«Hay que ser éti­co an­tes que es­té­ti­co»

La Voz de Galicia (Ourense) - - La Voz De Galicia - JOR­GE CA­SA­NO­VA

Lo es­pe­ro en una sa­la mi­ni­ma­lis­ta de su edi­fi­cio en el Par­que Tec­no­ló­gi­co de Ou­ren­se. Ro­ber­to Ve­rino, (Ve­rín, 1945), na­ci­do Ro­ber­to Ma­ri­ño, se pre­sen­ta arre­gla­do pe­ro in­for­mal y se dis­cul­pa por el re­tra­so. Se es­fuer­za por pa­re­cer tan sen­ci­llo y na­tu­ral como la ro­pa que di­se­ña. Yo di­ría que lo es. Él em­pie­za la en­tre­vis­ta por ahí, ca­si sin que le pre­gun­te. —Me gus­ta dis­fru­tar de las pe­que­ñas co­sas de ca­da día. Man­te­ner una vin­cu­la­ción con la gen­te que me ro­dea. Si hay al­go que de­fien­do es que hay que ser éti­co an­tes que es­té­ti­co.

—Pues que lo di­ga un di­se­ña­dor tie­ne su mé­ri­to.

—Oja­lá se pu­die­ra ex­ten­der al com­por­ta­mien­to hu­mano. El mundo se­ría mu­cho me­jor y no ha­bría tan­ta gue­rra y tan­ta ham­bre. In­ten­to apli­car esa fi­lo­so­fía a mi tra­ba­jo; ha­cer por mis con­su­mi­do­res lo que me gus­ta­ría que hi­cie­ran por mí. Bus­co ser fe­liz ha­cien­do fe­li­ces a los de­más.

—To­do se arre­gla me­nos la muer­te.

—In­clu­so la muer­te, si uno es­tá a gus­to con­si­go mis­mo, no de­be­ría preo­cu­par­nos. Los que de­jan hue­lla no mue­ren nun­ca.

—¿Cree que de­ja­rá hue­lla?

—Yo vi­vo con el con­ven­ci­mien­to de que lo más im­por­tan­te aún es­tá por ha­cer. Ten­go mu­cha ilu­sión por se­guir ha­cien­do co­sas. Yo siem­pre pongo en va­lor a mi abue­la ma­ter­na, que mu­rió con 98 años y dis­fru­tó de una vi­da muy ac­ti­va. Fue la per­so­na más jo­ven que he co­no­ci­do nun­ca. Se ilu­sio­na­ba con to­do. Esa es la ver­da­de­ra ju­ven­tud, y no te­ner 20 años. Yo creo que al­go de hue­lla que­da­rá. He crea­do una mar­ca pres­ti­gio­sa, que si­gue cre­cien­do y que tie­ne mu­chos fans. Y lo he he­cho des­de Ve­rín, que es una ma­cha­da.

—Us­ted es­tu­dia­ba pe­ri­to mer­can­til en Ou­ren­se y se fue a es­tu­diar Be­llas Ar­tes a Pa­rís. ¿Có­mo con­ven­ció a sus pa­dres?

—Se­gu­ra­men­te fue el ma­yor lo­gro que con­se­guí ja­más. Con mi pa­dre no fue tan di­fí­cil. Él de­cía que la úni­ca ma­ne­ra de que en­con­tra­ra mi si­tio era que hi­cie­ra mi vi­da.

—Con 18 años en Pa­rís, se­ría la bom­ba.

—Ima­gí­ne­se, de Ou­ren­se a Pa­rís, como el blan­co y el ne­gro.

—¿Quién es el hom­bre, o la mu­jer, más ele­gan­te que co­no­ce?

—(Se lo pien­sa pe­ro no mu­cho) Mmm. Pre­fie­ro de­cir el hom­bre, por­que las mu­je­res se ce­lan si no las nom­bro. Yo creo que el hom­bre que gus­ta a to­das es Geor­ge Cloo­ney. Es atrac­ti­vo en mu­chos sen­ti­dos y se ha bus­ca­do una gran mu­jer. Aho­ra mis­mo son la pa­re­ja de re­fe­ren­cia.

—¿Se en­cuen­tra a gus­to en las gran­des pa­sa­re­las? ¿No hay mu­cho postureo?

—Allí hay mu­cha gen­te que en reali­dad son per­so­nas muy sen­ci­llas. Como Ar­ma­ni, por ejem­plo. No exi­gen mu­chos plan­tea­mien­tos pro­to­co­la­rios.

—Y aho­ra que aban­do­na la pa­sa­re­la de Ma­drid, ¿se sien­te me­nos pre­sio­na­do?

—Nun­ca me sen­tí pre­sio­na­do. Des­fi­lar ha si­do siem­pre un or­gu­llo, un tra­ba­jo bo­ni­to, aunque de mu­cho es­fuer­zo que que­re­mos tras­la­dar a otras ne­ce­si­da­des. Pe­se a ser un gran so­ña­dor, me gus­ta te­ner los pies en el sue­lo. Son mo­men­tos de cam­bio. Y de­jar la pa­sa­re­la creo que es una de­ci­sión muy in­te­li­gen­te.

—Úl­ti­ma­men­te se ha apa­sio­na­do por el vino. ¿Qué es más di­fí­cil, ha­cer un buen vino o una bue­na co­lec­ción?

—Más di­fí­cil el vino. Al me­nos yo le doy más mé­ri­to. La vi­ti­cul­tu­ra es­tá su­je­ta a mu­chas va­ria­bles. Re­cuer­do en mi ni­ñez có­mo ha­cían vino en ca­sa de mis abue­los. Aque­llos aro­mas de la fer­men­ta­ción, el del pan... la so­li­da­ri­dad en­tre la gen­te, có­mo se ayu­da­ban unos a otros. Ten­go muy arrai­ga­do to­do eso. Creo que de­be­ría­mos sen­tir­nos or­gu­llo­sos. Como los por­tu­gue­ses se sien­ten or­gu­llo­sos

de ser por­tu­gue­ses.

—¿Cree que los ga­lle­gos no

te­ne­mos ese or­gu­llo?

—No. Se apre­cia en­tre la gen­te que es­tá fue­ra, pe­ro en Ga­li­cia el que más y el que me­nos, lo ocul­ta.

—¿Tie­ne tiem­po pa­ra per­der el tiem­po?

—Ten­go mu­chas co­sas que ha­cer y muy po­co tiem­po pa­ra per­der. Ni si­quie­ra el fin de semana de­jo de ha­cer co­sas. Pe­ro lo que ha­go es de for­ma vo­ca­cio­nal y apa­sio­na­da.

—¿Duer­me bien?

—Muy bien. Y sin ayu­da. Me le­van­to pen­san­do que el día tie­ne que ser me­jor o, por lo me­nos, igual que el an­te­rior. Bus­co ser cons­truc­ti­vo y cohe­ren­te. Pue­do de­cir lo que pien­so, es­cri­bir lo que di­go y cum­plir lo que es­cri­bo.

—¿Qué es lo más im­por­tan­te en la vi­da?

—Es­tar bien con uno mis­mo. Y eso sig­ni­fi­ca te­ner sa­lud, es­tar ro­dea­do de gen­te que te quie­re y te­ner pro­yec­tos que te ayu­den a sen­tir­te rea­li­za­do.

ILUS­TRA­CIÓN: PIN­TO & CHIN­TO

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