El Cel­ta mue­re de pie an­te el Se­vi­lla

Los cél­ti­cos no de­ja­ron de in­ten­tar­lo en una se­mi­fi­nal en la que to­do su­ce­dió en con­tra

La Voz de Galicia (Ourense) - - Deportes -

Ru­bén; Wass (Jonny, min. 64), Hu­go Ma­llo, Ser­gi Gó­mez, Pla­nas; Hernández, Mar­ce­lo (Ra­do­ja, min. 68), Ore­lla­na; Ia­go As­pas, Bon­gon­da y Gui­det­ti (Se­ñé, min. 71) De te­ner que mo­rir, ele­gir la ma­ne­ra. Y el Cel­ta eli­gió mo­rir de pie. Se que­dó sin su cuarta fi­nal de Co­pa en una eli­mi­na­to­ria en don­de to­do lo que su­ce­dió fue con­tra­rio a sus in­tere­ses. No fue ca­paz ni de ga­nar el par­ti­do de vuel­ta des­pués de una por­ten­to­sa ex­hi­bi­ción so­bre un la­go lla­ma­do Ba­laí­dos, pe­ro se de­jó has­ta el úl­ti­mo gra­mo de su es­fuer­zo sa­bién­do­se fue­ra del com­ba­te.

Si la ida de Se­vi­lla ha­bía si­do cruel, la vuel­ta no lo fue me­nos. Lo úni­co que su­mó fue el em­pu­je de los afi­cio­na­dos en el re­ci­bi­mien­to al equi­po y el de­rro­che de los pro­ta­go­nis­tas. Y la va­len­tía del To­to, que no so­lo apos­tó por to­do el ata­que, sino que bus­có pro­fun­di­dad en las ban­das con Wass y Pla­nas.

Aun en tan atre­vi­do plan, el Cel­ta se de­can­tó por co­cer el par­ti­do a fue­go len­to hu­yen­do del pun­to sui­ci­da del Piz­juán. Qui­so el ba­lón y bus­có el pa­se de se­gu­ri­dad an­te un Se­vi­lla que se sen­tía có­mo­do, y que li­de­ra­do por Krohn-Deh­li, in­ten­ta­ba ju­gar más allá del cen­tro del cam­po. De he­cho, fue el da­nés quien en­vió el pri­mer aviso con un dis­pa­ro al la­te­ral de la red.

Con todos sus pe­lo­te­ros en el cam­po, el Cel­ta no hi­zo la pre­sión al­ta como de cos­tum­bre ni se lan­zó a tum­ba abier­ta. Per­cu­tió pri­me­ro por la de­re­cha con Wass y po­co a po­co Ore­lla­na fue en­tran­do en jue­go, aunque ca­da vez que re­ci­bía el ba­lón te­nía a un ri­val en­ci­ma que le sa­ca­ba dos ca­be­zas y cua­tro cuer­pos. Lo me­jor es que a los vi­gue­ses no le fal­ta­ba pa­cien­cia ni fe. Por eso pu­so es­pe­rar, sin de­ses­pe­rar, a la me­dia ho­ra pa­ra que As­pas en­via­se el pri­mer aviso en una con­tra que atra­pó Ser­gio Ri­co. En la se­gun­da, tras un ex­ce­len­te ser­vi­cio de Ore­lla­na, ga­nó la par­ti­da y mar­có tras no po­der lle­gar al ba­lón el me­ta se­vi­llis­ta.

El arran­que del se­gun­do tiem­po fue un to­rren­te. Con el cam­po, re­cién es­tre­na­do, im­prac­ti­ca­ble por su fal­ta de dre­na­je, los ce­les­tes se vol­ca­ron con cen­tros des­de los cos­ta­dos y el se­gun­do gol lle­gó por aco­so y de­rri­bo. La suer­te se alió con el Se­vi­lla en un mal des­pe­je de Ser­gio Ri­co y un re­ma­te a por­te­ría va­cía de Ia­go As­pas que sa­lió fue­ra de un mo­do in­com­pren­si­ble, pe­ro el por­te­ro se­vi­llis­ta no pu­do atra­par un cen­tro de Wass y As­pas se to­mó la re­van­cha mar­can­do el se­gun­do de ca­be­za.

Era el mo­men­to. El Cel­ta es­ta­ba a dos go­les de igua­lar la eli­mi­na­to­ria y no des­car­ta­ba un im­po­si­ble, pe­ro el sue­ño du­ró un par de mi­nu­tos. El tiem­po que tar­dó Ba­ne­ga en apro­ve­char­se de un des­ajus­te pa­ra mar­car de ti­ro cru­za­do. Con la eli­mi­na­to­ria más que sen­ten­cia­da, Mar­tí­nez Mu­nue­ra tam­bién qui­so to­mar par­ti­do por el vir­tual finalista y per­do­nó la ro­ja a Ser­gio Ri­co en un pe­nal­ti so­bre Gui­det­ti. Le sa­có ama­ri­lla. Y por en­ci­ma, el sue­co es­tre­lló la pe­na má­xi­ma en el pa­lo. Fue la cons­ta­ta­ción de la Ley de Murphy en la se­mi­fi­nal, por­que a par­tir de aquí, y pe­se a que el cam­po es­ta­ba im­prac­ti­ca­ble, to­do lo que fac­tu­ró en ata­que el Cel­ta no sir­vió de na­da. Ni un re­ma­te me­di­do de Ore­lla­na al que lle­gó en es­ta oca­sión Ri­co, ni un par de lle­ga­das de Bon­gon­da a quien le per­dió la fuer­za en el cen­tro. Pe­ro ni así de­jó de per­sis­tir en su odi­sea el Cel­ta, que pa­ra col­mo de ma­les vio como en una ju­ga­da ais­la­da Ko­noplyan­ka em­pa­ta­ba el par­ti­do.

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