Ru­bén Nóvoa

La Voz de Galicia (Ourense) - - Ourense -

Por esas co­sas de la po­lí­ti­ca, la ciu­dad de Ou­ren­se cuen­ta con una nor­ma que re­gu­la las te­rra­zas que tie­ne ca­si vein­te años. Es, si me per­mi­ten la com­pa­ra­ción, como si los lí­mi­tes de ve­lo­ci­dad en las ca­rre­te­ras se mar­ca­sen por la ca­pa­ci­dad que te­nían los co­ches de ha­ce cin­cuen­ta años. La ley an­ti­ta­ba­co y la ne­ce­si­dad de sa­car a los clien­tes que fu­man al ex­te­rior ha de­ri­va­do en un ne­go­cio pa­ra­le­lo. Mu­chos lo­ca­les ha­cen más ca­ja en las te­rra­zas que en su in­te­rior. Se­gu­ra­men­te, a us­ted le ha­brá pa­sa­do que se ha sen­ta­do decenas de ve­ces en la te­rra­za de un lo­cal que ni tan si­quie­ra co­no­ce por den­tro. Ese nue­vo es­ce­na­rio ha pro­vo­ca­do que las ace­ras y pla­zas pú­bli­cas de Ou­ren­se se lle­nen de me­sas, si­llas, pa­ra­so­les, es­tu­fas de ca­lor, ma­ce­tas y de­más mo­bi­lia­rio ur­bano que le ha ro­ba­do si­tio al pea­tón. Es por eso que ur­ge apro­bar el nue­vo tex­to. Y ahí es don­de en­tra la po­lí­ti­ca. En el pa­sa­do man­da­to, el PSOE se ti­ró una bue­na tem­po­ra­da más cen­tra­do en sus gue­rras in­ter­nas y en des­pe­jar los pro­ce­sos ju­di­cia­les que en ha­cer ciu­dad. Cuan­do la ex­con­ce­ja­la de Co­mer­cio, Juana Agei­tos, se pu­so ma­nos a la obra se le echó el tiem­po en­ci­ma. Lle­gó la cam­pa­ña elec­to­ral y ahí ni el más pin­ta­do se­ría ca­paz de sa­car un con­sen­so po­lí­ti­co pa­ra apro­bar una or­de­nan­za mu­ni­ci­pal. El re­sul­ta­do fue que el PP he­re­dó un do­cu­men­to del an­te­rior go­bierno que aho­ra, tras ocho me­ses de man­da­to, se dis­po­ne a lle­var a pleno pa­ra su apro­ba­ción. No se­rá fá­cil con­ten­tar a todos y se pue­de ca­li­fi­car de «ma­rrón» su ges­tión. Es una de esas nor­mas en la que cho­can in­tere­ses con­tra­pues­tos y que a ve­ces po­nen en con­tra­dic­ción a los ve­ci­nos. Y es que los que vi­ven en­ci­ma de las te­rra­zas se que­jan del rui­do que su­fren y sin em­bar­go pa­re­cen no caer en la cuen­ta de que ellos mis­mos son con­su­mi­do­res ha­bi­tua­les en otras. En un es­ce­na­rio de es­te ti­po de­be de pri­mar el sen­ti­do co­mún y el in­te­rés ge­ne­ral. En otras pa­la­bras, es­tá muy bien sen­tar­se en una te­rra­za en ve­ra- no a to­mar al­go has­ta bien en­tra­da la ma­dru­ga­da y tam­bién me pa­re­ce fe­no­me­nal que los hos­te­le­ros ha­gan ca­ja des­pués de años ne­gros por la cri­sis y la ley an­ti­ta­ba­co, pe­ro por en­ci­ma de to­do tie­ne que es­tar el pea­tón y el des­can­so de los ve­ci­nos. No es to­le­ra­ble que las me­sas ocu­pen pla­zas y ca­lles cén­tri­cas has­ta ca­si pro­vo­car que el vian­dan­te ten­ga que sa­lir­se a la cal­za­da. Tam­po­co pa­re­ce ló­gi­co que en mu­chos de los ve­la­do­res sue­ne la mú­si­ca has­ta al­tas ho­ras de la ma­dru­ga­da en los te­le­vi­so­res ins­ta­la­dos y que, en el nue­vo tex­to, es­ta­rán prohi­bi­dos. Pa­ra que el sen­ti­do co­mún lle­gue a las te­rra­zas todos tie­nen que apor­tar su gra­ni­to de are­na y, so­bre to­do, la ad­mi­nis­tra­ción tie­ne que po­ner ce­lo en que se cum­pla la nor­ma­ti­va. Ni más ni me­nos.

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