«De­mos­tré que des­de un pue­blo como Can­gas se pue­de lle­gar a lo más al­to»

La Voz de Galicia (Ourense) - - Deportes -

Da­vid Cal anun­ció el pa­sa­do miér­co­les su mar­cha a Mur­cia, don­de ini­cia­rá una nue­va eta­pa pro­fe­sio­nal, en la UCAM. Di­ce ha­ber asu­mi­do que su vi­da ha cam­bia­do, que los tiem­pos de pi­ra­güis­ta de éli­te se­rán un bo­ni­to re­cuer­do y que aho­ra to­ca ilu­sio­nar­se con su nue­vo pro­yec­to. Mien­tras, re­pa­sa pa­ra La Voz tan­to el pre­sen­te como sus tiem­pos de ído­lo, ya con la pers­pec­ti­va que da ha­ber lle­ga­do al fi­nal del ca­mino.

—El tiem­po vue­la. Cuan­do ejer­cía de pi­ra­güis­ta pro­fe­sio­nal, ¿pen­sa­ba en que lle­ga­ría es­te mo­men­to, el de ser un ex?

—A me­di­da que te ha­ces ma­yor, de vez en cuan­do te lo plan­teas. So­bre to­do al fi­nal, pe­ro la ver­dad es que no era al­go en lo que pen­sa­ra de­ma­sia­do.

—Y ya lle­gó ese mo­men­to.

—Te­nía que lle­gar y lle­gó. Ten­go que asu­mir­lo con nor­ma­li­dad. Y, ¿por que no? Con ilu­sión. La vi­da es así.

—¿Se va a Mur­cia por­que no le ofre­cie­ron tra­ba­jo en Ga­li­cia?

—No es así. Sí que me ofre­cie­ron tra­ba­jo en Ga­li­cia. Va­rios tra­ba­jos. In­clu­so, ha­ce po­co, la Xun­ta me ofre­ció un pro­yec­to. Pe­ro ya te­nía apa­la­bra­do lo de la UCAM. En cual­quier ca­so, me di­je­ron que la puer­ta me que­da abier­ta y que vol­ve­re­mos a ha­blar más ade­lan­te. Tam­bién me ofre­cie­ron al­go en el Ayun­ta­mien­to de Can­gas y en Bra­sil como ayu­dan­te de Su­so Mor­lán.

—¿Por qué ha de­ci­di­do ir­se a Mur­cia?

—Me hi­cie­ron la ofer­ta jus­to cuan­do anun­cié mi re­ti­ra­da. En­ton­ces, yo ne­ce­si­ta­ba una des­co­ne­xión. Aho­ra de­ci­dí acep­tar. Son gen­te de bien que apo­ya mu­chí­si­mo al de­por­te. Es­toy se­gu­ro que to­do sal­drá bien.

—¿Ya sa­be cuál se­rá su la­bor?

—Ellos tie­nen dos clu­bes de pi­ra­güis­mo. Ha­ré una la­bor de coor­di­na­ción y ayu­da en los en­tre­na­mien­tos. Y es­ta­ré en el ser­vi­cio de deportes de la uni­ver­si­dad, don­de to­da­vía ha­brá que con­cre­tar mi ta­rea.

—¿Al­go más?

—Apar­te de lo que se­rá mi tra­ba­jo, ten­go de­ci­di­do es­tu­diar al­go re­la­cio­na­do con el de­por­te. Aquí se me pre­sen­tan va­rias opor­tu­ni­da­des, como pue­de ser ali­men­ta­ción de­por­ti­va, di­rec­ción de re­cin­tos de­por­ti­vos... Ten­go que pen­sar­lo y en bre­ve de­ci­di­ré.

—Es­ta pre­gun­ta se la hi­cie­ron más ve­ces, pe­ro qui­zá aho­ra con más pers­pec­ti­va me pue­da de­cir si de ver­dad me­re­ció la pe­na es­te via­je su­yo en el pi­ra­güis­mo.

—¡Cla­ro!

—Si no hu­bie­ra si­do pi­ra­güis­ta, ¿qué ha­bría si­do?

—Si no hu­bie­se si­do pi­ra­güis­ta ... Pues no lo veo. La ver­dad es que no con­ci­bo mi vi­da sin ha­ber si­do ca­noís­ta. Pe­ro bueno, su­pon­go que al­go ha­bría si­do, ¿no?

—¿Qué co­sas bue­nas se lle­va del mundo de la ca­noa?

—Pue­do de­cir que yo sí he com­pro­ba­do que tra­ba­jan­do du­ro, muy du­ro, se pue­de con­se­guir cual­quier co­sa en la vi­da. Si un ti­po de Can­gas como yo lo­gró cin­co me­da­llas olím­pi­cas... Y lo di­go or­gu­llo­so de ser de Can­gas, pe­ro quie­ro ha­cer én­fa­sis en que de­mos­tré que des­de un pue­blo hu­mil­de como Can­gas, se pue-

de lle­gar a lo más al­to.

—¿Se le ha re­co­no­ci­do de ver­dad to­do lo que ha he­cho?

—Me sien­to que­ri­do y eso me sa­tis­fa­ce. Aún hoy, ya re­ti­ra­do, la gen­te me tra­ta muy bien. No me que­jo.

—Pe­ro en Ga­li­cia no siem­pre las co­sas fue­ron de co­lor de rosa

—Es ver­dad. Por ejem­plo en el 2007 y 2008. Pa­sé mo­men­tos com­pli­ca­dos con la con­se­llei­ra Án­xe­la Bu­ga­llo. Pe­ro no guar­do nin­gún ti­po de ren­cor. Lo di­go de ver­dad. Fue­ron cir­cuns­tan­cias del mo­men­to y así hay que to­mar­lo.

—Pe­ro a día de hoy, ¿re­cuer­da qué es lo que pa­só?

—Fue un ro­llo de be­cas. Me de­ja­ron fue­ra de ellas por­que no ha­bía en­via­do la so­li­ci­tud. Lo cual era ver­dad, pe­ro es que a mi na­die me avi­só, mien­tras que a otros, sí que lo hi­cie­ron. Yo no an­do le­yen­do el DO­GA todos los días. Lue­go hu­bo una re­pes­ca, en­vié los pa­pe­les y me la de­ne­ga­ron y en­ci­ma di­je­ron que no la ha­bía so­li­ci­ta­do.

—¿Por qué cree que lo hi­cie­ron?

—Qui­zá por­que yo es­ta­ba re­la­cio­na­do con el PP por el pa­tro­ci­nio con la Dipu­tación de Pon­te­ve­dra. Creo que fue por eso y la to­ma­ron con­mi­go. Yo pue­do ase­gu­rar que no hice na­da ra­ro.

—Más ade­lan­te us­ted es­tu­vo en las lis­tas del PP al Ayun­ta­mien­to de Pon­te­ve­dra. ¿Se arre­pien­te?

—Pues la ver­dad es que me arre­pien­to un po­co de esa eta­pa. Es cier­to. Re­sul­tó muy di­fe­ren­te a to­do lo que me ha­bía ima­gi­na­do. En un ba­lan­ce fi­nal de aque­llo, se­gu­ro que per­dí mu­cho más de lo que ga­né.

—¿Fue­ron tiem­pos du­ros?

—Un po­co. Ha­bía gen­te que de­cía que me arri­ma­ba a la po­lí­ti­ca por­que es­ta­ba aca­ba­do y que lo que bus­ca­ba era co­lo­car­me en al­gún si­tio. Des­pués de eso fui sub­cam­peón del mundo y aca­bé ga­nan­do la pla­ta de Lon­dres 2012.

—¿Por qué ha si­do us­ted tan buen pi­ra­güis­ta?

—He tra­ba­ja­do mu­cho. Mu­cho no, mu­chí­si­mo.

—Pe­ro al­go más ha­brá ade­más del tra­ba­jo.

—He si­do muy cons­tan­te. Pe­ro sí que creo que la ba­se de to­do es el tra­ba­jo. Tra­ba­jan­do de for­ma cons­tan­te se pue­de con­se­guir cual­quier co­sa. Pue­des ser bue­ní­si­mo, rá­pi­do, con gran téc­ni­ca, pe­ro si no tra­ba­jas otro te ga­na­rá. Tam­bién, par­te de mi éxi­to, sin du­da, ha si­do el ha­ber­me cru­za­do en el ca­mino con Su­so Mor­lán. Hi­ci­mos una pa­re­ja per­fec­ta pa­ra el de­por­te.

—¿Qué te­nía Su­so de es­pe­cial?

—Era, y es, muy me­tó­di­co. Un po­co ma­niá­ti­co, pe­ro no de­ja­ba na­da al azar. Con­tro­la­ba to­das las va­ria­bles que po­día, el vien­to, la ca­noa... to­do con­tro­la­do.

—Mor­lán de­cía de us­ted que téc­ni­ca­men­te era im­pre­sio­nan­te.

—Es que la téc­ni­ca la cui­dá­ba­mos mu­cho. Si con el mis­mo es­fuer­zo avan­zas más... Es­tá cla­ro, la téc­ni­ca es fun­da­men­tal en es­te de­por­te y no­so­tros le de­di­cá­ba­mos mu­cho tiem­po.

—¿Qué le ha­cía a us­ted su­pe­rior a otros pi­ra­güis­tas?

—De­pen­de a quien. Ca­da uno es di­fe­ren­te y tie­ne sus vir­tu­des y de­fec­tos. Pe­ro yo creo que lo más des­ta­ca­ble en mí era la téc­ni­ca. No he si­do man­co fí­si­ca­men­te, pe­ro los ha­bía me­jo­res.

—Ex­plí­que­se con lo de la téc­ni­ca.

—Pues la for­ma de mo­ver­me, la am­pli­tud de la pa­la­da, la trac­ción.... Mi fa­se de pa­leo era ágil y di­ná­mi­ca. Vamos, que op­ti­mi­za­ba la pa­la­da muy bien.

—Pe­ro la re­la­ción con Su­so no se­ría fá­cil. Siem­pre jun­tos, él siem­pre exi­gien­do...

—Es un gran­dí­si­mo en­tre­na­dor, es­tric­to y cas­ca­rra­bias. Pe­ro es que tie­ne que ser así. Si no te exi­ge tu en­tre­na­dor, ma­lo. Él es­tá pa­ra sa­car de ti lo me­jor. De lo que se tra­ta­ba es que yo fue­ra rá­pi­do.

—¿Ga­nó us­ted mu­cho di­ne­ro?

—Al­go sí, no me voy a que­jar por­que hay mu­chos com­pa­ñe­ros que han tra­ba­ja­do mu­chí­si­mo y que no han ga­na­do ca­si na­da. No ga­né tan­to como hu­bie­ra que­ri­do, pe­ro no hay que­ja. Eso sí, ten­dré que tra­ba­jar pa­ra vi­vir.

—¿Ha­ce de­por­te aho­ra?

—Me gus­ta siem­pre que pue­do. Pe­ro he te­ni­do di­fi­cul­tad pa­ra es­ta­ble­cer una ru­ti­na. Es­pe­ro que aho­ra, cuan­do me asien­te, me obli­gue a se­guir una ru­ti­na se­ma­nal. No es bueno des­pués de ha­ber lle­va­do una vi­da de de­por­tis­ta pro­fe­sio­nal, de gol­pe, de­jar el de­por­te.

—¿Có­mo ve el pi­ra­güis­mo hoy?

—Nues­tro pi­ra­güis­mo man­tie­ne un buen ni­vel, pe­ro hay un problema se­rio en la ba­se que hay que arre­glar y si no lo arre­gla­mos per­de­re­mos to­da una ge­ne­ra­ción. Aho­ra pa­re­ce que no hay re­le­vo.

XOAN CAR­LOS GIL

Da­vid Cal, el día que anun­ció su re­ti­ra­da; fue en el mes de mar­zo del año pa­sa­do.

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