«Es­to es un re­to per­so­nal, pe­ro ser co­ci­ne­ro es al­go más se­rio»

La Voz de Galicia (Ourense) - - Ourense -

Un ca­ne­lón de tin­to men­cía re­lleno de ja­rre­te es­to­fa­do al vino tin­to so­bre cre­ma de fa­bas de Lou­ren­zá con ge­la­ti­na de men­cía otor­gó a al ou­ren­sano Ru­bén Amo­rín el pri­mer pre­mio de la cuarta edi­ción del con­cur­so gas­tro­nó­mi­co Vi­ña Do­cam­po, se­gui­do de Ana­bel Rodríguez con sus to­rri­jas de vino tin­to con com­po­ta de man­za­na y de Jo­sé Ma­nuel Mar­tí­nez con un ce­vi­che de tru­cha en vino Vi­ña do Cam­po. Pe­ro no ha si­do el úni­co pre­mio ob­te­ni­do por Amo­rín en los úl­ti­mos días. De he­cho tam­bién que­dó se­gun­do en el cer­ta­men de Xan­tar Gour­met, or­ga­ni­za­do en la fe­ria gas­tro­nó­mi­ca ou­ren­sa­na. Con es­tos re­co­no­ci­mien­tos, es­te li­cen­cia­do en em­pre­sa­ria­les con un ne­go­cio de­di­ca­do al már­ke­ting y ase­so­ra­mien­to de em­pre­sas en In­ter­net, su­ma ya un im­por­tan­te pal­ma­rés de ga­lar­do­nes co­se­cha­dos —al­gu­nos in­clu­so a ni­vel na­cio­nal— en los úl­ti­mos cua­tro años, des­de que de­ci­dió po­ner en mar­cha su blog pa­ra co­ci­ni­llas: «ni­ma­ta­nien­gor­da.com»

—¿Le gus­ta­ría de­di­car­se a la co­ci­na pro­fe­sio­nal­men­te?

—No, no. Ni se me ocu­rri­ría. Es­to de los con­cur­sos es una co­sa, es un re­to per­so­nal; pe­ro ser co­ci­ne­ro es al­go mu­cho más se­rio. Ade­más, cuan­do uno co­no­ce es­te sec­tor en pro­fun­di­dad sa­bes per­fec­ta­men­te has­ta don­de pue­des lle­gar. Me gus­ta la co­ci­na y soy ca­paz de ha­cer un cá­te­ri­ng o un show co­oking o de pre­pa­rar un pla­to pa­ra un con­cur­so y co­sas así; pe­ro yo creo que a los pro­fe­sio­na­les de la co­ci­na hay que res­pe­tar­los, tie­nen sus años de for­ma­ción en sus es­cue­las con to­do el co­no­ci­mien­to que eso da. Y apar­te, yo que tra­ba­jo con ellos en el ne­go­cio que ten­go sé que es una pro­fe­sión muy sa­cri­fi­ca­da.

—¿Cree que la ima­gen que da la te­le­vi­sión de es­ta pro­fe­sión es la co­rrec­ta?

—A ve­ces lo que se ve es­tá al­go dis­tor­sio­na­do; no es lo que su­po­ne real­men­te la co­ci­na y es­tar todos los días ahí pre­pa­ran­do y sir­vien­do cien me­nús. Yo he te­ni­do al­gu­na ex­pe­rien­cia, en al­gún chi­rin­gui­to en una fe­ria de la cer­ve- za, y aunque te­nía un ami­go co­ci­ne­ro al la­do, el es­trés de es­tar allí con una fi­la de vein­te per­so­nas es­pe­ran­do y tú sin po­der le­van­tar la ca­be­za, es tre­men­do. Aunque me en­can­ta­ría te­ner un bar de pin­chos o una gas­tro­ta­ber­na o al­go así, mi fa­mi­lia me ma­ta­ría por­que eso su­po­ne no te­ner prác­ti­ca­men­te más vi­da. En ge­ne­ral la gen­te de hos­te­le­ría es pa­ra ad­mi­rar, y yo que tra­ba­jo con ellos veo que es in­creí­ble la de­di­ca­ción que tie­nen y la can­ti­dad de ho­ra que le echan. Le­van­tán­do­se a las sie­te y yén­do­se a la una de la ma­dru­ga­da pa­ra ca­sa. Esos son los co­ci­ne­ros de ver­dad.

—Us­ted tra­ba­ja en el di­se­ño de webs y en el po­si­cio­na­mien­to de em­pre­sas en In­ter­net y re­des so­cia­les. ¿La hos­te­le­ría es un sec­tor de­li­ca­do en es­te te­rreno?

—Hoy estamos en un mo­men­to en el que la gen­te no se mue­ve de ca­sa ni ha­ce una re­ser­va, sea pa­ra ir a co­mer o a un ho­tel, sin en­trar en pá­gi­nas y ve co­men­ta­rios. Es nor­mal, so­bre to­do si no co­no­ces y es­tás de pa­so por una ciu­dad. Pe­ro tam­bién pue­de ser un ar­ma de do­ble fi­lo, so­bre to­do si la gen­te no sa­be ana­li­zar esas pá­gi­nas con va­lo­ra­cio­nes, por­que a ve­ces, un par de co­men­ta­rios ne­ga­ti­vos pue­den ha­cer que un es­ta­ble­ci­mien­to pa­se de los diez pri­me­ros, que son los que todos mi­ran, al es­tar más aba­jo en el rán­king. Sin em­bar­go, re­sul­ta que tie­ne mu­chas más opi­nio­nes bue­nas o muy bue­nas que otros.

—¿Us­ted se fía de ese ti­po de pá­gi­nas cuan­do tie­ne que ele­gir?

—Yo creo que todos nos fia­mos ca­da vez me­nos por­que hay co­sas que can­tan. Es cier­to que pue­des ir a co­mer a un res­tau­ran­te un día y te­ner una ex­pe­rien­cia fan­tás­ti­ca y si te pi­lla un sá­ba­do con mu­cha gen­te igual esa ex­pe­rien­cia ya no es la mis­ma, pe­ro se ha com­pro­ba­do que hay ve­ces que apa­re­cen co­men­ta­rios de pla­tos que ni si­quie­ra es­tán en la carta. Hay mu­cha pi­ca­res­ca y, so­bre to­do en las gran­des ciu­da­des, una ver­da­de­ra gue­rra de gue­rri­llas usan­do esas pá­gi­nas.

Ru­bén Amo­rín Díaz.

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