go que pro­bar­me pri­me­ro el izquierdo.

—Un via­je. —Me en­can­ta­ría ir a Cu­ba y a Tai­lan­dia. Son dos de mis des­ti­nos pendientes.

—Un sue­ño. —¡Uf! Me veo to­da la vi­da can­tan­do, pe­ro vi­vien­do en otro país y con fun­da­ción des­de la que ayu­dar a los que más lo ne­ce­si­tan. Y si en­cuen­tro a un hom­bre que me acom­pa­ñe y quie­ra com­par­tir con­mi­go es­ta aven­tu­ra, se­ría ma­ra­vi­llo­so.

—Una pa­la­bra que te de­fi­na.

—Fa­mi­lia.

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