«No en­tre­né an­tes por­que no qui­se»

Re­co­no­ce que ha echa­do «mu­cho de me­nos» al Dé­por y que le si­gue cos­tan­do en­ten­der su des­pi­do

La Voz de Galicia (Ourense) - - Deportes - XURXO FER­NAN­DEZ RE­DAC­CIÓN / LA VOZ

Fer­nan­do Vázquez Pe­na (Cas­tro­fei­to, 1954) lle­gó a un Ma­llor­ca en des­cen­so y en dos jor­na­das lo ha sa­ca­do del po­zo y le ha de­vuel­to la fe. En la is­la echa en fal­ta a su ayu­dan­te de ca­be­ce­ra, Ma­nuel Pom­bo, pe­ro «es­te año ha­bía que in­ver­tir­lo to­do en fi­cha­jes». Qui­zá lle­gue el pró­xi­mo y pa­ra en­ton­ces el mís­ter po­dría es­tar ya don­de con­si­de­ra que le co­rres­pon­de. Di­rec­to, como siem­pre, pro­cla­ma: «Soy en­tre­na­dor de Pri­me­ra». —Tras su pri­mer triun­fo re­co­no­ció que bien pu­do ha­ber em­pa­ta­do; una semana des­pués, el Ma­llor­ca, que so­lo ha­bía ga­na­do cua­tro ve­ces es­te cur­so, en­gan­chó dos vic­to­rias se­gui­das. ¿Em­pie­zan a creer en us­ted? —Hom­bre, es que em­pe­zar bien tie­ne una im­por­tan­cia ab­so­lu­ta. En mi pri­mer par­ti­do me ba­sé en lo an­te­rior por­que no hu­bo mu­cho tiem­po pa­ra cam­biar co­sas. So­lo apli­qué mi for­ma de en­ten­der la ca­te­go­ría. Ga­nar ayu­dó a que la gen­te si­guie­ra con más con­vic­ción mis ideas. Ga­né fe y con­fian­za por su par­te, en­ten­die­ron que el con­tex­to en el que les pu­se ayu­dó a lo­grar vic­to­rias. Al se­gun­do par­ti­do ya me sen­tía ca­si como uno de ellos. —Con­fian­za cla­ve pa­ra quien pre­su­me de cer­ca­nía al ju­ga­dor —Yo con los ju­ga­do­res ha­blo mu­cho. A ni­vel co­lec­ti­vo e in­di­vi­dual. Aquí lo pri­me­ro que les he de­ja­do cla­ro es que no son peo­res que na­die. Mi plan­ti­lla es­tá al ni­vel de la del Ala­vés o el Cór­do­ba. —¿Y con los del Dé­por? ¿Ha­bla mu­cho to­da­vía? —Cuan­do sal­go de un equi­po in­ten­to rom­per la re­la­ción. Por res­pe­to y por ver­güen­za, por­que el en­tre­na­dor es otro. Yo sé que he de­ja­do ami­gos en ese ves­tua­rio, y mu­cho ca­ri­ño. Tu­vi­mos una re­la­ción muy cer­ca­na y su­fri­mos mu­cho. Cuan­do la gen­te su­fre y se ale­gra tan­to jun­tos, eso mar­ca.

—¿Y con los di­rec­ti­vos? —He vuel­to a ha­blar con gen­te de la ac­tual di­rec­ti­va, no ten­go el mí­ni­mo re­sen­ti­mien­to. La vi­da de un en­tre­na­dor es­tá he­cha de mo­men­tos y lo mis­mo que me to­có mar­char­me qui­zá me to­que vol­ver, a eso es­ta­ré siem­pre abier­to. Al Dé­por lo veo fan­tás­ti­co, un gran equi­po con una ex­tra­or­di­na­ria con­fec­ción de plan­ti­lla, y le de­seo lo me­jor, por su­pues­to. —No hay ren­cor, pe­ro do­lió. —Es que me cos­tó en­ten­der por qué pa­só to­do, y me si­gue cos­tan­do. Pe­ro el con­se­jo de ad­mi­nis­tra­ción de un club tie­ne li­ber­tad pa­ra ha­cer lo que le pa­rez­ca. Ja­más pen­sé en no se­guir en el Dé­por, nun­ca pa­só por mi ca­be­za no entrenar ese equi­po en Pri­me­ra, pe­ro bueno, lo acep­to y ya.

—¿Qué cree que su­ce­dió? —Yo no tu­ve nin­gún des­en­cuen­tro con el con­se­jo de ad­mi­nis­tra­ción del De­por­ti­vo. Nin­guno. Así que ten­go que creer lo que me di­je­ron, que mis de­cla­ra­cio­nes en Ar­zúa fue­ron el de­to­nan­te. —¿Des­de en­ton­ces, mi­de más sus pa­la­bras? —No es la pri­me­ra vez que me pa­sa, pe­ro sin­ce­ra­men­te pien­so que aque­llo que di­je fue­ra mo­ti­vo de des­pi­do. So­lo que­ría ex­pli­car que el mo­men­to por el que atra­ve­sa­ba el club no le per­mi­tía fi­char a quien qui­sie­ra, que a ve­ces la pri­me­ra op­ción no sa­lía por­que es­ta­ba muy di­fí­cil. Mi in­ten­ción, de ver­dad, era que la gen­te en­ten­die­ra los pro­ble­mas que afron­ta­ba la se­cre­ta­ría téc­ni­ca.

—¿Di­ría lo mis­mo en Ma­llor­ca? —Cla­ro. Ab­so­lu­ta­men­te. Aunque ha en­tra­do un ca­pi­tal so­cial nue­vo y eso me per­mi­te unos gas­tos y se­gu­ra­men­te el año que vie­ne es­ta­re­mos aún me­jor. —Des­pués de que se fue­ra, el equi­po su­frió pa­ra sal­var­se ¿Qué pa­sa­ba en­ton­ces por su ca­be­za? —Bueno, al Dé­por lo he echa­do mu­cho de me­nos, cla­ro, lo veía y pen­sa­ba que yo me­re­cía es­tar ahí. Aho­ra que es­toy en­tre­nan­do, eso cam­bia por­que tu equi­po pa­sa a ser ese en el que es­tás. —Ne­go­ció con va­rios clu­bes, pe­ro no aca­ba­ba de fir­mar. ¿Te­mió otra lar­ga épo­ca de des­co­ne­xión? —No. Si no me en­gan­ché an­tes a un ban­qui­llo es por­que no qui­se en­gan­char­me. El fút­bol es un tren sú­per rá­pi­do y a ve­ces cuan­do quie­res co­ger­lo ya ha pa­sa­do, es­tás des­fa­sa­do, pe­ro no es mi ca­so. Yo soy muy exi­gen­te en el pro­yec­to. Me con­si­de­ro en­tre­na­dor de Pri­me­ra y Pri­me­ra no es un mundo fá­cil, so­lo hay si­tio pa­ra 20 en­tre­na­do­res. Es­pe­ré y es­pe­ré por­que que­ría al­go que cum­plie­ra con lo que pre­ten­día. Y la es­pe­ra ha me­re­ci­do la pe­na. Yo no ven­go a Ma­llor­ca pa­ra sal­var el equi­po, al me­nos no so­lo a eso, ven­go pa­ra ju­gar en Pri­me­ra con es­te equi­po y he fir­ma­do un con­tra­to por­que me en­tu­sias­mó el pro­yec­to que me ofre­cie­ron.

«Al Dé­por lo veo fan­tás­ti­co, con una ex­tra­or­di­na­ria con­fec­ción de plan­ti­lla. Le de­seo lo me­jor» «No ten­go el más mí­ni­mo ren­cor. Igual que me to­có sa­lir, qui­zá me to­que vol­ver. A eso es­ta­ré abier­to» «No ven­go a Ma­llor­ca pa­ra sal­var al equi­po, ven­go pa­ra ju­gar con es­te equi­po en Pri­me­ra»

PA­CO RODRÍGUEZ

Con Fer­nan­do Vázquez, el Ma­llor­ca ha en­gan­cha­do dos vic­to­rias se­gui­das.

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