AFEC­TA­DA POR CÁN­CER DE MA­MA

«Aho­ra ha­go co­sas que nun­ca pen­sé que po­dría dis­fru­tar como las disfruto»

La Voz de Galicia (Ourense) - - Ourense -

Es una de las 130 per­so­nas que el pa­sa­do año par­ti­ci­pó en la ofer­ta de ac­ti­vi­da­des que, ade­más de los ser­vi­cios de apo­yo psi­co­ló­gi­co y so­cial, ofre­ce la Aso­cia­ción con­tra el Cán­cer. Ro­sa­rio, que si­gue en tra­ta­mien­to, par­ti­ci­pa de los ta­lle­res de pi­la­tes y re­la­ja­ción, y tam­bién acu­de una vez por semana al de ma­nua­li­da­des. «Es­ta gen­te es vi­da. A mí me die­ron la vi­da y so­lo la­men­to no ha­ber con­tac­ta­do con ellos des­de el prin­ci­pio», se­ña­la es­ta ve­ci­na de Os Pea­res que fue diag­nos­ti­ca­da de cán­cer de ma­ma en una ma­mo­gra­fía ru­ti­na­ria ha­ce tres años y me­dio. «Al prin­ci­pio lo lle­vé con mu­cha va­len­tía, pe­ro caí en pi­ca­do cuan­do se des­cu­brió el de mi ma­ri­do, que ade­más se lo lle­vó muy rá­pi­do. Pa­ra mí fue un gol­pe tre­men­do y en­tre la tris­te­za por­que me fal­ta­ba él y pen­sar que yo tam­bién te­nía la en­fer­me­dad Ro­sa­rio fue ope­ra­da, pa­só por qui­mio­te­ra­pia y ra­dio­te­ra­pia y si­gue en tra­ta­mien­to.

en el cuer­po... me hun­dí». Fue su on­có­lo­go quien le re­co­men­dó con­tac­tar con la aso­cia­ción pa­ra re­ci­bir apo­yo psi­co­ló­gi­co. «Bea­triz es in­creí­ble; ella me hi­zo sa­lir ade­lan­te, igual que to­da la gen­te que es­tá aquí y que me­re­ce to­das las me­da­llas del mundo. Ha­go co­sas que nun­ca se me hu­bie­ra ocu­rri­do que po­dría dis­fru­tar como las disfruto», cuen­ta. Tam­bién le ayu­da la co­ne­xión con otras per­so­nas en su si­tua­ción. «Cuan­do ves el op­ti­mis­mo con el que lle­va al­gu­na gen­te has­ta dos cán­ce­res te di­ces a tí mis­ma:‘‘¿ y yo de qué me que­jo?’’», re­fle­xio­na.

Es­te año el día del Cán­cer ha es­ta­do de­di­ca­do a los vo­lun­ta­rios que, como Pe­pa Pe­rei­ra, orien­tan y acom­pa­ñan a los en­fer­mos pa­ra ha­cer más lle­va­de­ro su pa­so por el hospital. La Aso­cia­ción con­tra el Cán­cer dis­po­ne de 29 vo­lun­ta­rias —hay al­gún hom­bre, pe­ro son ma­yo­ri­ta­ria­men­te mu­je­res— que ejer­cen esa la­bor tan­to en los dis­tin­tos ser­vi­cios re­la­cio­na­dos en el CHUO como en el Hospital Co­mar­cal Val­deo­rras. «Co­no­cí la en­fer­me­dad de cer­ca, en un fa­mi­liar, y siem­pre tu­ve ga­nas de ayu­dar; así que un día fui a la aso­cia­ción y aquí si­go», re­su­me es­ta ou­ren­sa­na. Acu­mu­la ya 14 años de ser­vi­cio. «Te vas en­con­tran­do de to­do. Hay gen­te que agra­de­ce des­de el pri­mer mo­men­to que te acer­ques y ha­bles con ella, o sim­ple­men­te les es­cu­ches esas co­sas que a ve­ces ni si­quie­ra quie­ren con­tar a sus fa­mi­lia­res; y otras per­so­nas

más re­ce­lo­sas que en prin­ci­pio te re­cha­zan», ex­pli­ca. Los vo­lun­ta­rios re­ci­ben for­ma­ción no só­lo so­bre la en­fer­me­dad, sino tam­bién so­bre téc­ni­cas pa­ra afron­tar y sa­ber ma­ne­jar las dis­tin­tas si­tua­cio­nes con las que pue­den en­con­trar­se. «Siem­pre tie­nes cier­to mie­do por­que ca­da per­so­na es un mundo y en­fo­ca de una ma­ne­ra la en­fer­me­dad, pe­ro nues­tro ob­je­ti­vo es siem­pre ani­mar­les y ayu­dar­les», cuen­ta. Pe­pa Pe­rei­ra di­ce que ate­so­ra re­cuer­dos muy agra­da­bles y otros más tris­tes «pe­ro te sien­tes sa­tis­fe­cha, so­bre to­do cuan­do ves que ellos lo agra­de­cen».

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