Las ga­lle­gas de­di­can al ho­gar y a la fa­mi­lia el do­ble de tiem­po que los hom­bres

«Ha­bla­mos de con­ci­liar, pe­ro los co­le­gios no adap­tan los ho­ra­rios a las em­pre­sas» «Los per­mi­sos pa­ter­na­les de­ben ser obli­ga­to­rios pa­ra con­tri­buir a la igual­dad» di­cen los ex­per­tos

La Voz de Galicia (Ourense) - - Portada - MA­RÍA CEDRÓN

Ha apren­di­do a dor­mir po­co. Su­sa­na tra­ba­ja en una em­pre­sa de se­gu­ri­dad. A prin­ci­pios de año le en­tre­gan los cua­dran­tes ho­ra­rios. Su ma­ri­do, que es­tá en el sec­tor de la hos­te­le­ría, co­no­ce el turno semana a semana. Ca­da 7 días am­bos se jun­tan pa­ra ha­cer un ca­len­da­rio pro­pio de dis­tri­bu­ción de ta­reas que les per­mi­ta cui­dar de sus dos hi­jos. Aunque las es­ta­dís­ti­cas ase­gu­ran que com­par­tir el tra­ba­jo do­més­ti­co en­tre los dos miem­bros de la pa­re­ja no es lo más ha­bi­tual en Ga­li­cia, ellos lo ha­cen. Los da­tos que ma­ne­ja el Ins­ti­tu­to de la Mu­jer di­cen que las mu­je­res de­di­can el do­ble de tiem­po que los hom­bres a aten­der a la fa­mi­lia y el ho­gar. De un to­tal de 22,54 ho­ras dia­rias, ellas in­vier­ten 4 ho­ras con 7 mi­nu­tos. Ellos so­lo una ho­ra con 59.

Pe­ro en ca­sa de Su­sa­na no se mi­den los mi­nu­tos. To­do es­tá per­fec­ta­men­te hi­la­do, un pe­que­ño cam­bio en una ta­rea im­pli­ca que to­da la jornada acu­mu­le re­tra­so. Cuan­do tie­ne turno de no­che en­tra a las on­ce. Su ma­ri­do aún no ha re­gre­sa­do a ca­sa y, hay una ho­ra o ho­ra y me­dia en la que sus hi­jos no tie­nen a na­die en ca­sa. En­ton­ces re­cu­rren a la ayu­da de la abue­la. «No me gus­ta que que­den so­los en ca­sa», di­ce es­ta ma­dre cu­ya vi­da dia­ria fun­cio­na gra­cias a la in­ge­nie­ría fa­mi­liar. La fa­mi­lia es la ta­bla de sal­va­ción por­que, como apun­ta, «no hay na­die tam­po­co que ven­ga a una ho­ra un día o a otra ho­ra otro, so­bre to­do por­que no les per­mi­ti­ría com­pa­ti­bi­li­zar­lo con otros tra­ba­jos».

Hoy tie­ne turno de ma­ña­na. Son ya las tres. Ho­ra de sa­li­da des­pués de ha­ber en­tra­do a las 7 de la ma­ña­na. An­tes de ir a co­mer pa­ra en el su­per­mer­ca­do pa­ra ha­cer la com­pra. «Vi­vo en el otro ex­tre­mo de la ciu­dad. Pre­fie­ro pa­rar aho­ra y co­mer un po­co más tar­de. La ho­ra de su al­muer­zo nun­ca es la mis­ma. De­pen­de. «Real­men­te eso aca­ba afec­tan­do al es­tó­ma­go», di­ce.

Tie­ne jus­to dos ho­ras y me­dia an­tes de re­co­ger a sus hi­jos en el co­le­gio: «To­da la vi­da he de­fen­di­do los co­le­gios pú­bli­cos, pe­ro he te­ni­do que man­dar a los ni­ños a uno con­cer­ta­do por el te­ma de ho­ra­rios. Co­men allí. Ha­bla­mos to­do el tiem­po de con­ci­liar, pe­ro los cen­tros no tie­nen unos ho­ra­rios adap­ta­dos a los de las em­pre­sas». Ade­más re­co­no­ce que no so­lo los pa­dres su­fren es­trés. «A ve­ces ellos en­tran a nue­ve de la ma­ña­na y aca­ban de ha­cer ta- reas a las nue­ve de la no­che. Do­ce ho­ras», in­di­ca.

El plan de igual­dad de su em­pre­sa es uno de los me­jo­res del sec­tor. Po­dría pe­dir una re­duc­ción de jornada que, ade­más, has­ta los tres años no va con ba­ja­da de suel­do. Pe­ro no re­sul­ta prác­ti­co ni tam­po­co lo ve jus­to pa­ra sus com­pa­ñe­ros. «¿Qué arre­glo en­tran­do una ho­ra más tar­de por la ma­ña­na o sa­lien­do an­tes? Pues no so­lu­ciono na­da y ade­más pien­so en el com­pa­ñe­ro que de­be­ría de ve­nir una ho­ra an­tes por la tar­de o que­dar­se una ho­ra más por la ma­ña­na. ¿Y por qué tie­ne que fas­ti­diar­se al­guien por el hi­jo de otro?», pien­sa.

El úl­ti­mo dato que ma­ne­ja el Ins­ti­tu­to de la Mu­jer mues­tra como en el 2014 hu­bo unas 515 mu­je­res que pi­die­ron una ex­ce­den­cia en Ga­li­cia pa­ra cui­dar a sus pe­que­ños fren­te a un to­tal de 41 hom­bres. Por otra par­te, hu­bo 13.974 chi­cas que pi­die­ron ba­ja de ma­ter­ni­dad y so­lo 305 chi­cos.

Pe­ro ella, aunque pu­die­ra, no de­ja­ría de tra­ba­jar pa­ra cui­dar a sus ni­ños: «No lo ha­ría. Ten­go que es­tar ha­cien­do al­go más, me gus­ta el con­tac­to con la gen­te, re­la­cio­nar­me y no es­tar so­lo en­ce­rra­da».

Cam­bio de la ley

En cam­bio pi­de un cam­bio de la Ley de Igual­dad «por­que no es jus­ta. Es­tá bien en la teo­ría, pe­ro no es prác­ti­ca, no ayu­da y no va de la mano de los sec­to­res. Las nue­vas tec­no­lo­gías per­mi­ten tra­ba­jar en ca­sa y no las estamos apro­ve­chan­do». En es­te sen­ti­do po­ne el ejem­plo de lo que ha­cen al­gu­nos paí­ses don­de el ho­ra­rio la­bo­ral va de la mano con el es­co­lar. «En ca­so de que no aca­bes la ta­rea pue­des ha­cer­lo en ca­sa. No va­le pa­ra sec­to­res como el nues­tro, pe­ro pue­de ser tam­bién una al­ter­na­ti­va pa­ra otros», in­di­ca.

En su ca­so pre­fie­re el turno de no­che por­que es el que me­jor le per­mi­te con­ci­liar. «En­tro a las on­ce sal­go a las 7 y en­tre que desa­yuno son las ocho, le­van­to a los ni­ños, lue­go duer­mo has­ta las tres. Por la tar­de pue­do es­tar con ellos».

El ve­rano no es me­nos du­ro. Al­gu­nos años han co­gi­do las va­ca­cio­nes en me­ses di­fe­ren­tes pa­ra po­der com­pa­ti­bi­li­zar. No hay des­can­so. No pa­ra.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.