«Me en­can­ta de­rra­par en tie­rra ba­ti­da»

Con so­lo 16 años y tras so­me­ter­se a 16 ope­ra­cio­nes, aca­ri­cia el bi­lle­te a Río

La Voz de Galicia (Ourense) - - El Tiempo - PAU­LO ALON­SO LOIS

Mar­tín de la Puen­te tie­ne 16 años, es­tu­dia pri­me­ro de Ba­chi­lle­ra­to en el Ins­ti­tu­to do Cas­tro, en Vi­go, y jue­ga al te­nis. Su­fre el síndrome de Pro­teus, una al­te­ra­ción ce­lu­lar por la que al­gu­nos de sus hue­sos cre­cen de for­ma anó­ma­la. Die­ci­séis ope­ra­cio­nes lle­va pa­ra co­rre­gir esas des­via­cio­nes. Con so­lo 7 años le ampu­taron una pier­na, pe­ro des­pués de un tiem­po de frus­tra­ción de­ci­dió se­guir ade­lan­te con el te­nis, su pa­sión, des­de en­ton­ces so­bre una si­lla. Con dos tem­po­ra­das to­da­vía por de­lan­te en la ca­te­go­ría jú­nior, ya ga­nó dos ve­ces el tor­neo de Les Pe­tit As en Tar­bes (Fran­cia), con­si­de­ra­do el mun­dial de la ca­te­go­ría. Ocu­pa el pues­to 26 del rán­king mun­dial ab­so­lu­to y tie­ne un pri­mer sue­ño muy en­ca­mi­na­do, ser olím­pi­co en la ci­ta de Río de Ja­nei­ro. «Si el pro­ce­so de cla­si­fi­ca­ción ter­mi­na­se hoy, ya es­ta­ría cla­si­fi­ca­do, pe­ro hay que se­guir has­ta el 23 de ma­yo, cuan­do se cie­rra», ex­pli­ca acom­pa­ñan­do sus res­pues­tas de una son­ri­sa.

—Ir al mun­dial como vi­gen­te cam­peón con­lle­va­ría pre­sión.

—Sí, iba con bas­tan­tes ga­nas y muy pre­sio­na­do. Ir de fa­vo­ri­to te ten­sio­na y te pue­de ju­gar ma­las pa­sa­das. Pe­ro es­tu­ve arro­pa­do por la fa­mi­lia y el se­lec­cio­na­dor y des­ple­gué un te­nis bas­tan­te bo­ni­to.

—Jue­ga unos 20 tor­neos al año.

—Sí, al fi­nal via­jar tan­to aca­ba can­san­do, por­que tam­bién ten­go que sa­car tiem­po pa­ra es­tu­diar, mu­chas ve­ces a las diez de la no­che, al lle­gar a ca­sa de entrenar. Pe­ro es lo que hay si

quie­ro cla­si­fi­car­me pa­ra Río.

—¿Có­mo com­pa­ti­bi­li­za to­do, por­que tam­bién jue­ga al ba­lon­ces­to en el Am­fiv?

—Po­nien­do mu­cho de mi par­te, con la ayu­da de mis pa­dres, siem­pre en­ci­ma pa­ra que apro­ve­che el tiem­po al má­xi­mo. En los tor­neos tam­bién me lle­vo los li­bros pa­ra es­tu­diar. Me gus­ta­ría ha­cer una in­ge­nie­ría, como mi pa­dre.

—Cuan­do le ampu­taron la pier­na, le ani­mó a se­guir ju­gan­do en si­lla otro te­nis­ta ga­lle­go, Álvaro Illo­bre.

—Sí, él me pres­tó la pri­me­ra si­lla y me ani­mó mu­chí­si­mo, jun­to a mi en­tre­na­dor de en­ton­ces, Héctor Vázquez. Siem­pre le es­ta­ré agra­de­ci­do.

—Por­que ya ju­ga­ba al te­nis des­de an­tes. ¿Pe­se a las di­fe­ren­cias en­tre ju­gar en si­lla y de pie, la esen­cia es la mis­ma?

—Sí, em­pe­cé en el te­nis de pie, aunque no des­ta­ca­ba. Soy de fa­mi­lia de de­por­tis­tas, nos gus­ta to­do: fút­bol, na­ta­ción, te­nis... Cuan­do me ampu­taron la pier­na, al prin­ci­pio fue du­ro. Y ju­gar en si­lla con­lle­va un cam­bio, y al em­pe­zar te pa­re­ce im­po­si­ble com­pa­gi­nar con la mis­ma mano el con­trol del aro de la si­lla y el mo­vi­mien­to de la ra­que­ta, pe­ro al fi­nal es prac­ti­car, prac­ti­car, prac­ti­car. Como to- do. Creo que el es­fuer­zo que se ha­ce es ma­yor en si­lla, pe­ro la esen­cia del jue­go es la mis­ma.

—Aho­ra no se ima­gi­na­rá ya sin el de­por­te en su vi­da.

—Aho­ra el de­por­te es mi vi­da. Es­toy to­do el día en ello. No me ima­gino sin de­por­te, no.

—Su sue­ño a cor­to pla­zo es­tá en Río. ¿Y a lar­go?

—Bueno, se­ría con­se­guir una me­da­lla en los Jue­gos de To­kio 2020, que ya se­ría in­creí­ble. Pe­ro lo prin­ci­pal es me­jo­rar ca­da día. Lue­go tam­bién es­tán los cua­tro grand slams.

—¿Qué su­per­fi­cie le gus­ta más?

—Me en­can­ta de­rra­par en tie­rra ba­ti­da con la si­lla, es una su­per­fi­cie di­ver­ti­da, aunque de­bes man­te­ner­te mu­cho tiem­po en mo­vi­mien­to pa­ra que las rue­das no se cla­ven.

XOÁN CAR­LOS GIL

El te­nis­ta vi­gués, en Ni­grán, con su úl­ti­mo tro­feo con­se­gui­do en Tar­bes (Fran­cia).

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