El pa­ro, los po­lí­ti­cos y las fa­ro­las

Fer­nan­do Salgado

La Voz de Galicia (Ourense) - - Opinión -

Los po­lí­ti­cos usan las es­ta­dís­ti­cas como los bo­rra­chos las fa­ro­las: no pa­ra alum­brar­se, sino pa­ra apo­yar­se en ellas y no caer­se. La ana­lo­gía, que ha­ce años es­cu­ché de bo­ca de Jo­sep Bo­rrell, siem­pre me pa­re­ció bri­llan­te. En vez de arro­jar luz so­bre lo que pa­sa, los da­tos es­ta­dís­ti­cos cons­ti­tu­yen un inago­ta­ble ar­se­nal don­de unos y otros se sur­ten de mu­ni­ción pa­ra zu­rrar­se la ba­da­na. Ca­da uno los in­ter­pre­ta a su ma­ne­ra, los re­tuer­ce pa­ra en­ca­jar­los en sus pre­jui­cios y les ha­ce de­cir A o su opues­to B, se­gún con­ven­ga.

Ca­da prin­ci­pio de mes, coin­ci­dien­do con la pu­bli­ca­ción de las ci­fras de pa­ro re­gis­tra­do y afi­lia­ción a la Se­gu­ri­dad So­cial, se re­pi­te la mis­ma ce­re­mo­nia. En la ver­sión ofi­cial, ge­ne­ral­men­te res­pal­da­da por la patronal, los da­tos de­jan cla­ro que dis­mi­nu­ye el pa­ro, se crean pues­tos de tra­ba­jo y estamos en vís­pe­ras de re­ci­bir el al­ta mé­di­ca. A jui­cio de la opo­si­ción, ha­bi­tual­men­te apo­ya­da por los sin­di­ca­tos, se con­ti­núa des­tru­yen­do em­pleo, se de­te­rio­ra de for­ma ga­lo- pan­te la ca­li­dad del tra­ba­jo y ca­da vez hay más pa­ra­dos ab­so­lu­ta­men­te des­pro­te­gi­dos. En re­su­men, los da­tos son po­si­ti­vos pa­ra el Go­bierno, aunque con al­gún lu­nar, y ne­ga­ti­vos pa­ra la opo­si­ción, si bien con al­gún ras­go po­si­ti­vo. Dos lec­tu­ras con­tra­pues­tas de una mis­ma reali­dad.

Días atrás, con mo­ti­vo de la pu­bli­ca­ción de las ci­fras de enero, asis­ti­mos a la mis­ma li­tur­gia, pe­ro con un nue­vo ma­tiz, tan su­til como sig­ni­fi­ca­ti­vo, pro­duc­to del ga­li­ma­tías po­lí­ti­co en que vi­vi­mos. Dos se­cre­ta­rios de Es­ta­do ofre­cie­ron, sin pre­ten­der­lo, dos va­lo­ra­cio­nes dis­tin­tas. El de Em­pleo, Juan Pa­blo Ries­go, si­guió el ca­tón: «Se man­tie­ne la me­jo­ría del mer­ca­do la­bo­ral». El de la Se­gu­ri­dad So­cial, To­más Bur­gos, ad­mi­tió que la ines­ta­bi­li­dad po­lí­ti­ca co­mien­za a per­tur­bar la crea­ción de em­pleo; es de­cir, si la in­cer­ti­dum­bre ya se no­ta en el mer­ca­do la­bo­ral, es­tá re­co­no­cien­do im­plí­ci­ta­men­te que los da­tos de enero no son tan bue­nos como di­ce Ries­go. A lo me­jor To­más Bur­gos se es­tá pre­pa­ran­do pa­ra el cam­bio que vie­ne —si vie­ne—, don­de to­do lo bueno por prin­ci­pio, des­pués se­rá re­ma­ta­da­men­te ma­lo. La mi­sa se­rá igual, pe­ro los ofi­cian­tes dis­tin­tos. Y en lu­gar de de­cir­la en la­tín y de es­pal­das a los fie­les, qui­zá op­ten por ofi­ciar­la de fren­te y en len­gua ver­ná­cu­la.

—Dé­je­se de flo­ri­tu­ras, ami­go co­lum­nis­ta, y dí­ga­nos lo que se es­pe­ra de us­ted: ¿fue po­si­ti­va o ne­ga­ti­va la evo­lu­ción del em­pleo en enero? Mó­je­se y de­nos su in­ter­pre­ta­ción.

No cae­ré en la tram­pa sa­du­cea. Tam­bién yo, como Ra­joy an­te el rey, ten­go de­re­cho por una vez a de­cli­nar la in­vi­ta­ción a pro­nun­ciar­me. Me li­mi­ta­ré a re­cor­dar un par de da­tos. El pa­ro cre­ció en 57.247 per­so­nas el mes pa­sa­do, pe­ro fue el enero me­nos ma­lo des­de que es­ta­lló la cri­sis. El em­pleo men­guó en 204.403 afi­lia­dos a la Se­gu­ri­dad So­cial, la ma­yor caí­da des­de la se­gun­da re­ce­sión. Con esas ci­fras y otras que fá­cil­men­te pue­de re­ca­bar, juz­gue el lec­tor por sí mis­mo. Y si al­guien lo acu­sa de par­cia­li­dad, no du­de en re­cu­rrir a la ci­ta de Una­muno: cla­ro que soy sub­je­ti­vo, por­que no soy un ob­je­to.

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