«El he­cho de ser hi­jo de mi pa­dre me ayu­da mu­cho»

La Voz de Galicia (Ourense) - - Ourense -

Gui­ller­mo La­go fue al­cal­de de A Gu­di­ña en va­rias eta­pas du­ran­te ca­si trein­ta años has­ta que su re­pen­tino fa­lle­ci­mien­to el pa­sa­do mes de enero obli­gó a bus­car­le un sus­ti­tu­to. No es­ta­ba le­jos; era su nú­me­ro dos des­de las elec­cio­nes de ma­yo, Jo­sé Ma­ría La­go Ca­bo (A Gu­di­ña, 1973), que ade­más es su hi­jo. In­ge­nie­ro téc­ni­co in­dus­trial, lle­va­ba dos años im­par- tien­do cur­sos pa­ra la Fun­da­ción Ga­le­ga do Me­tal y, aunque aho­ra es­ta­ba tem­po­ral­men­te en el pa­ro, pen­sa­ba vol­ver a esa ocu­pa­ción en abril. El re­le­vo en la al­cal­día po­dría cam­biar sus pla­nes. Es­tá es­tu­dian­do si de­be te­ner suel­do o no (su pa­dre no lo te­nía) pe­ro tie­ne cla­ro que, aunque ya iba va­rias ve­ces a la semana, des­pla­za­rá su re­si­den­cia ha­bi­tual a A Gu­di­ña: «La po­lí­ti­ca mu­ni­ci­pal es muy cer­ca­na y en un pue­blo pe­que­ño to­do va ha­cia el al­cal­de. Hay que es­tar».

—To­ma­rá po­se­sión el sá­ba­do. No es la me­jor ma­ne­ra de lle­gar a al­cal­de, ¿ver­dad?

—No. Y yo no te­nía in­ten­ción de en­trar en po­lí­ti­ca. Era so­lo pa­ra ayu­dar a mi pa­dre, que lle­va­ba mu­chos años. Él sí te­nía ilu­sión La­go Ca­bo na­ció en el año 1973 y es in­ge­nie­ro téc­ni­co in­dus­trial de pro­fe­sión

y era lo que le gus­ta­ba. Como yo te­nía un po­co más de tiem­po que mi her­mano y él que­ría una per­so­na de con­fian­za, así po­día des­car­gar­lo de tra­ba­jo. Yo aho­ra quie­ro se­guir con sus pro­yec­tos en lo que que­da de le­gis­la­tu­ra y des­pués ya se verá.

—¿Y cuá­les son esos pro­yec­tos?

—Un cen­tro de día o so­cio­co­mu­ni­ta­rio, al­go pa­ra la ter­ce­ra edad y tam­bién es­ta­re­mos pen­dien­tes del cen­tro de man­te­ni­mien­to del AVE que ya tie­ne las co­sas en­cau­za­das aunque con la nue­va si­tua­ción po­lí­ti­ca ve­re­mos como que­da. Y des­pués bus­ca­re­mos el desa­rro­llo del ru­ral con pro­yec­tos de po­ten­cia­ción de la cas­ta­ña, pe­ro no so­lo en te­mas de pro­duc­ción o co­mer­cia­li­za­ción sino tam­bién trans­for­ma­ción y desa­rro­llo de nue­vos pro­duc­tos.

—¿Le de­jó su pa­dre el lis­tón muy al­to?

—El lis­tón que de­jó es im­po­si­ble de su­pe­rar te­nien­do en cuen­ta el ca­ri­ño y la ad­mi­ra­ción que le te­nía la gen­te. No se ga­nan tan­tas elec­cio­nes si no tie­nes el apo­yo de los ve­ci­nos. Era una per­so­na muy cer­ca­na y po­día ve­nir un con­se­llei­ro, el pre­si­den­te de la Xun­ta, un pre­mio No­bel o el ve­cino más hu­mil­de, que pa­ra mi pa­dre todos eran igual.

—El he­cho de ser hi­jo el exal­cal- de, ¿su­pon­drá pa­ra us­ted una di­fi­cul­tad aña­di­da o le ayu­da­rá?

—Ló­gi­ca­men­te el he­cho de ser el hi­jo de mi pa­dre me ayu­da mu­cho por­que so­lo ten­go que se­guir su ejem­plo y ha­blar con mi fa­mi­lia pa­ra ha­cer las co­sas como las hu­bie­ra he­cho él.

—¿Te­me que ha­ya quien pue­da de­cir que so­lo ha he­re­da­do el car­go pe­ro no se lo ha ga­na­do?

—Siem­pre ha­brá gen­te que di­ga esas co­sas, pe­ro yo aho­ra ten­go que tra­ba­jar por mis ve­ci­nos, aca­bar sus obras y el día de ma­ña­na ve­re­mos si si­go en po­lí­ti­ca. De aquí a tres años nun­ca se sa­be; a los 19 días de mo­rir mi pa­dre mu­rió su her­mano, mi tío, en­ton­ces lo que me en­se­ña la vi­da es que hay que tra­ba­jar día a día y des­pués ya ve­re­mos.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.