El hom­bre que ha­lló el cuer­po de Asun­ta, in­gre­sa­do en la mis­ma pri­sión que los pa­dres

El fis­cal pi­de pa­ra él seis años de cár­cel por un de­li­to de trá­fi­co de dro­gas, por el que se­rá juz­ga­do en abril

La Voz de Galicia (Ourense) - - Galicia - AL­BER­TO MAHÍA

El hom­bre que en­con­tró el cuer­po de Asun­ta en la pis­ta fo­res­tal de Teo la ma­dru­ga­da del 22 de sep­tiem­bre del 2013 y los ase­si­nos de la ni­ña duer­men ba­jo el mis­mo te­cho des­de no­viem­bre del año pa­sa­do. Los tres son re­clu­sos en el cen­tro pe­ni­ten­cia­rio de Tei­xei­ro. Ro­sa­rio Por­to y Alfonso Basterra es­tán allí por la muer­te de su hi­ja, mien­tras que Alfredo Bal­sa Gar­cía fue re­clui­do por trá­fi­co de dro­gas.

La po­li­cía de San­tia­go lo de­tu­vo el pa­sa­do 18 de no­viem­bre jun­to al cam­po de fút­bol de Ca­chei­ras con 50 bol­si­tas de co­caí­na en su co­che. Pe­ro aún te­nía más en su do­mi­ci­lio de la rúa Es­ti­va­da de Cas­te­lao, don­de le en­con­tra­ron cer­ca de 120 gra­mos de la mis­ma dro­ga. Al día si­guien­te, el juz­ga­do de Ins­truc­ción nú­me­ro 1 de San­tia­go lo en­vió a pri­sión, co­mu­ni­ca­da y sin fian­za. Y ahí si­gue. El jui­cio por esos he­chos se ce­le­bra­rá el 11 de abril. Su abo­ga­do, el pe­na­lis­ta co­ru­ñés Die­go Re­bo­re­do, in­ten­ta­rá al­can­zar un acuer­do con la Fis­ca­lía, que en un prin­ci­pio pi­de que sea con­de­na­do a 6 años de pri­sión como su­pues­to au­tor de un de­li­to de trá­fi­co de dro­gas. La de­fen­sa ale­ga que Alfredo Bal­sa tie­ne una gra­ve adic­ción a las dro­gas y eso lo em­pu­jó a tra­fi­car, de ahí que su per­ma­nen­cia en pri­sión no sea lo más acon­se­ja­ble pa­ra cu­rar­se. Por tan­to, so­li­ci­ta­rá que se le im­pon­ga una pe­na me­nor pa­ra po­der acu­dir a un cen­tro de des­in­to­xi­ca­ción.

El problema que se le vie­ne en­ci­ma a Alfredo es que no es la pri­me­ra vez que lo sor­pren­den con dro­ga en­ci­ma. Ya en el 2012 lo ha­bían arres­ta­do por lo mis­mo, por ven­der dro­ga a do­mi­ci­lio. Por ello fue con­de­na­do en di­ciem­bre de ese año a dos años de pri­sión. Pe­ro en­ton­ces, al ca­re­cer de an­te­ce­den­tes, le sus­pen­die­ron su in­gre­so con la ad­ver­ten­cia de que si vol­vía a de­lin­quir en un año, iría a la cár­cel. Esos an­te­ce­den­tes son pa­ra él aho­ra una pe­sa­da lo­sa, pues al ser re­in­ci­den­te, el fis­cal pi­de aho­ra pa­ra él una condena ma­yor pe­se a que no era mu­cha la can­ti­dad de dro­ga que se le in­cau­tó.

Alfredo Bal­sa se hi­zo cé­le­bre por una des­gra­cia. Su ac­ti­tud y la de un ami­go cuan­do se en­con­tra­ron el cuer­po sin vi­da de Asun­ta en la pis­ta de Teo cuan­do re­gre­sa­ban de no­che a sus ho­ga­res des­pués de pa­sar unas ho­ras en La Tan­gui­ta Ro­ja fue lle­va­da a las por­ta­das de los pe­rió­di­cos.

Aque­lla ma­dru­ga­da del 2013, se­gún ex­pli­có Alfredo Bal­sa en el jui­cio por la muer­te de la ni­ña, ha­bían acu­di­do a un club. Al sa­lir y di­ri­gir­se a ca­sa en el co­che, fue cuan­do vie­ron el cuer­po sin vi­da de Asun­ta. Pa­sa­ron por de­lan­te y re­tro­ce­die­ron al dar­se cuen­ta de lo que ha­bían vis­to, aunque to­da­vía no sa­bían si era una per­so­na o un mu­ñe­co. Pe­ro con­ti­nua­ron ade­lan­te por­que Alfredo, en aque­llas fe­chas, te­nía en car­né re­ti­ra­do y no que­ría que la po­li­cía lo sor­pren­die­se sin el per­mi­so. Pe­ro la ma­la con­cien­cia de ca­llár­se­lo les ven­ció. «Po­día ha­ber si­do hi­ja nues­tra», di­jo en el jui­cio. Y vol­vie­ron so­bre sus pa­sos una vez que de­ja­ron el co­che an­te el bar Fe­ros, si­tua­do a me­nos de un ki­ló­me­tro. Ya de nue­vo en la pis­ta fo­res­tal, te­le­fo­nea­ron al ser­vi­cio de Emer­gen­cias y un sa­ni­ta­rio les fue dan­do pau­tas por el mó­vil de los pa­sos que de­bían dar pa­ra com­pro­bar si la ni­ña se­guía con vi­da. Cuan­do lle­gó la Guar­dia Ci­vil, un agen­te que ha­bía com­pro­ba­do sus an­te­ce­den­tes les pre­gun­tó a los dos ami­gos: «¿Qué le ha­béis he­cho a la ni­ña?». En el pri­mer ins­tan­te fue­ron sos­pe­cho­sos. Pe­ro pron­to de­ja­ron de ser­lo.

Á. BALLESTEROS

Alfredo Bal­sa, en­tran­do al jui­cio por el ca­so Asun­ta.

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