«Mi hu­mor lo de­fi­ne la mez­cla de la re­tran­ca ga­lle­ga y la tra­ca va­len­cia­na»

La Voz de Galicia (Ourense) - - Cultura -

Re­cuer­da cuan­do le pre­gun­ta­ron a Miguel Gi­la cuál era el me­jor hu­mo­ris­ta de Es­pa­ña y res­pon­dió: «Mi­re, los có­mi­cos no so­mos atle­tas, no­so­tros no com­pe­ti­mos». De todos mo­dos, Gi­la hi­zo su pe­cu­liar cla­si­fi­ca­ción: «Yo se­ría un se­ñor de cien me­tros li­sos, si me po­ne 200 ya can­so. Mon­cho Borrajo es de ma­ra­tón, si le po­ne cien me­tros no le lle­ga». Eso fue ha­ce años y aho­ra, Ra­món Borrajo Do­mar­co (Ba­ños de Mol­gas, 1949), pa­ra todos, Mon­cho Borrajo, ha de­ci­di­do pa­sar­se a las dis­tan­cias más cor­tas con su par­ti­ci­pa­ción en Noi­tes de re­tran­ca. Lo ha­ce con Mo­fa e Be­fa y ac­tua­rán en A Co­ru­ña (Tea­tro Co­lón, 26 de fe­bre­ro, 21 ho­ras), Ou­ren­se (Au­di­to­rio, día 27, 21 ho­ras) y Pon­te­ve­dra (Pazo da Cul­tu­ra, día 28, 19 ho­ras).

—¿Por qué «Noi­tes de re­tran­ca»?

—La per­so­na que lo lle­va me lla­mó y me di­jo que le in­tere­sa­ba que yo hi­cie­ra unos mo­nó­lo­gos con al­guien. Le di­je que no te­nía in­con­ve­nien­te, lo que pa­sa es que es­toy acos­tum­bra­do a es­pec­tácu­los muy lar­gos y ahí ten­dré que ce­ñir­me a 30 o 40 mi­nu­tos.

—¿Qué va ha­cer?

—Yo voy a ha­cer un mo­nó­lo­go que es la his­to­ria de Es­pa­ña, una co­ña que te­nía en un es­pec­tácu­lo don­de em­pie­zo con Atapuerca y Al­ta­mi­ra has­ta que lle­gue un mo­men­to en el que so­na­rá un des­per­ta­dor y se me aca­bó el tiem­po. Es­toy en­can­ta­do, es otra op­ción y una for­ma de que me vea otro ti­po de pú­bli­co que no es­tá acos­tum­bra­do a ver­me.

—¿Qué ti­po de pú­bli­co va a ver­le?

—Me ima­gino que Mo­fa e Be­fa lle­va­rán su pú­bli­co, que se­rá jo­ven, y yo lle­va­ré el mío que se­rá un po­co ma­yor. Creo que se­rá una bue­na opor­tu­ni­dad pa­ra que los más jó­ve­nes que no me han vis­to ac­tuar nun­ca di­gan: «¡Co­ño!, es­te tío ha­ce mo­nó­lo­gos», sin sa­ber que los ha­go des­de ha­ce 45 años. Hay gen­te que como no sa­les en la te­le no te co­no­ce. Una vez un se­ñor fue a ver mi mu­seo en Ba­ños de Mol­gas y em­pe­zó a ver tro­feos y pre­mios y di­jo: «An­da, ca­ra­llo, o Mon­cho é máis co­ñe­ci­do que Os To­ne­chos» [ri­sas].

—¿Cree que ten­dría que sa­lir más en te­le­vi­sión?

—To­das las te­le­vi­sio­nes son po­lí­ti­ca­men­te co­rrec­tas. Y, ade­más, yo ten­go una fa­ma —que no sé de don­de ha sa­li­do— de ser un gro­se­ro; pe­ro he oí­do ver­da­de­ras bu­rra­das en te­le­vi­sión y na­die ha pues­to el gri­to en el cie­lo. Tam­bién es cier­to que mi si­tio na­tu­ral es el tea­tro y el cabaré. La te­le­vi­sión y yo estamos un po­co re­ñi­dos por­que es un tiem­po muy li­mi­ta­do, el pú­bli­co lo tie­nes muy le­jos y a mí no me gus­ta que les man­den aplau­dir.

—De re­tran­ca sa­brá un ra­to, ¿no?

—Que yo se­pa, sí. Lle­vo mu­cho tiem­po vi­vien­do en el des­can­si­llo, no sé si subo o si ba­jo. Hay una co­sa que de­fi­ne bien mi hu­mor, apar­te de que vi­ví 16 años en Va­len­cia, y es la re­tran­ca ga­lle­ga y la tra­ca va­len­cia­na, que las ten­go jun­tas. Es una bue­na mez­cla.

—¿Qui­so ser ar­qui­tec­to?

—Es­tu­dié ar­qui­tec­tu­ra, pe­ro lo de­jé en ter­ce­ro, soy apa­re­ja­dor. Nun­ca he cons­trui­do na­da. Lo que sí ten­go, y me sien­to muy or­gu­llo­so, es el tí­tu­lo de Ar­qui­tec­to de Hon­ra de Ga­li­cia.

—¿Si­gue pin­tan­do y ex­po­nien­do?

—Sí, lo que pa­sa es que la pin­tu­ra es­tá muy mal úl­ti­ma­men­te. En es­te país no hay una ley de me­ce­naz­go. En el res­to de Eu­ro­pa com­prar un cua­dro des­gra­va y aquí te po­nen un im­pues­to; en­ton­ces, ¿quién va a ser co­lec­cio­nis­ta?

—¿Qué tal va «Mon­cho Pan­za»?

—Lle­va­mos nue­ve me­ses y si­gue sien­do un éxi­to. Es­toy muy con­ten­to por­que ahí se cie­rra la tri­lo­gía: Gol­fus His­pá­ni­cus; Yo, Que­ve­do; y Mon­cho Pan­za... A mis 66 años es un lu­jo se­guir ha­cien­do tea­tro.

—¿Pien­sa ya en otro pro­yec­to?

—Ya es­tá he­cho, ya es­tá pen­sa­do pa­ra el año que vie­ne. Ter­mi­na­re­mos Mon­cho Pan­za es­te año, nos que­dan mu­chas ciu­da­des im­por­tan­tes. Ra­ra vez lle­gan al cas­te­llano vo­ces nue­vas de la li­te­ra­tu­ra ru­sa, que pu­die­ra pa­re­cer con­ge­la­da en la era do­ra­da de Push­kin, Ché­jov, Tols­tói, Tur­gué­nev, Dos­toievs­ki, un uni­ver­so por ado­rar. Y, sin em­bar­go, de vez en cuan­do sur­ge el mi­la­gro y una obra rom­pe ese tó­pi­co, como ocu­rrió con la jo­ven pe­rio­dis­ta da­gues­ta­ní Ali­sa Ga­níe­va (Ma­jach­ka­lá, 1985), de la que Mar­ta Re­bón tra­du­jo pa­ra Tur­ner su pri­me­ra no­ve­la, La mon­ta­ña fes­ti­va. Ga­níe­va na­ció en es­te te­rri­to­rio cau­cá­si­co, a ori­llas del mar Cas­pio, y sa­be de lo que ha­bla cuan­do, en su re­la­to, re­tra­ta una so­cie­dad deses­truc­tu­ra­da, con una ju­ven­tud atra­pa­da en­tre la per­sis­ten­cia de una año­ran­za co­mu­nis­ta idea­li­za­do­ra, la fas­ci­na­ción bo­ba por el con­su­mis­mo y las re­des so­cia­les (la ba­na­li­dad de la glo­ba­li­za­ción), la corrupción en la dé­bil de­mo­cra­cia ru­sa, los na­cio­na­lis­mos, las dro­gas, el se­xis­mo y el fal­so ha­lo de romanticismo éti­co que ro­dea el am­bien­te de los ex­tre­mis­mos is­lá­mi­cos. En fin, un cóc­tel ex­plo­si­vo que es­ta­lla cuan­do se desata el ru­mor de que el Go­bierno ru­so pre­ten­de le­van­tar una mu­ra­lla pa­ra ais­lar del res­to de la fe­de­ra­ción las pro­vin­cias mu­sul­ma­nas del Cáu­ca­so. A es­ta si­tua­ción de caos y vio­len­cia opo­ne Ga­níe­va ju­ven­tud, di­ver­si­dad y an­sia de ver­da­de­ra li­ber­tad.

PA­CO RODRÍGUEZ

Borrajo ac­tua­rá en A Co­ru­ña, Ou­ren­se y Pon­te­ve­dra.

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