Pa­blo La­so y la ma­gia de los Ser­gios

La Voz de Galicia (Ourense) - - Deportes - M. G. REI­GO­SA

Cuan­do Pa­blo La­so co­gió las rien­das del Real Ma­drid, el equi­po ve­nía de una eta­pa os­cu­ra, de mu­chos tum­bos y po­cos éxi­tos. Has­ta el lau­rea­do Mes­si­na pa­só con po­ca for­tu­na por el ban­qui­llo me­ren­gue. A di­fe­ren­cia de lo que su­ce­de con el equi­po de fút­bol, el club apos­tó por una idea y un mo­de­lo que ha ido re­to­can­do año a año, sin cues­tio­nar en nin­gún ca­so la esen­cia de un ba­lon­ces­to ale­gre, de vo­ca­ción ofen­si­va, de cam­po abier­to pa­ra el ta­len­to. Sin per­der de vis­ta el or­den tác­ti­co.

Y una de las pri­me­ras de­ci­sio­nes de Pa­blo La­so fue po­ner el vo­lan­te del equi­po en ma­nos de los Ser­gios, Rodríguez y Llull. El pri­me­ro ve­nía de unas tem­po­ra­das en las que pa­re­cía ha­ber per­di­do la fan­ta­sía y la iden­ti­dad. Del se­gun­do ha­bía un de­ba­te per­ma­nen­te so­bre si era es­col­ta o ba­se. Ha­bía mu­cho de atre­vi­mien­to en aque­lla apues­ta, de osa­día. Qui­zás le ayu­dó el he­cho de ha­ber si­do uno de los me­jo­res pa­sa­do­res de la his­to­ria de la ACB an­tes de con­ver­tir­se en en­tre­na­dor.

Hoy son dos pie­dras an­gu­la­res del equi­po blan­co, los en­car­ga­dos de go­ber­nar los par­ti­dos, a ve­ces jun­tos so­bre la pis­ta, a ve­ces con uno de ellos to­man­do re­sue­llo.

Ser­gio Llull ha apren­di­do con los años a ad­mi­nis­trar su ex­tra­or­di­na­rio po­de­río fí­si­co y leer los par­ti­dos. Pue­de ano­tar como el que más, y pue­de te­ner me­jor o peor día en el ti­ro. Pe­ro ca­da vez do­mi­na me­jor el es­ce­na­rio y sa­be bus­car el pa­se le­tal, so­bre to­do ca­da vez que rom­pe por el ca­lle­jón del cen­tro en bus­ca del aro. Las más de las ve­ces aca­ba de­jan­do el ba­lón en la red o en­con­tran­do al com­pa­ñe­ro me­jor co­lo­ca­do, apro­ve­chan­do las ayu­das que tra­tan de ce­rrar­le el pa­so. An­te el Bas­ko­nia, en se­mi­fi­na­les, lu­ció en di­rec­ción y pun­tos. En la fi­nal ape­nas anotó. Pe­ro di­ri­gió. Y tie­ne un plus del que muy po­cos pue­den ha­cer ga­la: a me­di­da que pasan los mi­nu­tos, le­jos de can­sar­se pa­re­ce co­ger fuer­za. Y cuan­do el par­ti­do en­tra en la rec­ta fi­nal, sue­le ser el más fres­co.

Ser­gio Rodríguez es el com­ple­men­to, el maes­tro del bo­te, el ma­go de los es­pa­cios, del que siem­pre ca­be es­pe­rar el en­vío que so­lo ve él. Lo sa­ben bien los pí­vots, los gran­des be­ne­fi­cia­rios de ese ta­len­to in­ter­pre­ta­ti­vo. Y, ca­da vez más, es un ju­ga­dor que aña­de a sus do­tes de di­rec­ción una ma­yor ca­pa­ci­dad de ano­ta­ción.

Pa­blo La­so cum­ple un lus­tro en un ban­qui­llo que an­tes era una si­lla eléc­tri­ca pa­ra ca­da in­qui­lino que se acer­ca­ba. Es el lus­tro más exi­to­so en la his­to­ria blan­ca del ba­lon­ces­to mo­derno, con el hi­to de la pa­sa­da cam­pa­ña, en la que con­quis­tó todos los tí­tu­los en li­za. Aho­ra aca­ba de aña­dir la ter­ce­ra Co­pa del Rey con­se­cu­ti­va, al­go que no ha­bía con­se­gui­do na­die en la era ACB. Y en esos lo­gros siem­pre apa­re­cen los Ser­gios en van­guar­dia.

A pe­sar de lo que di­cen los números, qui­zás al­gún día se di­si­pen las vo­ces que di­cen que el Real Ma­drid ga­na a pe­sar de La­so. Y qui­zás su ma­yor éxi­to sea la ca­pa­ci­dad pa­ra atraer pú­bli­co, en su can­cha y en las que vi­si­ta.

El Cha­cho y Llull se com­ple­men­tan y son pie­dras an­gu­la­res de los éxi­tos blan­cos

PA­CO RODRÍGUEZ

Ser­gio Rodríguez, que asu­mió la res­pon­sa­bi­li­dad en los mo­men­tos com­pli­ca­dos, asis­te a Li­ma.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.