El fis­cal re­ba­ja un año las pe­nas que so­li­ci­ta pa­ra las tres acu­sa­das de ma­tar a Ca­rras­co

La Voz de Galicia (Ourense) - - España -

Ca­rras­co so­lo se lo con­té a mi ma­dre y a mi psi­quia­tra fa­lle­ci­do».

Sin pro­cla­mar su inocen­cia en nin­gún mo­men­to, bas­tan­te en­te­ra, la hi­ja de la ase­si­na con­fe­sa hi­zo uso de la úl­ti­ma pa­la­bra pa­ra re­mar­car so­lo dos epi­so­dios del jui­cio, las «men­ti­ras» de al­gu­nos com­pa­re­cien­tes y el su­pues­to «aco­so se­xual» de la ase­si­na­da. Del res­to, na­da. Su abo­ga­do pu­so to­do el em­pe­ño en in­ci­dir en que el plan del cri­men fue obra de su ma­dre, Mon­tse­rrat Gon­zá­lez.

Rom­pien­do a llo­rar, Ra­quel Ga­go fue di­rec­ta al co­ra­zón del ju­ra­do. De seis a 22 años de cár­cel o su li­ber­tad. «So­lo sé que una ma­ña­na me le­van­té a tra­ba­jar y al día si­guien­te cambió mi vi­da. So­lo mi fa­mi­lia sa­be lo que he­mos su­fri­do en es­te tiem­po. Yo no co­no­cía a Isa­bel Ca­rras­co, pe­ro ni a ella ni a na­die le de­seo lo que le ha ocu­rri­do. Soy inocen­te», cla­mó la po­li­cía lo­cal, en li­ber­tad pro­vi­sio­nal des­de ha­ce un año. Mon­tse­rrat re­cha­zó ha­cer uso de la úl­ti­ma pa­la­bra.

«Es­tra­te­gia coor­di­na­da»

El fis­cal Emi­lio Fer­nán­dez man­tu­vo que las tres son res­pon­sa­bles de los he­chos. Cen­tró su es­tra­te­gia acu­sa­to­ria en abrir el aba­ni­co de la pe­ti­ción de pe­nas pa­ra ase­gu­rar­se las con­de­nas. Al co­mien­zo del jui­cio re­cla­mó 23 años de pri­sión pa­ra ca­da una, 20 por de­li­to de ase­si­na­to y tres más por la te­nen­cia ilí­ci­ta de ar­mas. Pe­ro ayer les re­ba­jó un año al de­li­to de ase­si­na­to, que­dán­do­se en 19, por el ate­nuan­te de re­pa­ra­ción del da­ño al ha­ber con­sig­na­do más de 77.000 eu­ros pa­ra la hi­ja de Ca­rra­co. Así, pa­ra Mon­tse­rrat so­li­ci­tó 22 años de cár­cel. A Tria­na, dos po­si­bi­li­da­des, los 22 de la ma­dre o 15 años, 12 como cóm­pli­ce de ase­si­na­to y tres más por la te­nen­cia de ar­mas. Y ofre­ció al ju­ra­do po­pu­lar has­ta tres po­si­bi­li­da­des de pe­na pa­ra Ra­quel Ga­go, una má­xi­ma de 22 años de cár­cel, una in­ter­me­dia de 15, como Tria­na, y la más fa­vo­ra­ble de seis años, tres por el de­li­to de en­cu­bri­mien­to y tres más por la te­nen­cia ilí­ci­ta de ar­mas. «Se­ré cla­ro: no quie­ro que que­den ab­suel­tas. Mon­tse­rrat eje­cu­tó la muer­te, Tria­na le ayu­dó a re­co­ger in­for­ma­ción e in­clu­so hi­zo prác­ti­cas de ti­ro, y Ra­quel par­ti­ci­pó en los se­gui­mien­tos y tu­vo el ar­ma del cri­men cer­ca de 30 ho­ras. Fue una es­tra­te­gia coor­di­na­da», sen­ten­ció.

El abo­ga­do de la hi­ja de Ca­rras­co, quien ejer­ció la acu­sa­ción par­ti­cu­lar, se­ña­ló que «de la cár­cel se sa­le, de per­der a una ma­dre, no», y se su­mó a las pe­ti­cio­nes del fis­cal. Por su par­te, la acu­sa­ción po­pu­lar del PP cen­tró su ale­ga­to en car­gar con­tra Tria­na, el «ce­re­bro de es­ta tra­ma», y de en­gran­de­cer la fi­gu­ra de la ase­si­na­da. La de­fen­sa de ma­dre e hi­ja tra­tó de sal­var a es­ta úl­ti­ma. Cues­tio­nó el tes­ti­mo­nio del po­li­cía ju­bi­la­do que per­mi­tió la de­ten­ción de Mon­tse­rrat y cri­ti­có a los agen­tes del in­te­rro­ga­to­rio don­de le sa­ca­ron la con­fe­sión. «Tria­na no tie­ne un problema men­tal, sí una de­pen­den­cia de la ma­dre. Hay que te­ner cer­te­za pa­ra me­ter a una per­so­na 23 años de la cár­cel», fi­na­li­zó.

El ju­ra­do, en­ce­rra­do

Los nue­ve miem­bros del ju­ra­do po­pu­lar, cin­co hom­bres y cua­tro mu­je­res, es­ta­rán in­co­mu­ni­ca­dos des­de ma­ña­na pa­ra de­li­be­rar. Pa­ra que pri­me el ve­re­dic­to de cul­pa­bi­li­dad se re­quie­ren al me­nos sie­te de los nue­ve vo­tos del ju­ra­do po­pu­lar. Pa­ra la no cul­pa­bi­li­dad, en cam­bio, ha­cen fal­ta al me­nos cin­co. Fuen­tes del tri­bu­nal se­ña­la­ron que el ve­re­dic­to po­dría tar­dar al me­nos una semana.

Aí­da, Los Serrano, Cuén­ta­me, Amar en tiem­pos re­vuel­tos y Águi­la Ro­ja, Ez­kur­dia re­co­no­ció que «be­bía a es­con­di­das» y mez­cla­ba la be­bi­da con «me­di­ca­ción pa­ra el in­som­nio». En to­do ca­so, apun­tó que él y su ma­ri­do se lle­va­ban «muy bien» y te­nían pla­nes de fu­tu­ro.

El en­cau­sa­do ase­gu­ró que no se acuer­da de lo que di­jo a unas ami­gas, a las que al pa­re­cer co­men­tó que le ha­bía he­cho «pin, pin» a Kol­do y a Gas­ton (su pe­rro), que se iba a ha­cer «pin pin» él tam­bién y se iba a «ti­rar a la ba­su­ra». Ese día su ma­ri­do y su pe­rro apa­re­cie­ron muer­tos.

Ez­kur­dia ase­gu­ró que lo úl­ti­mo que re­cuer­da del día de los he­chos es ver a Kol­do tra­ba­jan­do en el or­de­na­dor y lo si­guien­te, «es­tar en una am­bu­lan­cia y apa­re­cer en un co­che de la Er­tzain­tza». Se­gún las acu­sa­cio­nes, el acu­sa­do es­ta­ba en ple­nas fa­cul­ta­des pues ese día sa­có una can­ti­dad im­por­tan­te de di­ne­ro con la tar­je­ta de la víc­ti­ma, fue al su­per­mer­ca­do y ha­bló con va­rias per­so­nas por te­lé­fono.

J. CA­SA­RES

Tria­na Mar­tí­nez y su ma­dre, Mon­se­rrat Gon­zá­lez, au­to­ra con­fe­sa del cri­men de Isa­bel Ca­rras­co, ayer en la úl­ti­ma se­sión del jui­cio ce­le­bra­do en la Au­dien­cia Pro­vin­cial de León.

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