¡A ver si aguan­tas el ti­po en es­te gym!

TO­DOS LOS QUE HAN PRO­BA­DO ES­TA NUE­VA AC­TI­VI­DAD coin­ci­den en un mis­mo ad­je­ti­vo: «ca­ñe­ra». Y es que ha­cer pi­la­tes, yo­ga o bo­xeo so­bre una col­cho­ne­ta en el agua mul­ti­pli­ca por diez su di­fi­cul­tad

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - MUÉ VE TE - TEX­TO: MA­RÍA VIDAL

Es­to­va de su­bir­se a una col­cho­ne­ta, pe­ro na­da tie­ne que ver con lo que ha­ces en el ve­rano en la pla­ya. Aquí las olas so­lo se for­man cuan­do te caes al agua. ¡Arri­ba, que comenzamos!

Ne­ce­si­ta­mos al­go de equilibrio, pe­ro tran­qui­los, hay tru­co: las col­cho­ne­tas es­tán an­cla­das por los ex­tre­mos a las cor­che­ras que se­pa­ran las ca­lles. Y to­da­vía po­drían es­tar más, pe­ro a los Ter­ma­ria les va el mam­bo. Una vez en­ci­ma, el ritmo de la cla­se es si­mi­lar a otras ac­ti­vi­da­des di­ri­gi­das: un po­qui­to de ca­len­ta­mien­to, ejer­ci­cios en los que po­co a po­co se va in­cre­men­tan­do la in­ten­si­dad pa­ra vol­ver a re­la­jar con los es­ti­ra­mien­tos. No es di­fí­cil, pe­ro ya te ade­lan­to que vas a aca­bar ren­di­do. To­dos los que la prue­ban coin­ci­den en una pa­la­bra: «ca­ñe­ra». Son 45 mi­nu­tos muy in­ten­sos en los que el úni­co res­pi­ro pa­sa por lan­zar­se al agua. «Es muy ca­ñe­ro, pe­ro te lo pa­sas muy bien por­que in­ter­ac­túas to­do el ra­to con el pro­fe­sor y con el res­to de com­pa­ñe­ros», di­ce Ire­ne, que ya lle­va dos cla­ses de Aqua­fit board. De lo del pro­fe­sor pue­do dar fe. Jor­ge es pu­ra en­tre­ga des­de el bor­di­llo de la pis­ci­na. Des­de el agua no hay du­da de cuál es el si­guien­te mo­vi­mien­to. A ve­ces in­clu­so les lan­za pe­lo­tas — por­que él mo­jar­se po­co—; y ellas, por­que el 95 % de las alum­nas son mu­je­res, las pi­llan al vue­lo.

Es­ta ac­ti­vi­dad de fitness guar­da mu­chas si­mi­li­tu­des con el padd­le surf, pe­ro Jor­ge ma­ti­za las di­fe­ren­cias. «Es­tas tablas no son tan alar­ga­das y son más fi­nas por lo que son más ines­ta­bles, pe­ro así es más di­ver­ti­do», apun­ta. La sen­sa­ción de es­tar siem­pre pen­dien­te de un hi­lo ha­ce que se ac­ti­ve con­ti­nua­men­te el co­re. De ahí que don­de más se no­ta el tra­ba­jo rea­li­za­do sea en los ab­do­mi­na­les y en las pier­nas. «Yo aca­bé con agu­je­tas de ha­cer sen­ta­di­llas», apun­ta Ire­ne.

El tra­ba­jo es prin­ci­pal­men­te ae­ró­bi­co. Se al­ter­nan mo­vi­mien­tos de yo­ga, de pi­la­tes, de bo­xeo .... pe­ro al ha­cer­los so­bre el agua, la di­fi­cul­tad se mul­ti­pli­ca por diez. Car­men, otra de las usua­rias, di­ce que «mien­tras no le co­ges el tran­qui­llo vas al agua cons­tan­te­men­te». Y aña­de. «Sor­pren­de, ver có­mo se ma­ne­ja en­ci­ma de la col­cho­ne­ta gen­te de cier­ta edad, por­que es una dis­ci­pli­na de fitness muy exi­gen­te, pe­ro te echas unas ri­sas». Tra­ba­jan con pe­lo­tas, con cin­tas elás­ti­cas, con man­cuer­nas... y Jor­ge ad­vier­te que, en bre­ve, cuan­do ha­yan co­gi­do más se­gu­ri­dad, se lan­za­rán a dar «el sal­to» a los sal­tos so­bre la pla­ta­for­ma.

UN ÚNI­CO RE­QUI­SI­TO

Pe­ro no hay que que­dar­se con un ejer­ci­cio o con otro. Una vez que em­pie­za la cla­se y es­tán en la pis­ci­na, cual­quier mo­vi­mien­to su­po­ne un es­fuer­zo. «De he­cho, hay un ejer­ci­cio que es ti­rar­se al agua, y su­bir, ti­rar­se y su­bir... Y la gen­te real­men­te se ti­ra por el ca­lor que tie­ne, pa­ra de­cir qué fres­qui­ta, qué re­la­ja­ción, por­que que­man las pier­nas», ex­pli­ca Jor­ge Ba­ra­ta, que aho­ra que sus alum­nas no es­tán de­lan­te con­fie­sa que a la cla­se «le so­bran mi­nu­tos». Es una ac­ti­vi­dad exi­gen­te pe­ro el úni­co re­qui­si­to es sa­ber na­dar, so­lo en ca­so de te­ner pro­ble­mas de cer­vi­ca­les, hay que to­mar cier­ta pre­cau­ción. Y ol­ví­den­se de co­ger frío. Aquí lo que so­bra es ca­lor.

FO­TO: ÁN­GEL MAN­SO

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