Ca­za­do­res de em­pleos

La Voz de Galicia (Ourense) - - A Fondo - An­to­nio Iz­quier­do Ca­te­drá­ti­co de So­cio­lo­xía en la UDC

Si la quin­tae­sen­cia del si­glo XX fue­ron las mi­gra­cio­nes, el des­arrai­go va ca­mino de con­ver­tir­se en la mar­ca del si­glo XXI. An­tes, so­lo la emi­gra­ción nos lle­va­ba a la pér­di­da del ho­gar ma­terno y nos em­pu­ja­ba a le­van­tar el pro­pio en otro lu­gar. Aho­ra son las mo­vi­li­da­des cons­tan­tes las que cul­mi­nan en el des­arrai­go como mo­do de vi­da. La di­ná­mi­ca de los ca­za­do­res de em­pleo en es­te si­glo es per­se­guir un tra­ba­jo que se mue­ve más rá­pi­do que ellos. Y, en el otro ex­tre­mo, el vano in­ten­to de en­con­trar esa vi­da dig­na sin mo­ver­se del lu­gar. Son dos reac­cio­nes de­ses­pe­ra­das an­te la vo­la­ti­li­dad de lo que da sen­ti­do a una vi­da. Por un la­do, vi­vir mon­ta­do en la al­fom­bra vo­la­do­ra del em­pleo y, por otro, aga­rrar­se a los olo­res de la in­fan­cia, pa­ti­nan­do en el subem­pleo. Así que no cons­ti­tu­ye una sor­pre­sa que la in­mi­gra­ción en Ga­li­cia se des­in­fle. Y que el sal­do mi­gra­to­rio sea ne­ga­ti­vo.

Per­de­mos po­bla­ción y ap­ti­tu­des. Lo más hi­rien­te es que se van los la­ti­noa­me­ri­ca­nos. Aque­llos que vi­nie­ron por ser los pre­fe­ri­dos. Y se mar­chan des­de los pri­me­ros has­ta los úl­ti­mos en lle­gar. Unos de­jan­do tro­zos de fa­mi­lia y pres­tos pa­ra vol­ver si cam­bian las tor­nas. Otros, los más re­cien­tes, por­que no les ha da­do tiem­po a le­van­tar un ho­gar. Y, por úl­ti­mo, los que vi­nie­ron a la tie­rra de sus an­ces­tros pa­ra re­en­con­trar­se pe­ro que aho­ra re­gre­san a su ho­gar real. Ha­brá quien se sen­ti­rá ali­via­do pen­san­do que al ir­se ellos se­rá el em­pleo el que re­tor­ne, pe­ro no es así.

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