No di­ré que hay par­ti­do, pe­ro ya ve­re­mos

La Voz de Galicia (Ourense) - - Deportes - Ri­car­do He­via

El ac­tual sis­te­ma de cla­si­fi­ca­ción de la Co­pa, que con­ce­de pla­za a los ocho pri­me­ros al fi­nal de la pri­me­ra vuel­ta, ape­nas per­mi­te el ac­ce­so a in­vi­ta­dos de po­co ran­go. Ob­via­men­te, el que jue­ga de lo­cal, y de vez en cuan­do al­gún hé­roe, pa­pel que cum­ple en es­ta edi­ción Fuen­la­bra­da. Su cru­ce con­tra el Real Ma­drid pa­re­ce el me­nos atrac­ti­vo. ¿Quién du­da de la vic­to­ria de los blan­cos? Pe­ro no ol­vi­de­mos que ha­ce po­cas fe­chas per­die­ron en el Fer­nan­do Mar­tín. Hay una cu­rio­si­dad en la ACB: los equi­pos que aca­ban una Li­ga en pues­tos de des­cen­so, aunque las du­ras con­di­cio­nes de ac­ce­so los sal­ven, al año si- guien­te for­man buen equi­po. Es el ca­so de los fuen­la­bre­ños. Y a un par­ti­do pue­den ser un do­lor de ca­be­za. Y más cuan­do el Ma­drid no aca­ba de dar sen­sa­ción de so­li­dez. Es cu­rio­so, pe­ro los dos equi­pos de­pen­den en exceso del ti­ro ex­te­rior y eso es una lotería.

En el Real Ma­drid, na­die ha su­pli­do la ac­ti­vi­dad y es­pí­ri­tu de­fen­si­vo de Slaugh­ter, Fe­li­pe ha te­ni­do de­ma­sia­dos pro­ble­mas y Ayón car­ga prác­ti­ca­men­te con to­do el pe­so in­te­rior, jus­to don­de pa­re­ce que los blan­cos de­be­rían de sen­tar las ba­ses de un triun­fo có­mo­do. Ahí y en la de­fen­sa de Ta­bu y Po­po­vic. Na­die du­da que la di­fe­ren­cia de re­cur­sos y po­ten­cial es in­sul­tan­te, pe­ro las sen­sa­cio­nes siem­bran du­das so­bre el cam- peón de to­do el úl­ti­mo año. Sin ir más le­jos, el do­min­go vol­vie­ron a su­frir an­te Gi­puz­koa. Le du­ran po­co las ven­ta­jas, se dis­traen fá­cil­men­te y de­pen­den en exceso del ta­len­to de sus in­di­vi­dua­li­da­des. ¿Es el fa­vo­ri­to? Sin du­da. Y, ade­más, ese am­bien­te má­gi­co de la Co­pa del Rey in­flu­ye en con­tra del mo­des­to, po­co acos­tum­bra­do a tan­to lu­jo y oro­pel en su día a día.

Pa­re­ce un par­ti­do con po­co atrac­ti­vo, y pue­de que lo sea si el Real Ma­drid sa­le a ju­gar­lo sin es­for­zar­se, si va­guea y es pre­sa de lar­gas dis­trac­cio­nes. Y, por su­pues­to, si se de­di­ca a mi­rar en lu­gar de de­fen­der a los ti­ra­do­res. No di­ré que ha­ya par­ti­do, pe­ro ya ve­re­mos.

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