El AVE, Es­ta­dos Uni­dos y Ou­ren­se, si­tio dis­tin­to

Jo­sé Ma­nuel Ru­bín

La Voz de Galicia (Ourense) - - Ourense -

Es una fra­se so­co­rri­da pe­ro exac­ta: «Ou­ren­se, si­tio dis­tin­to». Y en ver­dad que lo es si alu­di­mos a su his­to­ria, a sus mo­nu­men­tos, a sus aguas, a sus ri­cos ya­ci­mien­tos de pi­za­rra o al enor­me ta­len­to de sus na­ti­vos que lo han mos­tra­do tan­to aquí (los me­nos) como allen­de el Pa­dor­ne­lo (los más). Es­ta úl­ti­ma cir­cuns­tan­cia, que los in­ge­nio­sos hu­yen de la pro­vin­cia, se no­ta en la reali­dad y en los da­tos es­ta­dís­ti­cos sin que los di­ri­gen­tes lo­gren en­de­re­zar el rum­bo por mu­chas no­ti­cias e imá­ge­nes que di­fun­dan. Y a fe que se es­fuer­zan. Véan­se es­ta semana las re­la­ti­vas a los via­jes del al­cal­de de la ca­pi­tal a Ma­drid pa­ra abor­dar la si­tua­ción del AVE y el del pre­si­den­te de la Dipu­tación a USA pa­ra arre­glar el so­lo (sin el arro­pe de em­pre­sa­rios, Xun­ta o Go­bierno de Es­pa­ña), la fal­ta de in­ver­sión yan­qui en Ou­ren­se. Con res­pec­to a es­te ex­cur­sión so­lo se me ocu­rre re­co­men­dar la vi­sión de la gran­dio­sa e inol­vi­da­ble pe­lí­cu­la de Ber­lan­ga, Bien­ve­ni­do, mís­ter Mars­hall, pa­ra que, al me­nos por unos me­ses, vi­va­mos en el reino de la ilu­sión. Con re­la­ción al AVE, la sen­sa­ción no es mu­cho más po­si­ti­va. Da­da la si­tua­ción po­lí­ti­ca en Es­pa­ña, con un go­bierno en fun­cio­nes, ne­gros nu­ba­rro­nes se cier­nen so­bre la in­me­dia­tez de un pro­yec­to que des­de años ha só­lo sir­ve pa­ra que los po­lí­ti­cos, de uno y otro signo, in­ten- ten des­ca­li­fi­car al con­tra­rio y en­ga­ñar, y con­fun­dir, al ciu­da­dano. Las fo­tos de las reunio­nes del al­cal­de en Ma­drid con la mi­nis­tra de Fo­men­to y las pro­me­sas de és­ta so­bre la fu­tu­ra lle­ga­da del AVE y la es­ta­ción in­ter­mo­dal, son pu­ro ma­qui­lla­je que in­ten­ta ocul­tar que un go­bierno en fun­cio­nes tie­ne li­mi­ta­das, por ley, la to­ma de de­ci­sio­nes más allá del bu­ro­crá­ti­co fun­cio­na­mien­to del Es­ta­do. El AVE, que se es­tre­nó en Se­vi­lla en 1992, to­da­vía no se aso­mó por Ou­ren­se. Y por el Go­bierno cen­tral, por el ga­lle­go y por el ca­pi­ta­lino, pa­sa­ron po­lí­ti­cos de todos los co­lo­res. La he­me­ro­te­ca es­tá lle­na de fra­ses rim­bom­ban­tes de unos y otros so­bre pla­zos y pres­ta­cio­nes que ha­rían en­ro­je­cer hoy de ver­güen­za al más ca­ra­du­ra de los ca­ra­du­ras. ¿Y por qué ocu­rre es­to? Pues por­que Ou­ren­se, des­de la pre­ma­tu­ra muer­te de Fran­quei­ra, ca­re­ce de un li­de­raz­go po­lí­ti­co, so­cial y eco­nó­mi­co fuer­te que se­pa In­tu­yo (aunque no te fíes pues mis in­tui­cio­nes co­se­cha­ron so­no­ros fra­ca­sos), que es­ta vez Ciu­da­da­nos acer­tó con tu elec­ción como je­fe en Ou­ren­se. Des­pués de no sé cuán­tas cri­sis, de ha­ber de­fe­nes­tra­do a di­rec­ti­vos, de ha­ber que­ma­do a va­lio­sos fi­cha­jes y de ha­ber hun­di­do a candidatos (¿qué fue de la nú­me­ro uno que ha­ce dos me­ses ob­tu­vo 15.020 vo­tos?) lle­gas aho­ra tú pa­ra po­ner or­den. Has si­do, al mar­gen de tu ac­tual tra­ba­jo en Me­ca­ni­za­dos Rodríguez (em­pre­sa fun­da­da por tu pa­dre), mi­li­tar pro­fe­sio­nal. Co­man­dan­te de In­fan­te­ría y pro­fe­sor de la Es­cue­la de Gue­rra del Ejér­ci­to. Es­pe­ro que en tu par­ti­do pue­dan can­tar la tro­va de Car­los Pue­bla, exi­gir lo esen­cial y no per­der el tiem­po en po­ses me­diá­ti­cas. Des­de el fun­da­dor de Co­ren, nin­gún di­ri­gen­te (afor­tu­na­da­men­te su in­hi­bi­ción fue pa­lia­da por ta­len­tos de dis­tin­tos cam­pos em­pre­sa­ria­les), di­ri­gió su ac­ción a so­lu­cio­nar el fu­tu­ro de la pro­vin­cia. Al con­tra­rio, fue la po­lí­ti­ca la que arre­gló el fu­tu­ro de mu­chos de ellos mien­tras Ou­ren­se, si­tio dis­tin­to, lan­gui­de­cía. «lle­gó el co­man­dan­te y man­dó pa­rar». Lle­vas en los ge­nes la au­to­ri­dad y eso te ser­vi­rá pa­ra po­ner fir­mes a los que se acer­can al par­ti­do en bus­ca de mi­ga­jas de po­der y pa­ra cua­drar­te an­te las ór­de­nes de Bar­ce­lo­na. Un día re­co­no­cis­te que es­ta­bas po­co me­ti­do en el mun­di­llo lo­cal. No im­por­ta. Ya sa­bes que los ou­ren­sa­nos no son quis­qui­llo­sos con los po­lí­ti­cos. Vo­tan sin pen­sar si los ele­gi­dos son co­rrup­tos, que los hay; inep­tos, que tam­bién los hay, o des­co­no­ci­dos como tú y la ma­yo­ría de los que aho­ra man­dáis en un par­ti­do de man­da­dos. Tu pre­sen­cia, es­ti­ma­do co­man­dan­te, les vie­ne como ani­llo al de­do. Al­bert Ri­ve­ra po­drá se­guir di­cien­do que el AVE ga­lle­go es un des­pil­fa­rro por­que sa­brá que tú, y la tro­pa, en po­si­ción de fir­mes, di­réis con pa­sión: «Se­ñor, sí se­ñor».

La­men­ta­ble la desunión del con­se­jo re­gu­la­dor de la De­no­mi­na­ción de Ori­gen Val­deo­rras. Coope­ra­ti­vas, bo­de­gue­ros y sin­di­ca­tos an­dan a la gre­ña a la ho­ra de ele­gir rum­bo y pre­si­den­te. Si Val­deo­rras es una go­ta en el in­men­so océano vi­ti­vi­ní­co­la de Es­pa­ña, no creo que tri­ful­cas que van más allá de la enor­me ca­li­dad del godello o de la men­cía, ayu­den a po­si­cio­nar­se en un mer­ca­do ca­da vez más com­pe­ti­ti­vo. Tam­po­co es ejem­plar que la Xun­ta no co­ja el to­ro por los cuer­nos, de­je de de­le­gar en se­gun­dos es­pa­das, y ejer­za su au­to­ri­dad mo­ral y eco­nó­mi­ca, pa­ra que todos re­men en pro de los pres­ti­gio­sos cal­dos.

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