«Es un ma­ni­pu­la­dor que es­tu­dia y ana­li­za a sus víc­ti­mas pa­ra atraer­las»

La Voz de Galicia (Ourense) - - Galicia -

No es que fue­ra el hom­bre de sus vi­das y, de he­cho, re­co­no­cen que no lle­ga­ron a enamo­rar­se de él, pe­ro tan­to Ma­ría como Eva, nom­bres fic­ti­cios de es­tas dos mu­je­res de la co­mar­ca de Pon­te­ve­dra, ca­ye­ron en su día en la te­la­ra­ña de un don­juán que es­ti­man lle­va­ba vein­te años vi­vien­do a cos­ta de las mu­je­res. «Es una per­so­na muy fo­to­gé­ni­ca y sa­be muy bien có­mo ven­der­se an­te la cá­ma­ra. En las fo­tos que él te man­da, sí es un chi­co con cier­to atrac­ti­vo, es­tá bas­tan­te bien, pe­ro cuan­do lo ves en per­so­na... Yo me que­dé, es que no pue­de ser el mis­mo. No vas a ser una per­so­na que so­lo va por el fí­si­co y lo co­no­ces y, aunque no te gus­te en un pri­mer mo­men­to, por­que es ba­ji­to y sin dien­tes, te cau­ti­van otras co­sas de él», ex­pli­có la pri­me­ra.

De he­cho, el fí­si­co de quien se pre­sen­tó como Le­to fue lo que hi­zo que Eva, de 42 años, le pro­pu­sie­ra man­te­ner el pri­mer en­cuen­tro a os­cu­ras «y así el fí­si­co no nos coar­ta. No que­ría que su ima­gen me echa­ra pa­ra atrás por­que me gus­ta­ba como ha­bla­ba». Tras con­ver­sar un par de ho­ras y en­cen­der la luz, se di­jo, «ma­dre mía, es peor de lo que yo pen­sa­ba». Y sin em­bar­go, po­co a po­co, Le­to se las fue ga­nan­do.

La his­to­ria de las am­bas es, has­ta cier­to pun­to, si­mi­lar. Es­ta­ban pa­san­do por un mo­men­to per­so­nal com­pli­ca­do cuan­do, a tra­vés de una red so­cial, es­te ve­cino de Ma­rín, ac­tual­men­te asen­ta­do en la pro­vin­cia de Bur­gos, con­tac­tó con ellas. Eva sos­pe­cha que, me­dian­te dis­tin­tos per­fi­les, fue co­no­cien­do sus gus­tos has­ta que fi­nal­men­te el don­juán dio el pa­so. De es­te mo­do, «sa­bía exac­ta­men­te mis gus­tos. Sí, no tie­ne dien­tes, igual no me gus­ta fí­si­ca­men­te, pe­ro tie­ne otras co­sas», aco­ta Ma­ría. «Son co­sas que uti­li­za pa­ra ir­te ga­nan­do. Te en­cuen­tras con una per­so­na con la que tie­nes to­do en co­mún. Lo que te gus­ta­ría en­con­trar en una pa­re­ja, él te lo ofre­ce», aña­de Eva.

Si a Ma­ría le em­bau­có di­cién- «Estamos an­te una per­so­na­li­dad psi­co­pá­ti­ca». Es la opi­nión de Jor­ge Jiménez, psi­quia­tra cri­mi­nal que co­no­ce el ca­so del don­juán que em­bau­ca a las mu­je­res con las que con­tac­ta. Ayer lo ex­pli­có en el pro­gra­ma «Más que con­tar», que pre­sen­ta Gladys Vázquez en V Te­le­vi­sión. Jiménez ex­pli­có que es­te hom­bre «es un ma­ni­pu­la­dor do­le que era ta­tua­dor, a Eva lo hi­zo ase­gu­rán­do­le que era chef en uno de los res­tau­ran­tes con es­tre­lla Mi­che­lín de Poio. Sin em­bar­go, tie­nen en co­mún que pron­to su, en teo­ría, no­vio les de­ja caer los su­pues­tos pro­ble­mas eco­nó­mi­cos en los que se en­cuen­tra. «Él no te­nía un du­ro, no te­nía ab­so­lu­ta­men­te na­da y te iba pi­dien­do. Al fi­nal, aca­bas com­prán­do­le la ro­pa. Lo sos­tie­nes como si fue­ra tu hi­jo», re­la­ta es­ta úl­ti- que se de­di­ca al en­ga­ño. Tie­ne un en­can­to su­per­fi­cial con el que atrae a sus víc­ti­mas». Aña­de el psi­quia­tra que «es ca­paz de es­tu­diar­las y ana­li­zar­las pa­ra ha­cer una lec­tu­ra emo­cio­nal de ellas y sa­ber lo que les gus­ta y cuá­les son sus ne­ce­si­da­des. Va ha­cien­do un per­fil de sus víc­ti­mas pa­ra en­ca­jar de for­ma per­fec­ta en ellas». ma, mien­tras que Ma­ría ase­gu­ra que, en fon­do, fue afortunada. En el plano eco­nó­mi­co, so­lo per­dió ocho­cien­tos eu­ros que le pres­tó a Le­to y el cos­te de unas fac­tu­ras de una lí­nea de mó­vil.

Más acu­cian­te es la si­tua­ción de Eva. De­nun­cia que el que creía era su pa­re­ja de­jó sin abo­nar unos 2.500 eu­ros del al­qui­ler de un pi­so que, en su día, arren­da­ron en­tre am­bos y una can­ti­dad que pue­de ron­dar los cin­co mil eu­ros de­ri­va­dos del tiem­po que el don­juán, pre­sun­ta­men­te, re­si­dió en una ca­sa ru­ral. «Soy de las más per­ju­di­ca­das».

Echan­do la vis­ta atrás, aho­ra con 35 años, Ma­ría se pre­gun­ta qué pu­do ha­cer con es­ta per­so­na du­ran­te más de un año, «si no me apor­ta­ba na­da». «Te crea una es­pe­cie de en­gan­che —acla­ra Eva—, por­que es­tá ha­blán­do­te to­do el día y to­da la no­che, con­tro­la to­do mo­vi­mien­to que ha­ces, y al fi­nal, te crea una es­pe­cie de de­pen­den­cia. Te acos­tum­bras a que es­té pen­dien­te de ti. No di­ría que fue­ra enamo­ra­mien­to».

L. PENIDE

Las pon­te­ve­dre­sas Ma­ría y Eva bus­can aler­tar a otras mu­je­res del don­juán de Ma­rín.

El lo­cal co­mer­cial, que es­tá de obra, tie­ne unas vis­tas pri­vi­le­gia­das.

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