Un ex­pe­dien­te de rui­na en Pon­te­ve­dra y 59 en A Co­ru­ña du­ran­te los úl­ti­mos cin­co años

La Voz de Galicia (Ourense) - - Galicia -

Aunque son los con­ce­llos los que tie­nen que tra­mi­tar la de­cla­ra­ción de rui­na de los edi­fi­cios que se en­cuen­tran en mal es­ta­do, su ac­tua­ción es muy de­sigual en fun­ción de qué ciu­dad ga­lle­ga se tra­te.

Así, en Fe­rrol, una ciu­dad con un cas­co vie­jo muy cas­ti­ga­do, la ci­fra de edi­fi­cios de­cla­ra­dos en rui­na es, sin em­bar­go, «moi pe­que­na». La razón de que es­to sea así, ex­pli­can des­de el Concello fe­rro­lano, es que cuan­do se tra­ta de las edi­fi­ca­cio­nes si­tua­das en cas­co his­tó­ri­co pro­te­gi­do, las de­cla­ra­cio­nes de rui­na no im­pli­can la de­mo­li­ción del in­mue­ble de­te­rio­ra­do, y por eso no se sue­len tra­mi­tar como ta­les, ni por par­te de la Ad­mi­nis­tra­ción ni de los pro­pie­ta­rios.

En con­se­cuen­cia, en Fe­rrol so­lo se rea­li­zan de­cla­ra­cio­nes de rui­na, por lo ge­ne­ral, fue­ra de las zo­nas his­tó­ri­cas de A Mag­da­le­na y Fe­rrol Ve­llo, es de­cir, en los barrios de los En­san­ches, en Ca­ta­bois o en Ca­ni­do. El res­to de la ciu­dad se en­cuen­tra den­tro de los cas­cos his­tó­ri­cos —A Mag­da­le­na, Fe­rrol Ve­llo, Es­tei­ro y A Gra­ña— o áreas pro­te­gi­das, como el ca­so del ba­rrio de Re­ci­mil, ex­pli­can des­de el or­ga­nis­mo lo­cal que di­ri­ge el al­cal­de Jor­ge Suá­rez.

Un ex­pe­dien­te en Pon­te­ve­dra

Tam­bién en Pon­te­ve­dra la ci­fra de de­cla­ra­cio­nes de rui­na de edi­fi­cios es anec­dó­ti­ca. De he­cho, des­de el Concello de la ciu­dad del Lé­rez con­fir­man que en los úl­ti­mos cin­co años so­lo se tra­mi­tó un úni­co ex­pe­dien­te de rui­na y nin­gu­na eje­cu­ción de de­rri­bo de in­mue­bles. Sí se dio sa­li­da, en cam­bio, a de­rri­bos pro­mo­vi­dos por par­ti­cu­la­res, pro­ce­so en el que la Ad­mi­nis­tra­ción lo­cal so­lo tie­ne que dar la au­to­ri­za­ción o de­ne­gar­los.

59 de­cla­ra­cio­nes

Ca­so di­fe­ren­te es el de A Co­ru­ña, don­de en los úl­ti­mos años el Ayun­ta­mien­to her­cu­lino tra­mi­tó un to­tal de 59 de­cla­ra­cio­nes de rui­na de in­mue­bles.

Se­gún el ba­lan­ce pro­por­cio­na­do por el go­bierno mu­ni­ci­pal de A Co­ru­ña, en el año 2011 fue­ron un to­tal de 14 los edi­fi­cios pa­ra los que se im­pul­só es­ta de­cla­ra­ción. Al año si­guien­te fue­ron 12. El 2013 fue, del úl­ti­mo lus­tro, el ejer­ci­cio en el que más ex­pe­dien­tes de rui­na se im­pul­sa­ron, con un to­tal de 18.

Des­de en­ton­ces la ci­fra de ex­pe­dien­tes no ha su­pe­ra­do la de­ce­na. En el 2014 fue­ron 9, mien­tras que a lo lar­go del 2015 fue­ron seis los edi­fi­cios pa­ra los que se ini­ció el pro­ce­so de de­cla­ra­ción. El tiem­po trans­cu­rre len­to en Fe­rrol Ve­llo. Los años van ca­yen­do, igual que sus edi­fi­cios. Y en el lu­gar don­de ha­bía rui­nas, las si­gue ha­bien­do. Más ca­da día. El Concello ha te­ni­do que ce­rrar con va­llas par­cial­men­te tres ca­lles del co­ra­zón del ba­rrio an­te el in­mi­nen­te ries­go de des­plo­me en ocho in­mue­bles de su zo­na ce­ro, la in­ter­sec­ción de las vías Carmen Cu­ru­xei­ras y Be­ni­to Vi­cet­to. Los ve­ci­nos es­tán har­tos, has­tia­dos de con­vi­vir en­tre el pe­li­gro de los cas­co­tes. Pe­ro tam­bién en­fa­da­dos por el cor­te de ca­lles apli­ca­do por vía eje­cu­ti­va des­de el Concello sin pre­vio aviso. Has­ta el pun­to de que en vís­pe­ras de Fin de Año, cual Fuen­teo­ve­ju­na, los ve­ci­nos de­ci­die­ron arram­blar con las va­llas, des­ator­ni­llar­las y apar­tar­las de su ca­mino. Días des­pués se re­pu­sie­ron, de­jan­do unos pa­si­llos en­tre ellas pa­ra que pa­sen los pea­to­nes. Pe­ro el ba­rrio que dio ori­gen a Fe­rrol si­gue sien­do un lu­gar si­tia­do.

El go­bierno lo­cal in­ten­ta for­zar a los due­ños de los in­mue­bles más afec­ta­dos pa­ra que los de­rri­ben o ase­gu­ren sus ele­men­tos. Y ase­gu­ran que al­gu­nos ya han asu­mi­do ese com­pro­mi­so.

El en­ve­je­ci­mien­to y la des­po­bla­ción con­ti­núan mi­nan­do un lu­gar con pe­que­ños, pe­ro to­da­vía es­ca­sos, oa­sis de reha­bi­li­ta- ción. Pe­ro que aca­ba de aso­mar­se al que pue­de ser su ho­ri­zon­te de fu­tu­ro, una ta­bla de sal­va­ción en for­ma de plan es­pe­cial. Aca­ba de en­trar en vi­gor, y ade­más de sim­pli­fi­car los trá­mi­tes ad­mi­nis­tra­ti­vos apor­ta­rá se­gu­ri­dad jurídica a quie­nes quie­ran cons­truir o reha­bi­li­tar. Y apun­ta que re­cu­pe­rar Fe­rrol Ve­llo cos­ta­rá 19,2 mi­llo­nes de eu­ros y lle­va­rá unos do­ce años.

Al­gu­nos de sus ve­ci­nos asu­men que no vol­ve­rán a ver el es­plen­dor de un ba­rrio que du­ran­te dé­ca­das vi­vía, pu­jan­te, gra­cias al puer­to, la Ma­ri­na, tra­ba­ja­do­res de la fac­to­ría Pys­be y los que ve­nían en la lancha de Mu­gar­dos.

Ave­lino Fer­nán­dez se to­pa a dia­rio de bru­ces con las rui­nas. Vi­ve des­de 1949, to­da su vi­da, en una de las ca­lles se­mi­va­lla­das. «Es­to lo fue­ron aban­do­nan­do po­co a po­co, no le me­tie­ron ca­ña a los pro­pie­ta­rios y yo di­go que o se sa­nea la par­ce­la o hay que ex­pro­piar­lo», opi­na. «¿Que hay que ti­rar a lo me­jor par­te de es­tas ca­sas y aunque sea, que que­den como so­la­res? Por lo me­nos qui­tar el pe­li­gro». Echa la vis­ta atrás y na­da re­cuer­da a lo que fue. «Por­que es­te ba­rrio tu­vo mu­chí­si­mo mo­vi­mien­to. En es­ta ca­lle ha­bía trein­ta y pi­co ne­go­cios pe­que­ñi­tos. Y por la ma­ña­na, era la ca­lle que más trá­fi­co te­nía de Fe­rrol». Hoy, enu­me­ra, «no hay na­da: una far­ma­cia, cua­tro ba­res y una tien­da de ul­tra­ma­ri­nos». «Va a tar­dar en re­cu­pe­rar­se», pre­di- ce. «La zo­na gus­ta, pe­ro hay que reha­bi­li­tar­la», aña­de.

Mai­te Fer­nán­dez es una enamo­ra­da del ba­rrio en el que lle­va to­da la vi­da. Enar­bo­la las pro­tes­tas como pre­si­den­ta de la aso­cia­ción ve­ci­nal. Y plan­ta ca­ra a las va­llas, que afec­tan di­rec­ta­men­te ca­da día a en­tre trein­ta y cua­ren­ta fa­mi­lias. «Yo no vi en nin­gu­na ciu­dad que ce­rra­ran tres ca­lles por mu­cho que lo di­ga dis­ci­pli­na ur­ba­nís­ti­ca», se que­ja.

Des­de el Ayun­ta­mien­to, la con­ce­ja­la de Ur­ba­nis­mo, Ma­ría Fer­nán­dez Le­mos, se­ña­ló que lo im­por­tan­te es la reha­bi­li­ta­ción, más que las va­llas, que no po­ner­las, «se­ría una irres­pon­sa­bi­li­dad». Pe­ro que pron­to se les da­rá una so­lu­ción a los ve­ci­nos. El Concello asu­mi­rá de­mo­li­cio­nes por eje­cu­ción sub­si­dia­ria. Y al­gu­nos pro­pie­ta­rios se han mos­tra­do dis­pues­tos a in­ter­ve­nir. A Fe­rrol Ve­llo le to­ca, una vez más, es­pe­rar.

JO­SÉ PAR­DO

Los ve­ci­nos tie­nen que con­vi­vir con las va­lles an­te el in­mi­nen­te ries­go de des­plo­me.

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