El vér­ti­go de de­ci­dir

Tino No­voa

La Voz de Galicia (Ourense) - - A Fondo -

Su­ce­de mien­tras am­bi­cio­nas un gran cam­bio que la ilu­sión te ha­ce ver­lo to­do muy fá­cil. Pe­ro a me­di­da que se acer­ca el mo­men­to de to­mar la de­ci­sión de­fi­ni­ti­va se apo­de­ra de uno un gran vér­ti­go, el del mie­do a equi­vo­car­se. Y ese vér­ti­go ha­ce que a me­nu­do se op­te fi­nal­men­te por la so­lu­ción más con­ser­va­do­ra. Pues bien. Ese mo­men­to se acer­ca pa­ra Pe­dro Sán­chez. Pron­to ten­drá que to­mar una de­ci­sión que mar­ca­rá su fu­tu­ro y el del PSOE. Pue­de op­tar por la so­lu­ción que en apa­rien­cia más le fa­vo­re­ce per­so­nal­men­te y la úni­ca que arit­mé­ti­ca­men­te le abre las puer­tas del Go­bierno, que es una coa­li­ción con Po­de­mos. O pue­de ser cohe­ren­te con su dis­cur­so y el de su par­ti­do y man­te­ner has­ta el fi­nal su apues­ta por un Go­bierno trans­ver­sal, aunque ello le cues­te fra­ca­sar en la in­ves­ti­du­ra. La po­lí­ti­ca es, o de­be­ría ser, mu­cho más que una sim­ple su­ma de es­ca­ños pa­ra ac­ce­der al po­der por la vía más cor­ta. La me­jor y más efi­caz for­ma de ejer­cer el po­der es me­dian­te la ejem­pla­ri­dad y la cohe­ren­cia de prin­ci­pios, ac­ti­tu­des y ac­cio­nes. Lo de­más son ba­ta­llas de ima­gen y mo­vi­mien­tos tác­ti­cos con la vis­ta pues­ta en unas nue­vas elec­cio­nes.

Lo que de ver­dad es­tá en jue­go es qué ti­po de Go­bierno se cons­ti­tu­ye. Y hay tres op­cio­nes. Un Eje­cu­ti­vo con­ti­nuis­ta, el que de­fien­de el PP con una pro­pues­ta aco­mo­da­ti­cia pa­ra intentar unos apo­yos que des­pre­ció a lo lar­go de la pa­sa­da le­gis­la­tu­ra. Eso ex­pli­ca que, pe­se a ser la fuer­za más vo­ta­da, con­ci­te el re­cha­zo ma­yo­ri­ta­rio del res­to de los gru­pos po­lí­ti­cos. Es de­cir, el PP ga­nó las elec­cio­nes pe­ro su op­ción po­lí­ti­ca las per­dió, y eso lo las­tra pa­ra go­ber­nar. En­fren­te es­tá la op­ción rup­tu­ris­ta de Po­de­mos. Su pro­pues­ta no es tan­to una coa­li­ción de iz­quier­das como una en­mien­da a la to­ta­li­dad de los con­sen­sos de la tran­si­ción. Lo nue­vo con­tra lo vie­jo, que de­cía Pa­blo Igle­sias cuan­do le in­tere­sa­ba dar por fi­ni­qui­ta­do el eje de­re­cha-iz­quier­da. Ocu­rre que el PSOE es ar­tí­fi­ce de esos con­sen­sos y, por ello, asu­mir las exi­gen­cias de Po­de­mos, ador­na­das con un bar­niz iz­quier­dis­ta, se­ría tan­to como trai­cio­nar su pro­pia obra. La ter­ce­ra op­ción es ese Go­bierno re­for­mis­ta en el que in­sis­te Pe­dro Sán­chez, que pa­sa por cam­bios po­lí­ti­cos des­de el res­pe­to al marco cons­ti­tu­cio­nal y co­mu­ni­ta­rio. Es lo más res­pe­tuo­so con los re­sul­ta­dos elec­to­ra­les: un cam­bio sin trau­mas. A Sán­chez le ha lle­ga­do el mo­men­to de ele­gir en­tre la apos­ta­sía pa­ra fa­ci­li­tar la for­ma­ción de Go­bierno o man­te­ner­se fiel a la tra­di­ción re­cien­te de los so­cia­lis­tas. Y si eso le im­pi­de go­ber­nar, ca­da uno de­be­rá asu­mir la res­pon­sa­bi­li­dad que le co­rres­pon­da por im­pe­dir el cam­bio.

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