«Me to­mo la vi­da como un re­ga­lo»

A los 50 años de­jó la mú­si­ca y em­pe­zó a co­rrer pa­ra re­cu­pe­rar las ga­nas de vi­vir; con 83 vi­ve una se­gun­da ju­ven­tud tras su­pe­rar una le­sión y ga­nar la me­dia ma­ra­tón de Santa Po­la

La Voz de Galicia (Ourense) - - El Tiempo - ÁLVARO SE­VI­LLA

Su­pe­ra­dos los 50, Ma­nuel Paz (Noia, 1933) se que­dó sin ga­nas de vi­vir. De­jó de co­mer y de dor­mir. Su vi­da se con­vir­tió en un in­fierno: «Fue te­rri­ble, me acon­se­ja­ron que fue­se a un psi­có­lo­go, pe­ro me ne­gué. Siem­pre pen­sé que los pro­ble­mas de­bes re­sol­ver­los tú mis­mo». Una ma­ña­na, des­pués de pa­sar la enési­ma no­che en ve­la, se pu­so las za­pa­ti­llas y co­men­zó a co­rrer. Em­pe­zó a ver la luz, ca­da zan­ca­da y ca­da me­tro lo acer­ca­ban a un cé­nit del que lle­va­ba me­ses ale­ján­do­se.

«Fue un exi­ta­zo, esa no­che pu­de con­ci­liar el sue­ño. Vol­ví el día si­guien­te y pa­ra mi sor­pre­sa fui ca­paz de co­mer», con­fie­sa con una voz emo­cio­na­da Ma­nuel Paz, quien to­da­vía re­cuer­da vi­va­men­te có­mo se es­ca­pó de las ti­nie­blas de una de­pre­sión que lo te­nía pri­sio­ne­ro. A par­tir de ese mo­men­to na­ció una nue­va vi­da, una se­gun­da ju­ven­tud pa­ra es­te noiés afin­ca­do en Ma­drid, quien a sus 83 años si­gue es­cri­bien­do nue­vos ca­pí­tu­los en su his­to­ria.

El úl­ti­mo lo pro­ta­go­ni­zó el pa­sa­do mes de enero en Ali­can­te, don­de con­si­guió el oro en la me­dia ma­ra­tón de Santa Po­la. «Me que­dé a nue­ve mi­nu­tos de re­va­li­dar el tí­tu­lo de cam­peón de Es­pa­ña», afir­ma el noiés mien­tras enu­me­ra bue­na par­te de su pal­ma­rés, en el que des­ta­can un buen nú­me­ro de tor­neos es­ta­ta­les, europeos y un sub­cam­peo­na­to del mundo. «Es­ta úl­ti­ma prue­ba no fue sen­ci­lla, vol­vía de una com­pli­ca­da le­sión que me apar­tó ha­ce tres años del atle­tis­mo», con­fie­sa Paz.

Fue su úl­ti­ma caí­da en las som­bras. En Pa­drón, mien­tras com­pe­tía en la prue­ba de 10.000 me­tros, se rom­pió el ta­lón de Aqui­les y se da­ñó la es­pal­da. Todos los mé­di­cos le mos­tra­ron el ca­mino del qui­ró­fano: «Me de­cían que te­nía que ope­rar­me, que no ha­bía al­ter­na­ti­va, pe­ro no me con­ven­cie­ron. En es­ta vi­da te­ne­mos que ven­cer di­fi­cul­ta­des, pen­sa­mos que so­lo las pas­ti­llas y las ope­ra­cio­nes nos van a ha­cer efec­to». Paz se de­can­tó por la fuer­za de vo­lun­tad y acer­tó. Vol­vió a ga­nar.

Una ac­ti­tud po­si­ti­va

Con­fie­sa que la fór­mu­la de la eter­na ju­ven­tud par­te de uno mis­mo: «Te­ne­mos que man­te­ner una ac­ti­tud po­si­ti­va an­te la vi­da, cul­ti­var nues­tras afi­cio­nes y tra­tar de en­con­trar esa re­la­ción que exis­te en­tre la vi­da, el ar­te, la be­lle­za y el pa­so del tiem­po». Él en­con­tró la res­pues­ta en el de­por­te y en Dia­na y Sa­ra, las dos hi­jas que tu­vo con su se­gun­da esposa: «Me to­mo la vi­da como un re­ga­lo, doy gra­cias a la vi­da por to­do lo que me ha da­do».

Su fa­ce­ta atlé­ti­ca es­con­de su pa­sa­do mu­si­cal. «Na­cí den­tro de la mú­si­ca, mi pa­dre y mi abue­lo fue­ron com­po­si­to­res y yo co­men­cé a to­car sien­do un ni­ño. Gra­cias a la mú­si­ca pa­sé un ser­vi­cio mi­li­tar fan­tás­ti­co, me de­di­qué a dar­le cla­ses a las hi­jas de los al­tos car­gos», con­fie­sa Ma­nuel en­tre ri­sas.

Cuan­do vol­vió a Noia qui­so dar el sal­to, lan­zar­se in­ter­na­cio­nal­men­te: «Fun­dé Los Ta­ma­ra y al ins­tan­te nos subimos a los es­ce­na­rios. El pri­mer con­tra­to fue en el Real Club Náu­ti­co de Vi­go. Allí co­men­zó nues­tra his­to­ria». Pun­to cla­ve en su vi­da, el gru­po dio al ins­tan­te el sal­to a la ca­pi­tal es­pa­ño­la y al nor­te de Áfri­ca. Des­pués de va­rios años con la ban­da de­ci­dió mar­char­se, se­guir su pro­pio ca­mino. For­mó los Cin­co de Eu­ro­pa, con quie­nes es­tu­vo to­can­do has­ta que al­can­zó los 50 años: «Lo col­gué to­do, la gui­ta­rra, el ba­jo, el vio­lín...»

Po­cos años des­pués de su eta­pa mu­si­cal co­men­zó la que él lla­ma su se­gun­da ju­ven­tud: «No me con­si­de­ro un su­per­hom­bre, pe­ro sí ten­go cla­ro que si tie­nes fuer­zas pue­des con­se­guir to­do lo que te pro­pon­gas. Yo no veo un fi­nal, se­gui­ré co­rrien­do y com­pi­tien­do mien­tras mi cuer­po me lo per­mi­ta».

BE­NI­TO OR­DÓ­ÑEZ

Paz es­ti­ra las pier­nas an­tes de arran­car con su en­tre­na­mien­to por las ca­lles de Ma­drid.

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