Víc­ti­mas de un es­ta­fa­dor que em­bau­ca­ba a mu­je­res pa­ra lue­go ro­bar­les crean una pla­ta­for­ma

La Voz de Galicia (Ourense) - - Galicia - A. MAHÍA

Un ve­cino de Ma­rín lle­va 20 años por Es­pa­ña ade­lan­te es­ta­fan­do, en­ga­ñan­do y rom­pien­do el co­ra­zón a mu­je­res cul­tas, uni­ver­si­ta­rias y con di­ne­ro en la car­te­ra. Es­te hom­bre de 39 años con­tac­ta con sus víc­ti­mas a tra­vés de las re­des so­cia­les. Con bue­na la­bia y mu­cha men­ti­ra, po­co a po­co se va ga­nan­do su con­fian­za has­ta que caen ren­di­das a sus en­can­tos. Se va a vi­vir con ellas has­ta que lle­ga el día en que les cuen­ta un gra­ve problema per­so­nal que so­lo pue­de so­lu­cio­nar­se con di­ne­ro. Se lo pi­de, lo co­ge y des­apa­re­ce. Lo ha he­cho decenas de ve­ces y con­de­na­do por ello. Pe­ro a pe­nas me­no­res. La ma­yo­ría de las ve­ces no eran más que mul­tas. Por­que es­te hom­bre no les ro­ba­ba im­por­tan­tes can­ti­da­des de di­ne­ro. A ve­ces, se con­for­ma­ba con lle­var­les el or­de­na­dor. Lle­ga­dos al jui­cio, lo de­vol­vía y así evi­ta­ba la cár­cel. Pe­ro son tan­tas las víc­ti­mas —nue­ve en Ga­li­cia—, que mu­chas de ellas han crea­do una pla­ta­for­ma pa­ra ha­cer fuer­za y lo­grar dos co­sas. Una, sa­car su ros­tro e iden­ti­dad en un blog pa­ra que «to­do el mundo lo co­noz­ca y no vuel­va a caer en sus re­des». Y dos, pa­ra en­viar­lo a la cár­cel de una vez.

Así es como co­mien­za el blog de sus víc­ti­mas: «Mu­jer co­no­ce a ser ex­tra­or­di­na­rio en re­des so­cia­les. Cui­da­do!! Cual­quier en­torno de In­ter­net le es na­tu­ral, lle­va más de vein­te años de­di­ca­do a enamo­rar, tie­ne la sol­tu­ra de un lin­ce, y es há­bil con la pa­la­bra es­cri­ta».

Con­ti­núan ex­pli­can­do có­mo ac­túa: «Una no­che al­guien lla­ma­do Ra­vens­hill, Red­hood, Adrian, Roy, Roy Pé­rez Alon­so, Va­ra­fin­der, Le­to, Sh­rap­nel, Van­ger, war­dog, win­ter, way­reth, Rav­nos, Voi­vo­da o Roi te co­nec­ta­rá y con­ta­rá una his­to­ria ma­ra­vi­llo­sa (siem­pre ro­ba­da a al­guien más) so­bre su pa­sa­do como ta­tua­dor, com­po­si­tor o em­pre­sa­rio de éxi­to, na­ci­do en al­gu­na ins­pi­ra­do­ra ciu­dad Eu­ro­pea como Lu­gano o Mal­mö y esa no­che te irás a dor­mir pen­san­do en que en tu vi­da, por fin, Cu­pi­do ha rea­li­za­do su tra­ba­jo y has co­no­ci­do a al­guien es­pe­cial. Te des­gra­na­rá con in­ten­si­dad la his­to­ria de su fa­mi­lia, todos muer­tos de las en­fer­me­da­des más te­rri­bles y dra­má­ti­cas que pue­das ima­gi­nar. Sus pa­dres fa­lle­cie­ron, su her­ma­na dro­ga­dic­ta, su her­mano sin es­crú­pu­los le de­jó sin pro­pie­da­des en el re­par­to de la he­ren­cia…. y él, so­lo an­te su des­di­cha, con­si­guió la­brar­se un pre­sen­te exi­to­so gra­cias a su in­te­li­gen­cia por en­ci­ma de la me­dia y a su ca­pa­ci­dad crea­ti­va».

Cuan­do lo­gra que le abran las puer­tas de sus ca­sas, se com­por­ta como el com­pa­ñe­ro per­fec­to. Y un día cuen­ta una des­gra­cia, pi­de di­ne­ro y se es­fu­ma. Ac­tuó por to­da Es­pa­ña y se ha he­cho un hue­co en los programas de su­ce­sos. Es­tá con­si­de­ra­do como el ma­yor es­ta­fa­dor «amo­ro­so» de Es­pa­ña.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.