Ami­gos de las ban­das de mú­si­ca

La Voz de Galicia (Ourense) - - Opinión -

El pú­bli­co que sue­le se­guir a las ban­das de mú­si­ca, sea en re­cin­to ce­rra­do o al ai­re li­bre, es­tá for­ma­do por ju­bi­la­dos y por ni­ños, prin­ci­pal­men­te. Es po­si­ble que el ser con­cier­tos gra­tui­tos in­flu­ya en es­ta pre­pon­de­ran­cia. La au­sen­cia de jó­ve­nes y de per­so­nas en­tre 40 y 50 años es muy no­to­ria. Dos cla­ses de es­pec­ta­do­res —sim­ples asis­ten­tes— des­ta­can por lo mo­les­to de su com­por­ta­mien­to. Por un la­do, te­ne­mos a los ni­ños pe­que­ños que se de­di­can a co­rre­tear en el pa­tio de bu­ta­cas, a ha­blar y gri­tar… a los que hay que aña­dir los be­bés que sue­len llo­rar rui­do­sa­men­te, can­sa­dos de es­tar en un lu­gar al que no han pe­di­do ser lle­va­dos. Nin­gún adul­to se res­pon­sa­bi­li­za de es­tos pe­que­ños tra­vie­sos, ni se les ocu­rre sa­car­los de la sa­la. Las ex­cep­cio­nes son, por en­de, lla­ma­ti­vas: he vis­to a ni­ños emu­lan­do al di­rec­tor en sus asien­tos, en­tu­sias­ma­dos y con el in­ci­pien­te amor por la mú­si­ca re­fle­ja­do en sus ros­tros.

La otra ti­po­lo­gía de in­cor­dian­tes la for­man los en­gan­cha­dos al mó­vil, que no quie­ren po­ner­lo en si­len­cio —des­oyen­do la me­ga­fo­nía— y que, in­clu­so, cha­tean du­ran­te to­do el con­cier­to. Es­tar cer­ca de una per­so­na vien­do su mó­vil es mo­les­to por la fuer­te luz que emi­te el apa­ra­to. Nun­ca en­ten­de­ré qué lle­va a una per­so­na a un con­cier­to si lo que va a ha­cer lo pue­de rea­li­zar có­mo­da­men­te des­de su sofá.

A pe­sar de lo di­cho, el pú­bli­co es ma­yo­ri­ta­ria­men­te res­pe­tuo­so, asi­duo y en­ten­di­do, lo cual se de­mues­tra en la ade­cua­ción de los aplau­sos a los fi­na­les de las pie­zas.

A quien co­rres­pon­da, una pe­ti­ción do­ble: ¡más con­cier­tos y ma­yor pu­bli­ci­dad de los mis­mos, por fa­vor!

MA­RÍA JO­SÉ VIZ BLAN­CO. A CO­RU­ÑA.

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