El rui­se­ñor muer­to

Eduar­do Ries­tra

La Voz de Galicia (Ourense) - - Opinión -

En 1966, en el Ho­tel Pla­za de Nue­va York, el es­cri­tor Tru­man Ca­po­te dio una fies­ta pa­ra más de qui­nien­tos in­vi­ta­dos. Pre­ten­día que se con­vir­tie­se en el guateque más so­na­do del si­glo, y pa­re­ce que lo con­si­guió. Tru­man es­ta­ba en­ton­ces en la cres­ta de la ola li­te­ra­ria, y con el di­ne­ro que ha­bía ga­na­do y su afi­ción a la no­to­rie­dad or­ga­ni­zó una ce­na pa­ra qui­nien­tas per­so­nas, en­tre las que se en­con­tra­ban Lau­ren Ba­call y Ma­rilyn Mon­roe, pe­ro tam­bién es­ta­ba Har­per Lee.

Yo siem­pre ha­bía creí­do que Har­per y Tru­man eran pri­mos, pe­ro pa­re­ce que no. So­lo ha­bían si­do ve­ci­nos de pe­que­ños, pe­ro en una edad y un tiem­po en que eso era un la­zo más fuer­te que cual­quier otro. Ca­po­te, ya lo sa­ben us­te­des, es el au­tor de A san­gre fría. Har­per Lee, una mu­jer dis­cre­ta, es­cri­bió Ma- tar a un rui­se­ñor. Me ima­gino que es di­fí­cil so­bre­vi­vir a una obra re­don­da. Le pa­só a Sa­llin­ger con El guar­dián en­tre el cen­teno, tam­bién a Juan Rul­fo con Pe­dro Pá­ra­mo, y aquí un po­co a Fer­lo­sio con El Ja­ra­ma.

Tam­bién a Mar­tín Santos con su Tiem­po de si­len­cio, pe­ro el po­bre mu­rió pre­ma­tu­ra­men­te en un ac­ci­den­te de trá­fi­co. Har­per Lee, como Sa­lin­ger, es he­re­de­ra de la li­te­ra­tu­ra de los otros gran­des nor­te­ame­ri­ca­nos, so­bre to­do John Dos Pas­sos y Scott Fitz­ge­rald.

En la ma­ra­vi­llo­sa ver­sión que de su no­ve­la hi­zo Ro­bert Mu­lli­gan en 1962 ella se lla­ma Scout y Ca­po­te es su ve­cino, un ni­ño re­di­cho que se lla­ma Dill. Ha­ce más de vein­te años que mu­rió Ca­po­te y an­te­ayer lo hi­zo Har­per Lee.

Tal vez aho­ra vuel­van a ser ve­ci­nos.

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