La po­li­cía ha­lla prue­bas que se­ña­lan al muer­to como au­tor de la ex­plo­sión del pi­so de Vi­go

Sos­pe­cha que abrió la lla­ve del gas de for­ma in­ten­cio­na­da

La Voz de Galicia (Ourense) - - Galicia - E. V. PI­TA

La in­ves­ti­ga­ción po­li­cial acha­ca al fa­lle­ci­do la au­to­ría de la ex­plo­sión de gas en un pi­so de Vi­go que obli­gó a des­alo­jar a 66 ve­ci­nos el día 9. To­do apun­ta a que el im­pli­ca­do abrió el gas bu­tano de for­ma in­ten­cio­na­da pe­ro erró en sus cálcu­los y, sin que­rer, in­cen­dió su pi­so y vo­ló su ca­sa por los ai­res. La on­da ex­pan­si­va de­rri­bó las puer­tas blin­da­das de las sie­te plan­tas del in­mue­ble, rom­pió los cris­ta­les de 22 vi­vien­das, ave­rió el as­cen­sor y des­tro­zó las es­ca­le­ras del sex­to. Des­de ha­ce una semana, 46 ve­ci­nos vi­ven en un ho­tel por­que el Concello no otor­ga la habitabilidad al in­mue­ble.

La po­li­cía en­tre­gó ayer a la jue­za de ins­truc­ción nú­me­ro 1 de Vi­go su in­for­me en el que atri­bu­ye la au­to­ría de la de­fla­gra­ción al ve­cino del sex­to A del nú­me­ro 6 de la ca­lle San Salvador. La con­clu­sión más ra­zo­na­ble es que el ve­cino no te­nía in­ten­ción de ha­cer da­ño a na­die pe­ro hu­bo al­go que no se hi­zo bien, qui­zás por un error de cálcu­lo, y cau­só da­ños co­la­te­ra­les ines­pe­ra­dos. Los in­ves­ti­ga­do­res se ba­san en tres prue­bas pa­ra atribuir la au­to­ría a Ra­món Gon­zá­lez Sanz, un con­ta­ble de 45 años en pa­ro, que vi­vía so­lo y que era se­cre­ta­rio del dis­tri­to de Ca­sa­blan­ca del PP.

En pri­mer lu­gar, la au­top­sia re­ve­ló que la víc­ti­ma acu­mu­ló un gran vo­lu­men de hu­mo en sus pul­mo­nes, pues es­tu­vo ex­pues­to lar­go tiem­po a una concentración de gas bu­tano, lo que ge­ne­ró una bol­sa den­tro del pi­so. Se­guía vi- vo en el mo­men­to de la de­fla­gra­ción por­que tam­bién mu­rió por las que­ma­du­ras en el in­cen­dio.

La se­gun­da prue­ba es que los po­li­cías cien­tí­fi­cos han vis­to se­ña­les, en­tre los res­tos y es­com­bros, de que el sis­te­ma de gas fue ma­ni­pu­la­do, qui­zás por error.

Se­gún la po­li­cía, exis­te una «carta» ma­nus­cri­ta, que es la ter­ce­ra prue­ba. El hom­bre ha­bría in­ser­ta­do la no­ta den­tro de un por­ta­fo­lios que de­jó de­po­si­ta­do en la se­de del Co­le­gio de Ti­tu­la­dos Mer­can­ti­les, a la que acu­día ca­si a dia­rio a se­guir cur­sos de for­ma­ción. La en­car­ga­da de ese co­le­gio se mos­tra­ba ayer «alu­ci­na­da» por­que des­co­no­cía la exis­ten­cia de la carta ni se po- día creer que Ra­món fue­se ca­paz de un ac­to así. El ti­tu­la­do pa­só por allí la vís­pe­ra de la ex­plo­sión. «Lo vi­mos nor­mal», re­cuer­da. Como ha­cen otros alum­nos, Ra­món de­jó su car­pe­ta del cur­so en las ofi­ci­nas y, tras su muer­te, el co­le­gio se la de­vol­vió a la her­ma­na. Den­tro es­ta­ría la no­ta ma­nus­cri­ta. La po­li­cía no des­ve­la el con­te­ni­do del pa­pel pa­ra pre­ser­var la in­ti­mi­dad de la víc­ti­ma, pe­ro to­do apun­ta a que de­jó pis­tas de su plan. Un gra­fó­lo­go po­li­cial exa­mi­na­rá la le­tra pa­ra ve­ri­fi­car que es su­ya.

Una hi­pó­te­sis es que la víc­ti­ma hu­bie­se pla­nea­do una muer­te dul­ce por la no­che, que le sa­lie­se mal y que, al des­per­tar, en­cen­die­se un in­te­rrup­tor y el chis­pa­zo re­ven­ta­se la bol­sa de gas acu­mu­la­da du­ran­te ho­ras. La po­li­cía no ve cla­ro có­mo se desa­rro­lla­ron los he­chos pe­ro des­car­ta la in­ter­ven­ción de un ter­ce­ro o un ac­ci­den­te por una fu­ga de gas. Las prue­bas sí en­ca­jan con la teo­ría de que el re­si­den­te del pi­so tu­vo al­go que ver con la ex­plo­sión.

Realo­ja­dos de­ses­pe­ra­dos

La por­ta­voz de los 46 afec­ta­dos realo­ja­dos en el ho­tel Mé­xi­co, Flo­ra Sa­cau, pre­sio­nó ayer al Concello pa­ra que les in­for­me del tiem­po es­ti­ma­do de las obras pa­ra arre­glar los da­ños en el edi­fi­cio, va­cío, sin agua, luz, gas ni as­cen­sor. «Em­pe­za­mos a en­fa­dar­nos, no nos di­cen na­da y que­re­mos sa­ber si nos te­ne­mos que ir a vi­vir a un apar­ta­men­to por­que no po­de­mos es­tar me­ti­dos en una ha­bi­ta­ción de ho­tel. Es de­ses­pe­ran­te», di­ce.

La ex­plo­sión des­tro­zó el sex­to pi­so.

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