«Cual­quier ru­mano pue­de en­ten­der el 70 % del cas­te­llano sin es­tu­diar: mano es ‘ma­na’ y me­sa, ‘ma­sa’»

La Voz de Galicia (Ourense) - - Galicia -

ex­per­ta en idio­mas. Es­tu­dió Fi­lo­lo­gía In­gle­sa y Fi­lo­lo­gía His­pá­ni­ca en Salamanca, y hoy, con 29 años, pre­pa­ra un más­ter en Edu­ca­ción mien­tras im­par­te cla­ses de in­glés en una aca­de­mia. «So­mos un pue­blo pre­pa­ra­do y muy tra­ba­ja­dor, y esa ima­gen de de­lin­cuen­tes que se da de no­so­tros, como si todos lo fué­se­mos, nos due­le mu­cho, nos ha­ce da­ño por­que no es cier­ta. En to­das par­tes hay gen­te bue­na y ma­la», re­fle­xio­na.

Da­niel, el pro­pie­ta­rio de la ca­fe­te­ría Da­nu­bio, com­pa­ra a su pue­blo «con los ga­lle­gos», tam­bién «muy tra­ba­ja­do­res». «Nos pa­re­ce­mos bas­tan­te —in­sis­te—, pe­ro los úni­cos ru­ma­nos de los que se ha­bla aquí son los malos, y eso nos per­ju­di­ca a los que que­re­mos vi­vir hon­ra­da­men­te. No so­mos así». En su lo­cal ofre­ce tor­ti­lla a sus pai­sa­nos. «Te­ne­mos tam­bién al­gu­na re­ce­ta de mi país, pe­ro el ne­go­cio es­tá en­fo­ca­do a la gen­te de aquí», pre­ci­sa.

En ge­ne­ral, se sien­ten «bien tra­ta­dos en Ga­li­cia», como ates­ti­gua De­lia, en­fer­me­ra en su país, em­plea­da del ho­gar en Lu­go. Tal vez por­que los ga­lle­gos son tam­bién un pue­blo de emi­gran­tes. En ese sen­ti­do, ala­ban es­pe­cial­men­te «a los ma­yo­res», más sen­si­bles. «Y lue­go es­tá la gas­tro­no­mía —con­ce­de De­lia—. Es el si­tio de Es­pa­ña don­de me­jor se co­me». Con el tiem­po, em­pie­zan a echar raí­ces só­li­das aquí, como con­fir­ma Cris­ti­na: «Mi her­ma­na, de 18 años, ha he­cho su vi­da y ya no quie­re vol­ver a Ru­ma­nía».

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