Guin­dos y los de Pol

Fer­nan­do Óne­ga

La Voz de Galicia (Ourense) - - Opinión -

Des­de ha­ce al­gún tiem­po, el co­man­dan­te del avión que me lle­va a Ga­li­cia da es­ta ale­gría a los pa­sa­je­ros: «He­mos ini­cia­do el des­cen­so y lle­ga­re­mos al ae­ro­puer­to con diez mi­nu­tos de ade­lan­to so­bre el ho­ra­rio pre­vis­to». Los pa­sa­je­ros se ale­gran, pe­ro los de Pol siem­pre nos quedamos con una du­da: ¿y quién mar­ca el ho­ra­rio pre­vis­to? Si quien lo ha­ce po­ne diez mi­nu­tos más en la pre­vi­sión, los vue­los siem­pre son mag­ní­fi­cos y ba­ten ré­cords de pun­tua­li­dad. No di­go que ocu­rra; so­lo di­go es un mal pen­sa­mien­to de los des­con­fia­dos de Pol.

Con los da­tos del en­deu­da­mien­to del Es­ta­do y la sa­tis­fac­ción con que lo jus­ti­fi­có el mi­nis­tro de Economía, a los de Pol nos ocu­rre al­go pa­re­ci­do. No, rec­ti­fi­co: bas­tan­te peor. Ese en­deu­da­mien­to subió mu­cho en el 2015. Subió tan­to, que ya estamos a dos dé­ci­mas de de­ber lo mis­mo que pro­du­ci­mos en un año. Subió en 42.000 mi­llo­nes de eu­ros, a pe­sar de todos los re­cor­tes, re­for­mas, ajus­tes y de­más pro­di­gios del po­der. So­mos ya uno de los paí­ses más en­deu­da­dos de Eu­ro­pa. A ca­da es­pa­ñol nos co­rres­pon­de una deu­da de 22.875 eu­ros por ca­be­za. Y sin em­bar­go, el se­ñor De Guin­dos mos­tró tal es­ta­do de fe­li­ci­dad, que no sé si es­ta­ba ha­blan­do de lo mis­mo o ha­bía to­ma­do al­go eu­fo­ri­zan­te.

Yo no en­tien­do na­da de gran­des números, y se me no­ta. Pe­ro en Pol te­ne­mos una cul­tu­ra he­re­da­da que no es­tá a la al­tu­ra ma­te­má­ti­ca ni li­te­ra­ria de don Luis de Guin­dos, pe­ro di­ce lo si­guien­te: cuan­do en la fa­mi­lia la deu­da cre­ce en vez de ba­jar, o pro­du­ci­mos más le­che o ven­de­mos un ter­ne­ro, por­que las deu­das no se pa­gan so­las, des­pués vie­nen los in­tere­ses y po­de­mos te­ner un problema. No sir­ve de mu­cho ale­gar que los ve­ci­nos tam­bién de­ben o que estamos den­tro de las pre­vi­sio­nes, como los ho­ra­rios de la avia­ción.

Pues eso es lo que hi­zo el mi­nis­tro de Economía: le fal­tó abrir una bo­te­lla de ca­va pa- ra ce­le­brar que nues­tro Es­ta­do so­lo se en­deu­dó en 42.000 mi­llo­nes de eu­ros, den­tro de las sa­cro­san­tas pre­vi­sio­nes. Lo ce­le­bró como si los hu­bié­se­mos ba­ja­do. A los de Pol es­to nos re­sul­ta ad­mi­ra­ble: te­ne­mos unos mi­nis­tros que ha­cen todos los días mi­la­gros dia­léc­ti­cos, con­ta­bles, ma­te­má­ti­cos, es­ta­dís­ti­cos y trans­for­man el plo­mo en oro. Tie­nen una fa­ci­li­dad pa­ra prac­ti­car po­lí­ti­cas de son­ri­sa que no se en­cuen­tra en nin­gún otro sec­tor de la so­cie­dad. Y lo di­cen con tal ca­ra de sol­ven­cia y pro­fun­da con­vic­ción, que nos ha­cen creer a todos que estamos equi­vo­ca­dos.

Los de Pol, por ha­blar un po­co de la po­lí­ti­ca que nos ro­dea, te­ne­mos aho­ra otra cu­rio­si­dad: ¿qué es­ta­rían di­cien­do el Go­bierno y su par­ti­do si Po­de­mos hu­bie­ra pre­vis­to en su pro­gra­ma pa­ra Sán­chez un en­deu­da­mien­to de 42.000 mi­llo­nes al año? ¿Qué es­ta­rían di­cien­do si el PSOE lo asu­mie­ra? Lo de­jo a vues­tra ge­ne­ro­sa ima­gi­na­ción.

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