«Me re­ga­ló co­sas de sus otras víc­ti­mas»

La Voz de Galicia (Ourense) - - Galicia -

«Me co­gió la car­ti­lla y me ro­bó to­do el di­ne­ro que te­nía».

«Lo mío su­ce­dió en­tre 1998 y enero del 2000. Me aisló del mundo y me ale­jó de mi fa­mi­lia, has­ta el pun­to de que no me ha­bla­ba con mis pa­dres y mi her­mano de­jó de ha­blar­me, como ami­gos y co­no­ci­dos. Veían lo que yo no que­ría ver y ha­cía to­do lo que él de­cía. Ade­más, en­ga­ñó a co­no­ci­dos míos con pro­me­sas de pro­duc­tos mó­vi­les no­ve­do­sos, que lue­go tu­ve que pa­gar yo. Y me ro­bó di­ne­ro de mi cuen­ta, ya que me co­gió la car­ti­lla y me qui­tó to­do el di­ne­ro que te­nía en ella».

«Tar­dé años en su­pe­rar la des­con­fian­za».

«Fui su víc­ti­ma. Fui una im­bé­cil re­do­ma­da y tar­dé años en su­pe­rar la des­con­fian­za que me pro­du­cía co­no­cer a otras per­so­nas. Hoy soy una mu­jer li­bre de esos mie­dos, pe­ro fue un pa­sa­do du­ro y so­bre to­do in­jus­to. El di­ne­ro o los ob­je­tos que me sus­tra­jo en reali­dad fue­ron anec­dó­ti­cos… Una tie­ne que re­co­no­cer que ha si­do idio­ta y pa­sar pá­gi­na. Lo di­fí­cil fue lo que sus­tra­jo emo­cio­nal­men­te. To­da­vía pien­so en él y se me re­vuel­ve el es­tó­ma­go ¿Có­mo pu­de ser tan es­tú­pi­da? Como sus víc­ti­mas sue- len ser in­te­li­gen­tes, cues­ta mu­cho tra­ba­jo re­co­no­cer que te han chu­lea­do. A mí al me­nos me lle­vó mu­cho tiem­po. Mi­me­ti­zó mi vi­da en­te­ra y la hi­zo su­ya mien­tras yo me de­san­gra­ba en su­fri­mien­to».

«Me de­jó un agujero eco­nó­mi­co y otro emo­cio­nal».

«Es­te per­so­na­je irrum­pió en mi vi­da ha­ce la frio­le­ra de 15 años. Con­ta­ba yo 17 y mi pa­dre ha­bía fa­lle­ci­do dos años an­tes, así que no era la más es­ta­ble emo­cio­nal­men­te. Yo era una ado­les­cen­te pe­cu­liar, muy ma­du­ra, gó­ti­ca, aman­te de In­ter­net y apa­re­ció. Ha­blar con él era ha­blar como con un es­pe­jo. Yo es­cri­bía, él tam­bién. Me in­tere­sa­ban los or­de­na­do­res, él era un hac­ker tre­men­do. Yo ha­bía per­di­do a mi pa­dre en una en­fer­me­dad lar­ga y dolorosa, él era huér­fano. Me re­ga­ló co­sas que lue­go des­cu­brí ha­bían per­te­ne­ci­do a otra víc­ti­ma o a otras víc­ti­mas. A los dos me­ses de con­vi­ven­cia, cuan­do ya ha­bían des­apa­re­ci­do de­ma­sia­dos ob­je­tos de mi pi­so, le di­je que se fue­ra. De­jó un agujero eco­nó­mi­co de­trás, un gran agujero emo­cio­nal tam­bién, pe­ro por suer­te de to­do se sa­le».

«Cuan­do lo des­cu­brí, em­pe­zó con ame­na­zas gra­ves».

«Me se­du­jo par­tien­do de his­to­rias que más ade­lan­te ave­ri­güé que eran fal­sas… Ni tra­ba­ja­ba de lo que me di­jo, ni vi­vía don­de me di­jo. Me pro­me­tió una vi­si­ta a Ma­llor­ca y di­jo que que­ría que fué­ra­mos a vi­vir jun­tos a Bar­ce­lo­na. A los me­ses de man­te­ner la farsa con­mi­go, des­cu­brí que es­ta­ba man­te­nien­do una re­la­ción pa­ra­le­la con otra per­so­na. Al ver que lo des­cu­brí, em­pe­za­ron las lla­ma­das in­sis­ten­tes, y lo peor de to­do, las ame­na­zas gra­ves a mi per­so­na».

«No pu­de evi­tar de­jar­me en­ga­tu­sar».

«Lo co­no­cí en Bar­ce­lo­na en el 2014 me­dian­te una red so­cial. En ese mo­men­to ini­cia­ba mi ca­rre­ra como ta­tua­do­ra y él se pre­sen­tó como ta­tua­dor pro­fe­sio­nal muy interesado y ad­mi­ra­do de mi es­fuer­zo, cual­quier co­sa que yo ha­cía le re­sul­ta­ba ad­mi­ra­ble. Su in­te­li­gen­cia y cul­tu­ra, in­ne­ga­ble, de ma­ne­ra que no pu­de evi­tar de­jar­me en­ga­tu­sar por sus ha­bi­li­da­des. Se ins­ta­ló en mi ca­sa, me re­ga­ló di­ver­sas co­sas ro­ba­das a otras chi­cas, me co­ci­na­ba, me abra­za­ba y me mi­ma­ba».

«Me sa­có 800 eu­ros y la con­fian­za en los hom­bres».

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