La hu­cha de­mo­grá­fi­ca de Ga­li­cia se va­cía

An­to­nio Iz­quier­do Es­cri­bano

La Voz de Galicia (Ourense) - - Opinión - Ca­te­drá­ti­co de So­cio­lo­gía de la Uni­ver­si­da­de da Co­ru­ña

La pi­rá­mi­de de po­bla­ción de Ga­li­cia tie­ne for­ma de hu­cha. Y la hu­cha se es­tá va­cian­do por el dé­fi­cit de opor­tu­ni­da­des y la frus­tra­ción de ex­pec­ta­ti­vas. Tres son los gran­des tra­mos de la pi­rá­mi­de y tres son las prin­ci­pa­les cau­sas que le dan esa for­ma.

En pri­mer lu­gar, la pi­rá­mi­de se es­tre­cha por la ba­se de­bi­do al des­ajus­te en­tre el de­seo de ser ma­dre y las con­di­cio­nes reales pa­ra ser­lo. La na­ta­li­dad dis­mi­nu­ye por­que las ge­ne­ra­cio­nes fe­me­ni­nas van men­guan­do. Y que­da cla­ro que me­nos mu­je­res, si na­da va­ría, dan lu­gar a me­nos nacimientos. Pe­ro la fe­cun­di­dad tam­bién se re­du­ce por­que las ma­dres que quie­ren te­ner más de un hi­jo no en­cuen­tran apo­yo pú­bli­co pa­ra su bue­na cría. En el fon­do, lo que apa­re­ce es el cam­bio de ex­pec­ta­ti­vas. Por­que las mu­je­res que cen­tran su vi­da en el ho­gar son ya una mi­no­ría. En Ga­li­cia me­nos del 10 % fren­te a más de un ter­cio que orien­tan su vi­da al tra­ba­jo. El re­me­dio re­si­de en apo­yar a la ma­yo­ría de las mu­je­res. Pues­to que más de la mi­tad de las ma­dres po­ten­cia­les lo que quie­ren es que el tra­ba­jo sea com­pa­ti­ble con la fa­mi­lia. Y eso se con­si­gue ofer­tan­do guar­de­rías, ase­gu­ran­do que a la ma­ter­ni­dad no le si­ga un des­pi­do la­bo­ral y re­vo­lu­cio­nan­do las con­duc­tas mas­cu­li­nas en el ho­gar.

La se­gun­da mor­di­da a la pi­rá­mi­de ga­lle­ga se pro­du­ce en las eda­des activas. Esa mues­ca se agu­di­za por la evo­lu­ción de las mi­gra­cio­nes. Pues exis­te un va­cío en­tre los 25 y los 35 años, por­que son más los que se mar­chan que los que vuel­ven. Se van los jó­ve­nes es­pa­ño­les y tam­bién los ex­tran­je­ros y, como re­sul­ta­do, la hu­cha se va­cía en su por­ción más la­bo­rio­sa y crea­ti­va. La con­se­cuen­cia es que la po­bla­ción la­bo­ral en­ve­je­ce. Pe­ro los em­pleos, a di­fe­ren­cia de los ki­ló­me­tros cua­dra­dos de un país, pue­den cre­cer si la ac­ti­vi­dad eco­nó­mi­ca se orien­ta ha­cia el re­par­to y no se ri­ge por la co­di­cia.

Por úl­ti­mo, la pi­rá­mi­de de po­bla­ción se ensancha por la par­te de arri­ba. Y de­be que­dar cla­ro que eso es una bue­na no­ti­cia. Da­do que la can­ti­dad de per­so­nas ma­yo­res au­men­ta por­que se pro­lon­ga la vi­da. Pe­ro pa­ra se­guir alar­gan­do la vi­da nos con­vie­ne mo­di­fi­car es­te ti­po de ju­bi­la­ción que nos gui­llo­ti­na.

En otras pa­la­bras, se tra­ta de pa­sar del tra­ba­jo al ocio no de un día pa­ra el otro, sino de un mo­do pau­la­tino, se­gún los de­seos y las ca­pa­ci­da­des. Y don­de las pen­sio­nes va­yan cre­cien­do con la edad de la per­so­na y con su pér­di­da de au­to­no­mía. Un trán­si­to más ra­cio­nal y fle­xi­ble que be­ne­fi­cia­rá a la sa­lud de los ju­bi­la­dos y tam­bién a la de la economía.

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