El chó­fer, po­si­ti­vo en dro­gas; las usua­rias, ti­ra­das en la A-52

La Voz de Galicia (Ourense) - - Ourense -

Mil eu­ros y seis pun­tos del car­né de con­du­cir, apar­te de una pre­vi­si­ble­men­te se­ve­ra pér­di­da de repu­tación en las re­des so­cia­les, es lo que ha de­ja­do el car­na­val del 2016 a un ve­cino de Vi­go que la semana pa­sa­da se ha­bía ofre­ci­do a com­par­tir co­che has­ta Ve­rín. Se le cru­zó la ope­ra­ción En­troi­do de la Guar­dia Ci­vil de Trá­fi­co. Y cuan­do cir­cu­la­ba por la A-52, de char­la con las tres chi­cas a quie­nes ha­bía re­co­gi­do en su Volks­wa­gen Po­lo pa­ra ha­cer ese via­je y po­der dis­fru­tar de una de las ci­tas de la fies­ta más se­ña­la­da de la ca­pi­tal del Val de Mon­te­rrei, se en­con­tró con un con­trol. Se­gu­ra­men­te ig­no­ra­ba que apar­te de una bo­qui­lla pa­ra so­plar y ver qué de­cía el al­coho­lí­me­tro, le iban a dar un bas­ton­ci­llo pa­ra re­co­ger una mues­tra de sa­li­va y com­pro­bar de ese mo­do si ha­bía to­ma­do dro­gas. Su po­si­ti­vo en THC, es de­cir, en can­na­bis, hu­bie­ra si­do un problema me­ra­men­te per­so­nal, pe­ro ad­qui­rió otra di­men­sión al afec­tar a tres per­so­nas aje­nas, tres chi­cas que se ha­bían subido en un co­che des­co­no­ce­do­ras de la si­tua­ción y de las con­di­cio­nes en las que se en­con­tra­ba el con­duc­tor.

Se ha­bían pues­to en con­tac­to por me­dio de la apli­ca­ción Bla Bla Car. Ayer mis­mo, pa­ra cu­brir el mis­mo tra­yec­to y sin fe­cha con­cre­ta, ha­bía va­rias ofer­tas. En­tre ocho y diez eu­ros como apor­ta­ción. Se tra­ta de com­par­tir gas­tos, aunque, si uno quie­re ir des­de Can­gas a Ve­rín el día 1 de ma­yo, por ejem­plo, el via­je subía de en­tra­da has­ta los 31 eu­ros.

In­mo­vi­li­za­do en la ga­so­li­ne­ra

El con­duc­tor del Po­lo no po­día se­guir al vo­lan­te tras el po­si­ti­vo en dro­gas, se­gún le ex­pli­ca­ron los agen­tes de la Guar­dia Ci­vil de Trá­fi­co cu­ya pre­sen­cia en la A-52 era más que una lla­ma­da de aten­ción pa­ra fes­tei­ros y usua­rios en ge­ne­ral. ¿Al­gu­na de us­te­des pue­de con­du­cir?, pre­gun­ta- ron a quie­nes, en el in­te­rior del uti­li­ta­rio, veían como otros co­ches avan­za­ban y ellas per­ma­ne­cían atas­ca­das. Nin­gu­na con­du­cía. El co­che no po­día que­dar en el ar­cén, o en una ace­ra, como hu­bie­ra ocu­rri­do si el es­ce­na­rio fue­ra otro. Ha­bía que re­ti­rar­lo de la au­to­vía. Uno de los guar­dias se pu­so al vo­lan­te y en la pri­me­ra sa­li­da se di­ri­gió ha­cia una es­ta­ción de ser­vi­cio, la de Tras­mi­ras.

En­tre unas ma­nio­bras y otras, las chi­cas ya ha­bían em­pe­za­do a bus­car so­lu­cio­nes. Lla­ma­ron a ca­sa. El pa­dre de una de ellas se des­pla­zó has­ta la mis­ma ga­so­li­ne­ra de A Li­mia don­de que­dó el Po­lo has­ta que, tiem­po des­pués, pa­sa­das unas cuan­tas ho­ras, el con­duc­tor lo re­ti­ró.

Si aquel pa­dre que se des­pla­zó de for­ma ines­pe­ra­da has­ta Tras­mi­ras, o los pa­dres de las otras chi­cas atra­pa­das por un exceso ajeno, les con­ta­ron có­mo ha­bía per­di­do fuer­za el du­ran­te años muy po­pu­lar fe­nó­meno del au­tos­top —a raíz de la mul­ti­pli­ca­ción de de­nun­cias de agre­sio­nes se­xua­les y ro­bos en uno u otro sen­ti­do— o si re­fle­xio­na­ron so­bre el ries­go que su­po­ne po­ner la vi­da en ma­nos de un des­co­no­ci­do, lo sa­ben ellos. Por­que ga­ran­tías, lo que se di­ce ga­ran­tías, son re­la­ti­vas.

Lle­var a tres des­co­no­ci­dos en un co­che ni es de­li­to ni da lu­gar a una san­ción ad­mi­nis­tra­ti­va, aunque ta­xis­tas y em­pre­sas de trans­por­te pon­gan el gri­to en el cie­lo por es­te sis­te­ma de trans­por­te. Pe­ro dar po­si­ti­vo en dro­gas cues­ta mil eu­ros.

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