“Soy de los que ha­cen co­la de ma­dru­ga­da por el ros­cón” S

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - DEGENTE -

i la Na­vi­dad tie­ne ma­gia, pa­ra la fa­mi­lia Qui­za aún más. Nun­ca sa­ben a cien­cia cier­ta dón­de pa­sa­rán es­tas fe­chas. Tie­nen que coor­di­nar a los abue­los de Co­ru­ña, a los de Madrid, sin per­der de vis­ta el tra­ba­jo de Bor­ja, que le obli­ga a es­tar via­jan­do cons­tan­te­men­te, y que le ha he­cho en al­gu­na oca­sión to­mar­se las uvas fue­ra de Es­pa­ña. Pe­ro la in­ten­ción, que es lo im­por­tan­te, es es­tar to­dos jun­tos, así que ellos ya se las apa­ñan pa­ra ma­nio­brar to­do lo que ha­ga fal­ta y dis­fru­tar de las Na­vi­da­des un po­co aquí y otro allá. Aun­que es­to su­pon­ga sa­lir co­rrien­do el día 25 rum­bo a Madrid, co­mo ha su­ce­di­do es­te año.

El tra­yec­to Madrid-Co­ru­ña, Co­ru­ña-Madrid lo con­tro­lan al de­di­llo. Vi­vie­ron en la ca­pi­tal has­ta ha­ce cin­co años y me­dio, de he­cho Da­nie­la, de 7 años, na­ció allí, pe­ro des­de en­ton­ces su cam­pa­men­to ba­se es­tá en Ga­li­cia, don­de ya vino al mun­do Va­len­ti­na, de tres añi­tos. Aquí han pa­sa­do con la fa­mi­lia de Bor­ja la No­che­bue­na y la Na­vi­dad, y la otra mi­tad de las fies­tas las es­tán pa­san­do en Madrid, apro­ve­chan­do que Bor­ja se en­cuen­tra tra­ba­jan­do es­tos días en el Tea­tro de la Zar­zue­la. «Es­te año ha si­do más có­mo­do por­que a mí me ha to­ca­do es­tar aquí (en Madrid), así que mi mu­jer y las ni­ñas pu­die­ron ve­nir con­mi­go du­ran­te las va­ca­cio­nes y es­tar tam­bién con la fa­mi­lia», ex­pli­ca el ba­rí­tono co­ru­ñés.

Co­mo si de una bo­da se tra­ta­ra, Da­nie­la y Va­len­ti­na es­cri­ben una car­ta «ce­rra­da» tan­to a Pa­pá Noel co­mo a los Re­yes, pa­ra que sus pa­dres no se en­fa­den si a los pa­jes se les va un po­co la pin­za. En­tre com­pa­ñe­ros de tra­ba­jo, ami­gos que son co­mo tíos, y fa­mi­lia­res que siem­pre piden al­go pa­ra ellas «son unas ni­ñas hi­per­re­ga­la­das —ex­pli­ca Bor­ja— y jun­tar­se con cua­ren­ta pa­que­tes pue­de lle­gar a sa­tu­rar». Los días pre­vios a la lle­ga­da de Mel­chor y com­pa­ñía son muy di­fe­ren­tes se­gún don­de se en­cuen­tren. «Si es­ta­mos en Madrid apro­ve­cha­mos pa­ra ir a mu­si­ca­les, a a al ba­llet, al tea­tro... A las ni­ñas les en­can­ta ve­nir por es­tas fe­chas, que es cuan­do tie­nen va­ca­cio­nes en el co­le, y po­der ha­cer es­tos pla­nes. Tam­bién dis­fru­tan con las lu­ces y con to­do lo de Na­vi­dad», ex­pli­ca Bor­ja.

El día 5, es­tén don­de es­tén, no per­do­nan el des­fi­le de los tres re­yes ma­gos. En Madrid van a la ca­bal­ga­ta de Ca­ra­ban­chel, don­de vi­ven los pa­dres de Ve­ró­ni­ca, y en Co­ru­ña, bajan con la pan­di­lla de ami­gos. «So­le­mos ir con Anus­ka y Rafa, los del Cha­flán, y des­pués de la ca­bal­ga­ta siem­pre or­ga­ni­za­mos una cho­co­la­ta­da pa­ra los pe­que­ños allí». Bor­ja re­cuer­da que en una oca­sión, to­da­vía no ha­bía na­ci­do su hi­ja pe­que­ña, la no­che más má- gi­ca del año les co­gió en Ita­lia, «y allí no hay Re­yes Ma­yos, pe­ro tie­nen una bru­ja bue­na, que es la que re­par­te los re­ga­los esa no­che».

La cho­co­la­ta­da de la tar­de no es su­fi­cien­te do­sis de azú­car pa­ra es­ta fa­mi­lia de lar­pei­ros. «Pa­ra mí es una tradición ha­cer co­la pa­ra el ros­cón de Flory. Es más si me cua­dra de es­tar en Co­ru­ña, soy de los que ha­ce co­la de ma­dru­ga­da, y cuan­do no he po­di­do ir siem­pre hay al­guien que me lo ha­ce lle­gar. Y en Madrid tam­bién so­mos de ros­cón. Mi sue­gra te­nía una pa­na­de­ría, así que siem­pre lo te­nía­mos en ca­sa fres­qui­to. Aho­ra ya no la tie­ne pe­ro lo com­pra­mos igual», con­fie­sa.

Ha­ce sie­te años que las Na­vi­da­des gi­ra­ron com­ple­ta­men­te pa­ra el mú­si­co co­ru­ñés. Cua­tro años des­pués se vol­vie­ron más es­pe­cia­les to­da­vía. «Aho­ra mis­mo las vi­ves con una ilu­sión tre­men­da — aña­de—, la mis­ma que tie­nes cuan­do eres un ni­ño, que se re­la­ja o cam­bia de for­ma cuan­do te vas ha­cien­do ma­yor, y que re­gre­sa cuan­do eres pa­dre. Pe­ro no es tan­to por los re­ga­los, sino por có­mo vi­ven to­do lo que hay al­re­de­dor de la Na­vi­dad. El po­der es­tar jun­tos, las va­ca­cio­nes, el po­der ha­cer pla­nes... Nos va mu­cho la in­ten­si­dad fa­mi­liar, en eso so­mos muy a la ga­lle­ga, de re­unir­nos al­re­de­dor de la me­sa, y apro­ve­cha­mos los mo­men­tos que po­de­mos por­que la­men­ta­ble­men­te yo no es­toy tan­to co­mo qui­sie­ra en ca­sa». Hoy abri­rán los re­ga­los jun­tos. Ma­ña­na ellas se irán. El co­le espera. Pe­ro ya ha­brá tiem­po de vol­ver a ca­sa Na­vi­dad.

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