¡Ya es­tán aquí!

Na­ció en abril de 1998 co­mo un nue­vo con­cep­to tan­to de tien­da co­mo de mo­da

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - PORTADA - TEX­TO: ANA ABELENDA

Los Ma­gos siem­pre han si­do los Re­yes en ca­sa del chef Luis Vei­ra, co­ru­ñés de la co­se­cha del 78 que me­re­ce una es­tre­lla a su fi­de­li­dad a la cam­pa­ña na­vi­de­ña. «La del día 6 es siem­pre la lle­ga­da más es­pe­ra­da del año. No­so­tros de­ja­mos de ser ni­ños, pe­ro no de­ja­mos de pe­dir­les co­sas a los Re­yes, de es­tar ahí ca­da ca­bal­ga­ta, apro­ve­chan­do cual­quier oca­sión de de­jar­les una car­ta o sen­tar­nos en sus ro­di- llas», ase­gu­ra es­te chef con Es­tre­lla, con tres hi­jos, otros tan­tos so­bri­nos y un her­mano ma­yor. Ha­blan­do de es­tre­llas, ade­más del co­mer aso­ma el zo­día­co. Él es un Tauro muy Tauro, ad­mi­te, que nun­ca se ha de­ja­do ro­bar la Na­vi­dad por el Grinch. «Los Tauro so­mos ca­be­zo­nes-ca­be­zo­nes pe­ro tam­bién muy ca­ri­ño­sos y de nues­tra gen­te. De los ami­gos, de la fa­mi­lia. Pre­fe­ri­mos per­der an­tes que fa­llar­le a un ami­go o a un fa­mi­liar», ase­gu­ra Luis. Na­ció el Día das Le­tras, pe­ro eli­ge el tiem­po frío pro­pen­so al ma­za­pán por el sen­ti­do de bus­car abri­go, de ha­cer pe­se­bre y por­tal. Po­ca in­fan­cia re­cuer­da Luis sin Qui­que, su her­mano. Y es en ca­sa de su her­mano ma­yor en Lor- bé (en la foto) don­de dis­fru­ta el chef de unos Re­yes dig­nos de Mi­che­lin. «A mi her­mano y a mi sue­gro siem­pre les echan car­bón», co­men­ta el chef a dos ca­rri­llos. ¿Y a ti no? «Bueno... a mí de vez en cuan­do tam­bién», ad­mi­te en un dos tra­gos.

AL­GO QUE NO PUE­DE FAL­TAR

Ha­blo con Luis días an­tes de la ca­bal­ga­ta de es­te año, y él re­cuer­da el fo­llón de la del an­te­rior, que a él le vino bien: «Pa­só por aquí», por de­lan­te del Ár­bo­re da Vei­ra, así que sus ni­ños lo tu­vie­ron fá­cil pa­ra echar­le un ojo a los Ma­gos y mano a los ca­ra­me­los, «y al fi­nal me­ren­da­ron en el res- tau­ran­te el cho­co­la­te, ellos y to­dos sus ami­gos de cla­se», cuen­ta. Ca­ro­li­na (10 años), Luis (7) y Ale­jan­dro (3), los hi­jos del co­ci­ne­ro que creció a los fo­go­nes de Ca­sa Par­do, fue­ron los pri­me­ros en traer a Pa­pá Noel al ho­gar de los Vei­ra. An­tes no se ha­bía co­la­do por su chi­me­nea. «Pa­pá Noel em­pe­zó a ve­nir cuan­do na­cie­ron mi hi­ja y el hi­jo ma­yor de mi her­mano, pe­ro no­so­tros de ni­ños éra­mos so­lo de Re­yes», cuen­ta dan­do cuen­ta de su ge­ne­ra­ción (¡Arri­ba los Fa­mo­bil y el Su­per Ci­ne Exin!). ¿Re­cuer­das al­gún re­ga­lo en es­pe­cial? «Un ba­te de béisbol. Me hi­zo mu­cha ilu­sión...».

La vís­pe­ra de Re­yes, se­gún lo pre­vis­to, Luis ha­brá ce­rra­do un día lar­go

de tra­ba­jo (des­de que abrió, Ár­bo­re da Vei­ra se lle­na pa­ra las ce­nas la no­che del 5), pe­ro el chef no per­do­na la ca­bal­ga­ta con sus cha­va­les. «El 5 de enero siem­pre es muy aje­trea­do; yo ven­go al pa­se, sa­lu­do a los clien­tes y me mar­cho pa­ra la ca­bal­ga­ta. A las nue­ve de la no­che vuel­vo y mis hi­jos se van a ca­sa. Yo lle­go sobre las do­ce de la no­che y ahí em­pie­za la pa­ra­fer­na­lia de co­lo­car las ga­lle­tas y la le­che pa­ra los Re­yes». Y los ner­vios, «¡no hay Dios que los me­ta en la ca­ma! Lle­van en­ci­ma tan­ta ex­ci­ta­ción...», di­ce. Es el efec­to de la lle­ga­da gran­de del año, que se ce­ba en los ni­ños (y en los adul­tos que se re­sis­ten a per­der la ilu­sión).

Hoy, Ár­bo­re da Vei­ra abri­rá «tar­de», co­mo es cos­tum­bre en Re­yes, con tiem­po pa­ra dar por bienzan­ja­da esa otra ca­bal­ga­ta, «la tour­née por las ca­sas de tíos, pri­mos» y de­más don­de los Re­yes con­vier­ten su ma­gia en ob­se­quios ce­rran­do la Na­vi­dad.

«¡No­so­tros so­mos ca­si co­mo los Re­yes Ma­gos, vi­si­ta­mos mu­chas ca­sas!», di­ce Luis. Pe­ro el mo­men­to es­te­lar se vi­ve en la de Qui­que. «Nos jun­ta­mos en su ca­sa mi her­mano y yo con mis hi­jos, sus hi­jos, y es co­mo vol­ver a abrir los re­ga­los de pe­que­ños. En su ca­sa apa­re­cen mo­go­llón de re­ga­los, mo­go­llón de pa­que­tes ¡y car­bón pa­ra mi her­mano siem­pre!», re­cuer­da.

Ya que es­ta­mos ri­ca­men­te y es mo­men­to, ¿qué fue lo me­jor que te to­có en un ros­cón?, pre­gun­to. «Una mo­ne­da de oro... ¡pe­ro de men­ti­ra, eh! Ten­go ese re­cuer­do de una mo­ne­da de oro que guar­dé un mon­tón de tiem­po. Cuan­do eres ni­ño esas co­sas tie­nen mu­cho va­lor». El chef se mo­ja so­lo un sor­bo en des­cu­brir­nos el me­jor ros­cón que pro­bó. «Se ha­cen ros­co­nes muy bue­nos por aquí, co­mo el de Na­ya o el de Glac­cé...». Pe­ro lo me­jor de los Re­yes no se co­me, se ve, afir­ma. «Lo me­jor es ver a los ni­ños gri­tar, sal­tar de con­ten­tos, esos gri­tos, ver eso que los ma­yo­res he­mos per­di­do», va­lo­ra. Hay otra tradición que hor­nea ca­da año la fa­mi­lia del chef. Sen­tar­se por Re­yes a la me­sa de la ca­sa de pa­pá y ma­má, la de los pa­dres de Luis Vei­ra. Pe­di­mos que nos ade­lan­te qué co­ci­na­rá hoy. «No lo sé... pe­ro hay una co­sa que no pue­de fal­tar, la tor­ti­lla de mi ma­dre». El sa­bor lo da la mano, siem­pre. Va por los Re­yes y las Rei­nas de la ca­sa, que ha­cen que no nos fal­te la Na­vi­dad.

LUIS VEI­RA

CHEF CON ES­TRE­LLA Lo me­jor es ver­les gri­tar, sal­tar, ver eso que los ma­yo­res per­di­mos”

FOTO: MAR­COS MÍGUEZ

FOTO: MAR­COS MÍGUEZ

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.