«Guar­do las me­da­llas en un ca­jón»

La Voz de Galicia (Ourense) - - La Voz de Galicia - JOR­GE CA­SA­NO­VA

En ple­na pre­pa­ra­ción pa­ra los Jue­gos Olím­pi­cos de Río no re­sul­ta fá­cil con­cer­tar una ci­ta con Te­re­sa Por­te­la (Can­gas do Mo­rra­zo, 1982). Fi­nal­men­te pac­ta­mos trein­ta mi­nu­tos en el Cen­tro Ga­lle­go de Tec­ni­fi­ca­ción De­por­ti­va de Pon­te­ve­dra. Con esa mu­si­qui­lla con la que ha­blan los de la ría de Vi­go y unas cuan­tas son­ri­sas, Te­re­sa, 31 me­da­llas en cam­peo­na­tos in­ter­na­cio­na­les, la de­por­tis­ta ga­lle­ga más lau­rea­da, me des­pa­cha en so­lo 29. Ve­lo­ci­dad pu­ra.

—¿Se acuer­da de la pri­me­ra vez que se mon­tó en una pi­ra­gua?

—Sí. Te­nía 9 años aunque me acuer­do más por una fo­to que por mis pro­pios re­cuer­dos. Era una pi­ra­gua de ini­cia­ción, de las que no te caes. Pe­ro yo pen­sa­ba que me iba a caer. Me gus­tó más cuan­do vol­ví al día si­guien­te.

—En su pue­blo, Al­dán, lo de las pi­ra­guas es una re­li­gión.

—En ca­si to­das las fa­mi­lias hay al­guien que pa­só por el club o pro­bó en una pi­ra­gua. Ima­gí­ne­se, allí en ve­rano, con 9 años, ba­ñán­do­te y con las pi­ra­guas... Es una mbien­te muy bo­ni­to.

—Dí­ga­me, 31 me­da­llas... ¿Dón­de las guar­da?

—Al prin­ci­pio las po­nía en un cor­cho en ca­sa de mis pa­dres, pe­ro aho­ra ya no me ca­ben y las me­to en un ca­jón.

—¿En se­rio?

—Sí, guar­do las me­da­llas en un ca­jón. Mi idea es co­lo­car­las bien, en

otro si­tio, pe­ro no ten­go tiem­po.

—Le fal­ta la me­da­lla olím­pi­ca, es­ta­rá har­ta de que le pre­gun­ten por eso.

—Un po­co sí. La ver­dad es que de una me­da­lla en un cam­peo­na­to mun­dial so­lo se en­te­ra tu fa­mi­lia y po­co más. Los Jue­gos Olím­pi­cos tie­nen mu­cha más re­per­cu­sión. En Ate­nas y en Pe­kín quedamos quin­tas y en Lon­dres se me es­ca­pó la me­da­lla por un error en la sa­li­da. No me preo­cu­pa de­ma­sia­do. La me­da­lla lle­ga­rá si tie­ne que lle­gar. Ade­más, no bo­rra­ría na­da de lo que he con­se­gui­do por te­ner una me­da­lla olím­pi­ca.

—Bra­sil en agos­to, ¿le preo­cu­pa el zy­ka?

—Me preo­cu­pa to­do lo que tie­ne que ver con los Jue­gos. Y la ver­dad es que estamos co­no­cien­do no­ti­cias in­quie­tan­tes; que si el agua es­tá con­ta­mi­na­da, que si el mos­qui­to del zy­ka... Yo con­fío en que el Co­mi­té Olím­pi­co no nos ex­pon­drá a nin­gún pe­li­gro, pe­ro lo cier­to es que las no­ti­cias que lle­gan no son tran­qui­li­za­do­ras.

—¿Le cos­tó re­gre­sar des­pués de la ma­ter­ni­dad?

—Fí­si­ca­men­te no pe­ro, como cual­quier ma­dre que quie­re com­pa­ti­bi­li­zar su tra­ba­jo con la aten­ción a sus hi­jos, me re­sul­ta com­pli­ca­do. Quie­ro es­tar con ella to­do el tiem­po que pue­da pe­ro al mis­mo tiem­po quie­ro ex­plo­tar mi ex­pe­rien­cia de­por­ti­va, dar to­do eso que he apren­di­do es­tos años. Es ago­ta­dor, pe­ro se pue­de.

—La ni­ña es hi­ja de dos cam­peo­nes de pi­ra­güis­mo. Es­tá abo­ca­da a ha­cer lo mis­mo. ¿Ya la han em­bar­ca­do?

—Cuan­do en­treno vie­ne por aquí y la he­mos subido en el er­gó­me­tro. Pa­ra ella es­tar en un gim­na­sio es lo nor­mal. Y es­tá en esa edad en la que lo imi­ta to­do.

—Tie­ne us­ted unos bra­zos muy po­de­ro­sos, como los de su ma­ri­do. ¿Han echa­do un pul­so al­gu­na vez?

—No, ja, ja. Es ver­dad que mis bra­zos lla­man la aten­ción. Pe­ro

ne­ce­si­to es­tos bí­ceps.

—Cuan­do tie­ne tiem­po pa­ra per­der, ¿a qué lo de­di­ca?

—Me gus­ta mu­cho leer. No­ve­las de eva­sión. Me ayu­da a re­la­jar­me y a co­ger el sue­ño.

—Re­co­mién­de­me al­go.

—Aho­ra es­toy le­yen­do Los jue­gos del ham­bre. Es­tá muy bien.

—¿Es más bien ho­ga­re­ña o de las que se le cae la ca­sa en­ci­ma?

—No, soy muy ho­ga­re­ña. En ca­sa es­toy muy bien; no me abu­rro.

—¿Co­ci­na?

—Al­go sí, pe­ro ba­jo pre­sión, ja, ja. Si me sa­le mal o se me que­ma, pre­fie­ro que que­de en fa­mi­lia, que no se di­fun­da.

—En una en­tre­vis­ta leí que su re­pro­duc­tor de mp3 da­ba mie­do. ¿Qué tie­ne ahí me­ti­do?

—Lo que qui­se de­cir es que me­to y me­to y no de­pu­ro na­da, así que pue­de apa­re­cer una can­ción de pa­chan­gueo de los años 90 o cual­quier co­sa. Mien­tras que­pa, yo me­to.

—Us­ted ha via­ja­do por me­dio mundo. ¿Qué es lo más bo­ni­to que ha vis­to?

—He via­ja­do mu­cho, pe­ro lo que veo son ae­ro­puer­tos, em­bal­ses y po­co más. Me im­pac­tó la mu­ra­lla chi­na y Aus­tra­lia, cuan­do es­tu­ve en Sid­ney, me gus­tó mu­cho. Pe­ro no tie­nes mu­cho tiem­po de ha­cer tu­ris­mo. En Lon­dres no vi na­da. Quie­ro vol­ver. Y lo de la mu­ra­lla chi­na fue a to­do co­rrer el úl­ti­mo día por­que pen­sa­ba que se­gu­ra­men­te no iba a vol­ver y no que­ría per­dér­me­la.

—¿Qué es lo más im­por­tan­te en la vi­da?

—Es­tar a gus­to con uno mis

mo. Ha­gas lo que ha­gas.

ILUS­TRA­CIÓN: PIN­TO & CHIN­TO

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