«Yo voy sin fil­tro»

La Voz de Galicia (Ourense) - - El Tiempo - JOR­GE CA­SA­NO­VA

El en­cuen­tro con Nerea Ba­rros (San­tia­go, 1981) es im­po­si­ble. Tras ci­tar­nos y des­ci­tar­nos va­rias ve­ces, la ac­triz pierde el avión y se que­da en Ma­drid. Se dis­cul­pa («Te de­bo un li­cor ca­fé o al­go») y me com­pen­sa con una lar­guí­si­ma en­tre­vis­ta te­le­fó­ni­ca que me obli­ga a un do­lo­ro­so ejer­ci­cio de sín­te­sis. Nerea ha­bla mu­cho. Pe­ro mu­cho, mu­cho. Lo que si­gue es so­lo un pe­que­ño ex­trac­to.

—¿Que es­tá ha­cien­do aho­ra?

—Estamos pre­pa­ran­do la se­gun­da par­te de Sol y Lu­na, un ro­da­je que se va a tras­la­dar a San­to Do­min­go y ten­go dos pe­lí­cu­las ga­lle­gas muy in­tere­san­tes pa­ra el año que vie­ne. Tam­bién es­toy pre­pa­ran­do un cás­ting pa­ra ha­cer Trains­pot­ting en tea­tro.

—El Go­ya le abri­ría mu­chas puer­tas.

—So­bre to­do fren­te a gen­te que no te co­no­ce y, de re­pen­te, te vi­sua­li­za. In­clu­so a ni­vel in­ter­na­cio­nal. En los pre­mios del ci­ne eu­ro­peo me en­con­tré en la mis­ma al­fom­bra que Ch­ris­top­her Waltz, ¡y me dio la en­ho­ra­bue­na! Me que­dé como una grou­pie. Lue­go apa­re­ció Mi­chael Cai­ne. Ima­gí­na­te, esa gen­te, a la que ad­mi­ro tan­to, es­tán ahí y te fe­li­ci­tan...

—Creo que el otro día, en la al­fom­bra de los Go­ya, tu­vo otro mo­men­to así...

—Sí, ja, ja, ja. Con Tim Rob­bins, Es que ima­gí­na­te que yo iba por allí in­ten­tan­do pa­sar des­aper­ci­bi­da, por­que so­lo iba a en­tre­gar un pre­mio. Y cuan­do vi a Tim Rob­bins... me sa­lió del al­ma. Me lan­cé a abra­zar­lo. El tío se par­tía de ri­sa. Mi ma­qui­lla­do­ra me lo di­ce: yo voy sin fil­tro. Por cier­to, lue­go tu­ve la opor­tu­ni­dad de ha­blar con él en una fies­ta pri­va­da y es un tío su­per­ma­jo, en­can­ta­dor. El año pa­sa­do me pa­só lo mis­mo con An­to­nio Ban­de­ras.

—Por cier­to, ¿dón­de guar­da el Go­ya?

—Lo ten­go en mi es­cri­to­rio, el lu­gar don­de tra­ba­jo y me de­vano los se­sos. Cuan­do me blo­queo, lo mi­ro y me sir­ve como es­tí­mu­lo.

—¿Qué le pa­re­ció la ce­re­mo­nia de es­te año? Ha ha­bi­do crí­ti­cas.

—Los Go­ya son al­go ma­ra­vi­llo­so, pe­ro es­te año ha ha­bi­do mu­cho re­vue­lo y se ha in­ten­ta­do juz­gar a va­rias per­so­nas. Se han co­me­ti­do erro­res que de­be­mos co­rre­gir. Se ha ido muy en­ci­ma de Da­ni [Ro­vi­ra] y la ga­la no la ha he­cho

él so­lo.

—En la Wi­ki­pe­dia po­ne que us­ted es «ac­triz y en­fer­me­ra»

—Yo siem­pre qui­se ser ac­triz. De pe­que­ña no lo sa­bía, pe­ro mi pri­mer re­cuer­do es en el pa­si­llo de mi ca­sa con una ba­ta de mi ma­dre y unos za­pa­tos de ta­cón pa­sean­do de­lan­te de los es­pe­jos. A los 15 años tu­ve la suer­te de cru­zar­me con Xavier Ber­mú­dez, que me eli­gió pa­ra Ne­na, y ahí se cum­plió mi sue­ño de ser ac­triz. Pe­ro tam­bién en­ten­dí que de ese sue­ño ya no me iba a ba­jar na­die.

—¿Y lo de en­fer­me­ra?

—Mis pa­dres qui­sie­ron que es­tu­dia­ra otra co­sa por si fa­lla­ba lo de ac­triz. Y por eso hice En­fer­me­ría. Tra­ba­jar en un hospital me ha ser­vi­do de mu­cho. Ayu­dar a los en­fer­mos, a las fa­mi­lias... Te das cuen­ta de cuá­les son los ver­da­de­ros pro­ble­mas. Se pue­de te­ner mu­cha téc­ni­ca, pe­ro si no eres ca­paz de sen­tir lo que hay a tu al­re­de­dor, no eres ca­paz de ha­cer un buen pa­pel.

—Ya lle­va va­rios años en Ma­drid, ¿qué echa de me­nos?

—To­do. La tie­rra, la llu­via. Aquí la gen­te llue­ve tres días y se de­pri­me. Es­tán muy mal acos­tum­bra­dos. Y la co­mi­da. Yo aquí, el pes­ca­do no lo to­co si no es de mu­cha con­fian­za. Los hue­vos me los man­da mi ma­dre, la ver­du­ra tam­bién.

—¿Y có­mo ha­ce?

—Por men­sa­je­ro.

—¿Sa­bría pre­pa­rar un buen cal­do?

—En co­ne­xión wi­fi con mi pa­dre, sí. Una vez, en Ba­li, vi­mos a un se­ñor có­mo sa­ca­ba unos pul­pos del mar. Se los compramos y fui­mos a bus­car una bo­te­lla de acei­te de oli­va que nos cos­tó 20 eu­ros y, pa­ra ha­cer­los, tu­ve que lla­mar a mi pa­dre. Pe­ro eso sí, co­mi­mos el pul­po a la ga­lle­ga.

—Su pa­re­ja (Juan Ibá­ñez, una de las hor­mi­gas de «El Hor­mi­gue­ro») es tam­bién muy po­pu­lar. ¿Se acos­tum­bra a sa­lir en las re­vis­tas?

—Es com­pli­ca­do. Hay co­sas que va­len la pe­na, pe­ro otras no. A ve­ces ves a un ni­ño con los ojos lle­nos de lá­gri­mas, y es ma­ra­vi­llo­so. Pe­ro otro día igual sa­les por la no­che y te en­cuen­tras con un bo­rra­cho que em­pu­ja a Juan por­que lo ha vis­to en te­le­vi­sión. Su­pon­go que pa­ra Pe­né­lo­pe Cruz y su ma­ri­do es mu­cho más com­pli­ca­do. No­so­tros estamos aún en un pun­to en que el equi­li­brio es po­si­ble.

—¿Qué es lo más im­por­tan­te en la vi­da?

—Es­tar bien con uno mis­mo y sa­ber ele­gir y no ha­cer a los de­más lo que no quie­res que te ha­gan a ti y so­ñar y sa­ber que hay que lu­char; y...

ILUS­TRA­CIÓN: PIN­TO & CHIN­TO

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