Pre­si­den­te o na­da

Car­los G. Rei­go­sa

La Voz de Galicia (Ourense) - - Opinión -

Fue ver­ti­gi­no­sa la ra­pi­dez con la que Pe­dro Sán­chez se lan­zó al rue­do, tras co­no­cer­se los re­sul­ta­dos elec­to­ra­les, pa­ra ofre­cer unas ne­go­cia­cio­nes sin lí­neas ro­jas que lo si­tua­ban a él como pre­si­den­te. Pa­ra ello, tu­vo que ex­cluir in­me­dia­ta­men­te al Par­ti­do Po­pu­lar que, al con­tar con más dipu­tados, de­fen­de­ría siem­pre a Ma­riano Ra­joy como can­di­da­to a la Mon­cloa. Fue así como el po­lí­ti­co que pre­su­mía de re­cha­zar las lí­neas ro­jas tra­zó la más gor­da de to­das: la que hi­zo im­po­si­ble ne­go­ciar una gran coa­li­ción PP-PSOE, que era la op­ción pre­fe­ri­da por una ma­yo­ría que in­cluía a mu­chos so­cia­lis­tas. Pe­ro Sán­chez es­tu­vo rá­pi­do en des­ba­ra­tar to­da po­si­bi­li­dad de que es­ta op­ción pu­die­se exis­tir. De he­cho, la des­ba­ra­tó ya en el de­ba­te de cam­pa­ña con Ra­joy en TVE. Y lo hi­zo con­ven­ci­do de que, si ha­bía la gran coa­li­ción PP-PSOE, él no se­ría pre­si­den­te. Por lo tan­to es­ta op­ción no le con­ve­nía y de­bía des­apa­re­cer cuan­to an­tes como una po­si­bi­li­dad real, por más que mu­chos com­pa­ñe­ros le pi­die­sen que mi­ra­se a Ale­ma­nia.

Creo que a es­tas al­tu­ras es­tá cla­ro que Sán­chez es un ju­ga­dor que sa­be de­fen­der sus in­tere­ses y am­bi­cio­nes, y no se­ré yo quien lo des­ca­li­fi­que por ello. He ha­bla­do con al­gu­nos so­cia­lis­tas que lo co­no­cen mu­cho me­jor que yo y me han ilus­tra­do so­bre su fra­se: «Yo voy en se­rio». Se re­fie­re a sus an­he­los o sue­ños per­so­na­les. De he­cho, su tra­yec­to­ria an­tes de lle­gar a la se­cre­ta­ría ge­ne­ral del PSOE fue me­dio­cre y des­lu­ci­da. Has­ta que vio la oca­sión en unas pri­ma­rias del par­ti­do y se me­ren­dó al con­fia­do Ma­di­na. ¿Lí­neas ro­jas? Nin­gu­na, ex­cep­to las im­pres­cin­di­bles pa­ra apun­ta­lar su op­ción. Por eso nun­ca fue po­si­ble una coa­li­ción PP-PSOE con la su­ma de Ciu­da­da­nos u otras fuer­zas. Es más: no ha si­do po­si­ble ni si­quie­ra plan­tear­la, por­que se sa­bía que era la úni­ca lí­nea ro­ja que Sán­chez ja­más re­ti­ra­ría. Así he­mos lle­ga­do adon­de estamos. ¿A pun­to de re­pe­tir las elec­cio­nes? No lo sé. El lí­der socialista ha abier­to un ca­mino pa­ra lle­gar a la Mon­cloa, pe­ro otros pa­re­cen de­ci­di­dos a no fa­ci­li­tar­le las co­sas, qui­zá por­que ya es­tán pen­san­do en unas nue­vas elec­cio­nes con unos re­sul­ta­dos dis­tin­tos. Y tal vez en­ton­ces ha­ya que vol­ver a plan­tear­se la po­si­bi­li­dad de la lla­ma­da gran coa­li­ción. O no.

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