«No pa­ra­ba de re­pe­tir­me que su vi­da es­ta­ba es­ca­ra­lla­da des­pués de lo que ha­bía he­cho»

La Voz de Galicia (Ourense) - - Galicia -

El pri­mer teniente de al­cal­de de Be­ce­rreá, Clau­dio Vázquez, tu­vo que pro­ta­go­ni­zar el jue­ves el pa­pel de in­ter­me­dia­rio en­tre el pre­sun­to ho­mi­ci­da y los agen­tes de la Guar­dia Ci­vil. Fue al úni­co a quien O Cha­ma­co qui­so en­tre­gar­se tras ha­ber­le con­fe­sa­do a su ami­go Luis de Can­tiz que le ha­bía dis­pa­ra­do a su esposa. Vázquez lo lle­vó al cuar­tel en su co­che, y ayer de­cla­ró an­te la Guar­dia Ci­vil so­bre lo ocu­rri­do.

—¿Có­mo fue­ron los cin­co ki­ló­me­tros con el pre­sun­to ho­mi­ci­da en el co­che?

—Lo pri­me­ro que hice fue ga­ran­ti­zar que él de­ja­ba el ar­ma pa­ra evi­tar un po­si­ble ata­que. Des­pués de eso fui a re­co­ger­lo en el co­che. Se subió en el asien­to de atrás y, muy ner­vio­so y bal­bu­cean­te, me Vázquez lle­vó en su co­che al su­pues­to ase­sino has­ta el cuar­tel de la Guar­dia Ci­vil

de­cía in­sis­ten­te­men­te que su vi­da es­ta­ba es­ca­ra­lla­da des­pués de lo que ha­bía he­cho. No pa­ra­ba de re­pe­tír­me­lo. Pa­ra tran­qui­li­zar­lo le di­je que no se preo­cu­pa­ra, que to­do se arre­gla­ría.

—Era una si­tua­ción com­pli­ca­da. ¿No tu­vo us­ted mie­do?

—Nin­guno. Vi­ne to­tal­men­te tran­qui­lo. Los dos vi­ni­mos ha­blan­do. Yo lle­vo 65 años en Be­ce­rreá y vi­ví mu­chas si­tua­cio­nes di­fí­ci­les ya que in­clu­so tra­ba­jé en una fu­ne­ra­ria. Me tu­ve que enfrentar a otros mo­men­tos que pa­ra mí re­sul­ta­ron mu­cho más com­pli­ca­dos como, por ejem­plo, re­co­ger en una cu­ne­ta al me­jor ami­go que te­nía en Be­ce­rreá, mi her­mano. Ha­bía su­fri­do un in­far­to. Pre­ci­sa­men­te el día del cri­men se cum­plie­ron años de su muer­te. Fue una de las ra­zo­nes por las cua­les me emo­cio­né ha­blan­do en la concentración con­tra la vio­len­cia de gé­ne­ro.

—¿Le hi­zo al­gún co­men­ta­rio so­bre la razón que le lle­vó a dis­pa­rar?

—Me co­men­tó que era una si­tua­ción que no aguan­ta­ba más y que en un arre­ba­to ha­bía co­gi­do la es­co­pe­ta que tie­ne por­que es ca­za­dor in­te­gran­te de una cua­dri­lla de Be­ce­rreá. Su in­fan­cia real­men­te no fue muy bue­na y fi­nal­men­te no con­si­guió su­pe­rar la si­tua­ción que se le ha­bía pre­sen­ta­do den­tro de la re­la­ción que man­te­nía.

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