La iglesia de las cin­co ca­la­ve­ras

Crá­neos de an­ti­guos mon­jes em­po­tra­dos en un mu­ro ador­nan el atrio del tem­plo de San Salvador do Val do Mao, en el mu­ni­ci­pio lu­cen­se de O In­cio

La Voz de Galicia (Ourense) - - El Tiempo - FRANCISCO AL­BO

La iglesia de San Salvador de Val do Mao, en el mu­ni­ci­pio de O In­cio, des­ta­ca por su sin­gu­lar ar­qui­tec­tu­ra. Al igual que otros dos tem­plos de la mis­ma zo­na —Santa Ma­ría y San Ro­mao—, es­tá to­tal­men­te ro­dea­da por un atrio pro­te­gi­do por un mu­ro ex­te­rior y un te­ja­do a un agua que for­ma una es­pe­cie de claus­tro o deam­bu­la­to­rio. Pe­ro la iglesia po­see otra pe­cu­lia­ri­dad que no com­par­ten las otras. En el mu­ro de es­te atrio ce­rra­do, fren­te al áb­si­de, es­tán em­bu­ti­dos cin­co crá­neos hu­ma­nos. Es­ta ma­ca­bra par­ti­cu­la­ri­dad es más o me­nos co­no­ci­da en los mu­ni­ci­pios del sur lu­cen­se, pe­ro ig­no­ra­da en el res­to de Ga­li­cia.

En una re­cien­te vi­si­ta a la iglesia, el ar­queó­lo­go Xabier Mou­re des­cu­brió es­te con­jun­to de ca­la­ve­ras, del que no te­nía nin­gu­na re­fe­ren­cia. El ha­llaz­go, se­gún ex­pli­ca, le cau­só una gran sor­pre­sa, ya que has­ta aho­ra so­lo co­no­cía en to­da la pro­vin­cia otros cua­tro edi­fi­cios re­li­gio­sos en los que se ex­hi­ben crá­neos em­po­tra­dos en los mu­ros. So­bre tres de es­tos lu­ga­res hay documentación, ya que el his­to­ria­dor Miguel Abrai­ra Pé­rez les de­di­có un es­tu­dio que fue pu­bli­ca­do en el 2005 en la re­vis­ta Ga­llae­cia. Se tra­ta de las igle­sias de San Xoán dos Vaos —en el mu­ni­ci­pio de Ri­bei­ra de Pi­quín—, Santa Com­ba da Órrea — en Rio­tor­to— y Santa Ma­ría de Con­for­to, en A Pon­te­no­va. Mou­re re­cuer­da ade­más ha­ber vis­to otra ca­la­ve­ra en un tragaluz de la iglesia de San­to To­mé de Re­ca­ré, en O Va­la­dou­ro.

Las ca­la­ve­ras de las igle­sias de O In­cio y Ri­bei­ra de Pi­quín tie­nen en co­mún el he­cho de ser cin­co en am­bos ca­sos, así como el de es­tar em­bu­ti­das en el mu­ro de ma­ne­ra que cons­ti­tu­yen una fi­gu­ra re­gu­lar. En Val do Mao, cua­tro de los crá­neos for­man una es­pe­cie de rom­bo. El quin­to es­tá a la de­re­cha de los de­más, por de­ba­jo de una pe­que­ña ven­ta­na. En San Xoán dos Vaos, las ca­la­ve­ras for­man una es­pe­cie de trián­gu­lo. To­das ellas es­tán des­pro­vis­tas del ma­xi­lar in­fe­rior. Las de Rio­tor­to y A Pon­te­no­va, en cam­bio, son una so­la en ca­da ca­so.

En­tre los con­jun­tos de crá­neos de O In­cio, Rio­tor­to y Ri­bei­ra de Pi­quín hay otra coin­ci­den­cia. Se­gún in­for­mó a Mou­re un ve­cino del pri­me­ro de es­tos lu­ga­res, la tra­di­ción lo­cal di­ce que las ca­la­ve­ras per­te­ne­cían a mon­jes de un con­ven­to que exis­tió en la zo­na, des­apa­re­ci­do ha­ce mu­cho tiem­po. En Santa Com­ba da Órrea se di­ce que la ca­la­ve­ra es de una mon­ja de un an­ti­guo mo­nas­te­rio. En San Xoán dos Vaos, los ve­ci­nos creen que los crá­neos son de cu­ras que vi­vie­ron an­ta­ño en la pa­rro­quia.

De los ce­no­bios de O In­cio y Rio­tor­to, aunque no se sa­be mu­cho, hay al­gu­nos ras­tros his­tó­ri­cos. En cuan­to al pri­me­ro, el fa­lle­ci­do his­to­ria­dor y sa­cer­do­te Ni­can­dro Ares pu­bli­có un tra­ba­jo so­bre un mo­nas­te­rio que es men­cio­na­do en un do­cu­men­to del año 911 con el nom­bre de San­cti Sal­va­to­ris, si­tua­do en una po­bla­ción lla­ma­da Pla­ne­to o Fla­ne­llo, cer­ca del río Mao. De es­te con­ven­to hablaron tam­bién el cro­nis­ta be­ne­dic­tino Gre­go­rio de Ar­gaiz —en el si­glo XVII— y el es­cri­tor Ma­nuel Amor Meilán, muer­to en 1933. Por lo que res­pec­ta a la iglesia de Santa Com­ba da Órrea, Abrai­ra cree que pue­de ser el úl­ti­mo ves­ti­gio de un mo­nas­te­rio fe­me­nino que exis- tió en la Edad Me­dia y que que­dó des­ha­bi­ta­do en 1481. En San Xoán dos Vaos se sa­be con cer­te­za que exis­tió un prio­ra­to per­te­ne­cien­te a la or­den mo­nás­ti­ca de San Juan de Mal­ta, que ad­mi­nis­tró la pa­rro­quia has­ta 1867.

Tiem­po in­me­mo­rial

En nin­guno de es­tos ca­sos pa­re­ce fá­cil ave­ri­guar cuán­to tiem­po lle­van las ca­la­ve­ras em­bu­ti­das en los mu­ros. El ve­cino de Val do Mao que in­for­mó a Mou­re di­ce que es­tu­vie­ron ahí «des­de sem­pre» y que su pa­dre —que mu­rió con más de no­ven­ta años— afir­ma­ba lo mis­mo, así como todos sus an­te­pa­sa­dos. Cer­ca de la iglesia de San Salvador aún pue­den ver­se los res­tos de lo que se­gún los ve­ci­nos fue una tum­ba qui­zá re­la­cio­na­da con el con­ven­to des­apa­re­ci­do.

ROI FER­NÁN­DEZ

Las ca­la­ve­ras es­tán em­bu­ti­das en un mu­ro que cie­rra to­tal­men­te el atrio de la iglesia.

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