LA CO­PA DE MO­DA

DEL GIN AL WHISKY pa­san­do por el ver­mú, las co­pas se renuevan y hay al­gu­nas que arra­san en las ba­rras. Sí­gue­nos en es­ta sa­li­da noc­tur­na y atrévete a pro­bar. Ya ha­brá tiem­po de vol­ver a lo de siem­pre...

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - PORTADA - TEX­TO: NOE­LIA SILVOSA, CÁN­DI­DA AN­DA­LUZ, MA­RÍA GA­RRI­DO Y ALFREDO LÓPEZ PENIDE

TE CON­TA­MOS LOS COM­BI­NA­DOS QUE TRIUN­FAN DE NOCHE

El gin ro­sa con Se­ven Up se es­tá po­nien­do mu­cho de mo­da, tan­to que mu­chos lo pi­den sin sa­ber ni lo que es”

Es sábado, así que to­ca ir de co­pas. Has­ta aquí lo te­ne­mos to­dos cla­ro, pe­ro cuan­do lle­ga el mo­men­to de en­fren­tar­se a la ba­rra a uno le en­tran las du­das. ¿Se­gui­re­mos pi­dien­do lo de siem­pre o nos atre­ve­mos con una de esas co­pas de las que todo el mun­do ha­bla? Renovarse o mo­rir, que di­ce el re­fra­ne­ro. Y ya que es­ta­mos va­mos a pro­bar­las, por­que sin ha­cer de me­nos a los clá­si­cos, siem­pre hay tiem­po de vol­ver a él des­pués de un ex­pe­ri­men­to fa­lli­do.

No po­de­mos em­pe­zar una ru­ta de mo­da sin ha­blar de gi­ne­bra, por­que nos so­plan que el gin to­nic ya tie­ne re­le­vo. El nue­vo gin ya no es to­nic, y el que lo prue­ba di­ce que le ha­ce ver todo de co­lor de ro­sa.

A CO­RU­ÑA APUES­TA AL RO­SA

Por­que si hay una co­pa que es­tá arra­san­do, y mu­cho, es la gi­ne­bra ro­sa. Que no es so­lo por el co­lor, sino tam­bién por el sa­bor. Es­te de­ri­va­do del gin to­nic clá­si­co se es­tá ha­cien­do un hue­co ca­da vez más gran­de en las ba­rras noc­tur­nas gra­cias a su to­que de fre­sa y a un dul­zor que mi­ti­ga lo amar­go de la gi­ne­bra de siem­pre. Nos lo con­fir­man en el Ber­gin, un lo­cal af­ter­work de A Co­ru­ña en el que ca­da vez sa­len más gin ro­sas. Y triun­fa una mez­cla muy con­cre­ta. «La for­ma en la que más se pi­de es con Se­ven Up», afir­ma su en­car­ga­do, Tino Pérez. Si bien es cier­to que hay mu­cha gen­te que lo pi­de con tónica, si­guien­do con la ten­den­cia del gin to­nic, la ma­ne­ra de po­ten­ciar realmente el sa­bor de es­ta nue­va gi­ne­bra es con re­fres­co de li­món. Aun así, no po­de­mos per­der­le la vis­ta a la tónica, por­que tam­bién hay no­ve­da­des: «Se pi­de bas­tan­te con la tónica Ivis­cus, que tam­bién es ro­sa», de­ta­lla Tino. ¿Quié­nes lo quie­ren más? «Lo pi­den más mu­je­res que hom­bres, aun­que mu­chos hom­bres sí que lo pi­den pa­ra la pri­me­ra co­pa y des­pués ya se pa­san al whisky y al ron».

¿Pe­ro qué es lo que ti­ra tan­to del gin ro­sa? «En­tra mu­cho me­jor, y el co­lor in­flu­ye mu­chí­si­mo, por­que ha­ce que entre más por la vis­ta. De he­cho, sue­len ve­nir a la ba­rra y de­cir: ‘Écha­me uno de esos ro­sas’. No sa­ben ni lo que es. O tam­bién ha pa­sa­do que te pi­den un gin ro­sa con Rooi­boos, cuan­do en reali­dad quie­ren pe­dir­lo con In­vic­tus. Y yo les di­go: ‘¡Si el Rooi­bus es un té!’», se ríe. Aun­que el Ber­gin tam­po­co de­ja de la­do la coc­te­le­ría, y en es­te te­rreno

nos di­cen que el que si­gue rei­nan­do es el mo­ji­to. «Es el que es­tá más de­man­da­do, y lue­go es­tá la cai­pi­rin­ha, al­gún sex

on the beach y cóc­te­les de Jag­ger con al­men­dras», di­ce el en­car­ga­do, que tam­bién identifica cla­ra­men­te al gran re­sis­ten­te en el te­rreno de las co­pas: el ron con co­la. Hay quien no en­tien­de de modas, pe­ro no­so­tros nos apun­ta­mos a to­das. Y se­gui­mos.

VER­MÚ EN EL ROCK CLUB

Los tiem­pos cam­bian, evo­lu­cio­nan. Y tam­bién lo ha­cen las modas y los gus­tos. Aun­que el gin to­nic es el re­fe­ren­te, hay otra be­bi­da que re­gre­sa con fuer­za: el ver­mú. Ha de­ja­do de ser una op­ción re­ser­va­da a gen­te ma­yor, con po­cas po­si­bi­li­da­des de elec­ción, pa­ra con­ver­tir­se en todo un re­fe­ren­te pa­ra los jó­ve­nes. En el clá­si­co lo­cal Rock Club de la ca­pi­tal ou­ren­sa­na lo sa­ben. A su cam­bio de ubi­ca­ción (pra­za Pe­na Vixía) se unió el de una ge­ne­ra­ción de in­con­di­cio­na­les. Es­tos tie­nen una ci­ta to­dos los do­min­gos con el ver­mú del Rock Club. So­lo abre ese día al me­dio­día —el res­to de la se­ma­na lo ha­ce en ho­ra­rio de pub— pa­ra ofre­cer a sus clien­tes las me­jo­res mar­cas ga­lle­gas de es­ta be­bi­da al al­za: co­mo Pe­tro­ni, Po­va­re­lo o Lo­dei­ros. Y tan­to es el éxi­to de es­ta ini­cia­ti­va que en el Rock Club ce­le­bran el pos­ver­mú. Una ci­ta pa­ra des­pués de co­mer, en la tar­de do­mi­ni­cal. Jo­sé Luis La­bra es el pro­pie­ta­rio del lo­cal. « Nos di­mos cuen­ta de que te­nía­mos clien­tes de to­da la vi­da que ya no sa­len por la noche. Pe­ro si­gue gus­tán­do­les to­mar al­go mien­tras es­cu­chan mú­si­ca. Aho­ra vie­nen al me­dio­día con sus hi­jos, que pueden dis­fru­tar de la te­rra­za, mien­tras ellos to­man al­go», ex­pli­ca. Aun­que en Ga­li­cia em­pie­za a lle­gar la mo­da del ver­mú, en otras co­mu­ni­da­des au­tó­no­mas es­tá más que ex­ten­di­da. Tam­bién es im­por­tan­te el acom­pa­ña­mien­to. El ver­mú siem­pre se sir­ve con en­cur­ti­dos. Y en el Rock Club aña­den es­te ape­ri­ti­vo co­mo acom­pa­ña­mien­to. «Co­mo el lo­cal es­tá en la zo­na vie­ja, en la de los vi­nos, pen­sa­mos que era im­por­tan­te ofre­cer al­go di­fe­ren­te. Y es­tá fun­cio­nan­do», re­la­ta. Ade­más, sin per­der la esen­cia del lo­cal, aun­que sean las dos de la tar­de. «No es lo mis­mo que cuan­do abri­mos de noche, pe­ro sí man­te­ne­mos nues­tra esen­cia. Es de­cir, la gen­te que vie­ne sa­be que va a es­cu­char un ti­po de mú­si­ca: rock, soul o blues. Y es­to es un aña­di­do», co­men­ta La­bra. El ver­mú em­pie­za a te­ner su pro­pio hue­co en las car­tas de co­pas. La ini­cia­ti­va del Rock Club ha em­pe­za­do a ca­lar entre los ourensanos de cua­ren­ta y cin­cuen­ta años, pe­ro po­co a po­co se van su­man­do clien­tes más jó­ve­nes que apuestan por las fir­mas ga­lle­gas.

El pub Atlán­ti­co, de Santiago, cum­ple es­te año tres dé­ca­das a pie de co­pa. Le­jos que­dan los tiem­pos en los que la mo­vi­da del cas­co his­tó­ri­co, con sus ca­fés es­pe­cia­les y sus li­co­res, era la al­ter­na­ti­va al gin to­nic de La­rios en va­so de tu­bo, en el que se su­mer­gie­ron los uni­ver­si­ta­rios al can­sar­se de la mez­cla con li­món o na­ran­ja. De aquel mo­de­lo más cer­cano al abre­va­de­ro se ha pa­sa­do al com­bi­na­do más so­fis­ti­ca­do, al que aho­ra se le va a dar una nue­va vuel­ta de des­tor­ni­lla­dor.

UN CÓC­TEL DI­FE­REN­TE

Lo in­tu­ye Pilar Fernández, res­pon­sa­ble de coc­te­le­ría del Atlán­ti­co, que apre­cia un cla­ro sín­to­ma de que los gus­tos «es­tán cam­bian­do. Aho­ra, el pú­bli­co bus­ca más la ca­li­dad que la can­ti­dad, y se in­cli­na por los sa­bo­res más com­ple­jos». La ex­pe­rien­cia de trein­ta años y las reacciones de los clien­tes le ha­cen sos­pe­char lo que va a ocu­rrir: «Ve­ni­mos de una épo­ca de tra­gos fru­ta­les, dul­ces, fá­ci­les... que en la ac­tua­li­dad si­guen sien­do los más con­su­mi­dos por los clien­tes, pe­ro los pa­la­da­res se van ha­cien­do ca­da vez más adul­tos, por lo que con­se­cuen­te­men­te, los pro­fe­sio­na­les te­ne­mos tam­bién ca­da vez una ma­yor de­man­da de lo que se­rá el si­guien­te pa­so na­tu­ral en la evo­lu­ción del con­su­mi­dor, es de­cir, el de una coc­te­le­ría me­nos dul­ce, más se­ca y más com­ple­ja, y con el whisky co­mo in­gre­dien­te es­tre­lla». Sí, es­ta­ba ahí en las es­tan­te­rías de los ba­res, y nun­ca se fue.

En­tien­de por ello que la ten­den­cia es ir ha­cia los cóc­te­les de au­tor y la re­in­ter­pre­ta­ción de los gran­des clá­si­cos, co­mo por ejem­plo el Whisky Sour o el Man­hat­tan, un ape­ri­ti­vo se­co, fa­mo­so por la es­ce­na del tren que pro­ta­go­ni­za en la pe­lí­cu­la Con fal­das y a lo lo­co Ma­rilyn Mon­roe, con su im­pro­vi­sa­da bol­sa de agua ca­lien­te con­ver­ti­da en coc­te­le­ra. Si hay que mo­jar­se y zam­bu­llir­se en una co­pa con­cre­ta, Pilar Fernández se ade­lan­ta con las nue­vas pro­pues­tas de ver­mús que vie­nen, que tam­bién se­rán «me­nos dul­ces», con el Ne­gro­ni co­mo re­fe­ren­cia (ver­mú, Cam­pa­ri y gi­ne­bra). Y pa­ra po­ner­nos en la pista, pre­sen­ta su úl­ti­ma crea­ción: «En la nue­va car­ta in­cluí el Smo­ke on the Wa­ter, una re­crea­ción de uno de los cóc­te­les clá­si­cos más de­man­da­dos en las ba­rras de todo el mun­do, el Old Fas­hio­ned, con­si­de­ra­do uno de los más ele­gan­tes y que es de mis pre­fe­ri­dos». El que be­be Don Dra­per a lo lar­go de la se­rie Mad Men, pa­ra en­ten­der­nos. Es­te cóc­tel des­ta­ca por unas li­ge­ras no­tas ahu­ma­das y una ma­ce­ra-

JOSELÍN AGUI­LAR

LA TIEN­DA DE CLA­RA El whisky con gin­ger ale es el com­bi­na­do de mo­da en Pon­te­ve­dra. Es la al­ter­na­ti­va a los gin to­nic”

PUB ATLÁN­TI­CO

SANTIAGO Las nue­vas pro­pues­tas de ver­mús se­rán me­nos dul­ces, con el Ne­gro­ni co­mo re­fe­ren­cia”

ción de miel, con fru­tos se­cos y es­pe­cias que dan co­mo re­sul­ta­do un tra­go se­co y com­ple­jo, «ideal pa­ra de­gus­tar tran­qui­la­men­te es­cu­chan­do de fon­do una bue­na se­lec­ción de mú­si­ca rock».

EL WHISKY, CON OTRO SA­BOR

El que fue­ra an­ta­ño uno de los re­yes de los com­bi­na­dos, el whisky, bus­ca re­cu­pe­rar el ce­tro rein­ven­tán­do­se. Ya no mo­la eso de pe­dir­lo acom­pa­ña­do de un re­fres­co de co­la o, in­clu­so, de agua, sino de gin­ger ale. Y na­da de va­sos de tu­bo, en co­pa de ba­lón y dis­pues­to a des­tro­nar al gin to­nic. Y co­mo es­te úl­ti­mo, ape­te­ci­ble en cual­quier mo­men­to del día. Na­da de re­cluir­lo a la mo­vi­da noc­tur­na.

«Lle­va bur­bu­ja igual, pe­ro no lle­va los azu­ca­res, ni la ca­feí­na que le apor­tan al­gu­nos re­fres­cos», des­ta­ca Bea La­ge Co­rre­doi­ra, de la pon­te­ve­dre­sa La Tien­da de Cla­ra. La pre­sen­cia del gin­ger ale «sua­vi­za el whisky y no le cam­bia el sa­bor, lo po­ten­cia», pre­ci­sa, si bien hay quien op­ta por acom­pa­ñar el com­bi­na­do con al­go de li­ma e, in­clu­so, unas ho­jas de men­ta. En todo ca­so, Bea La­ge ad­vier­te de que na­da de uti­li­zar whiskys de mal­ta, «que se to­man so­los, sin na­da». En su lu­gar, op­ta por al­guno de ma­ti­ces sua­ves, ca­so de un White La­bel o un John­nie Wal­ker, que son los que es­tán triun­fan­do en la noche pon­te­ve­dre­sa.

La irrup­ción del whisky con gin­ger ale es to­da una apues­ta de las prin­ci­pa­les mar­cas de es­ta be­bi­da pa­ra, en prin­ci­pio, tra­tar de re­con­quis­tar el te­rreno que le han co­mi­do co­mo be­bi­da de mo­da en los úl­ti­mos años las gi­ne­bras y, de es­te mo­do, re­cu­pe­rar po­si­cio­nes de mer­ca­do. De he­cho, mar­cas co­mo Ba­llan­ti­ne’s ha di­se­ña­do en sus pá­gi­nas web es­pa­cios es­pe­cí­fi­cos pa­ra los aman­tes de es­te com­bi­na­do en los que se puede des­cu­brir, có­mo no, la receta per­fec­ta, al tiem­po que se bus­ca atraer a aque­llos que ya es­tán can­sa­dos de enebros, fru­tos ro­jos, go­mi­no­las o, in­clu­so, ho­jas de lau­rel flo­tan­do en sus be­bi­das. Aquí no hay guías de es­ti­lo, pro­cla­man, al tiem­po que de­jan cla­ro que so­lo es pre­ci­so re­fres­car la co­pa con unas ro­cas de hie­lo, aña­dir el whisky «en su jus­ta me­di­da», mez­clar con gin­ger ale y re­mo­ver. Y ya por úl­ti­mo, pe­ro no pa­ra to­dos los gus­tos, aro­ma­ti­zar la co­pa con lo di­cho, «un to­que de li­ma y men­ta». Otras pro­pues­tas se de­can­tan por el li­món y el jen­gi­bre.

Y si a es­to se le acom­pa­ña de la lis­ta de Spo­tify crea­da pa­ra la oca­sión por Ba­llan­ti­ne’s... ¿Qué po­dría ir mal?

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