El ti­mo de la es­tam­pi­ta re­apa­re­ce en Pon­te­ve­dra

La Voz de Galicia (Ourense) - - Galicia - LÓ­PEZ PENIDE

En ple­na era di­gi­tal, las es­ta­fas analó­gi­cas es­tán a la or­den del día. La úl­ti­ma víc­ti­ma ha si­do una pon­te­ve­dre­sa que es­te miér­co­les per­dió 3.800 eu­ros con el ti­mo de la es­tam­pi­ta, el mis­mo que Tony Leb­lanc ele­vó a los al­ta­res ci­ne­ma­to­grá­fi­cos en Los tram­po­sos.

En es­ta oca­sión, el pa­pel lo in­ter­pre­tó un jo­ven que, con un bol­so col­ga­do al hom­bro, abor­dó a la mu­jer en la pla­za de Ga­li­cia pre­gun­tán­do­le por un co­le­gio de mon­jas. Al ra­to apa­re­ció una cóm­pli­ce del ton­ti­to, nom­bre con el que se co­no­ce en el ar­got al que ac­túa de gan­cho, se in­tere­só por la con­ver­sa­ción.

Fue la se­ñal que es­pe­ra­ba el jo­ven pa­ra abrir el bol­so y mos­trar lo que pa­re­cía una gran can­ti­dad de bi­lle­tes, al tiem­po que, como si tal co­sa, de­jó caer que no que­ría ese di­ne­ro. La cóm­pli­ce, ade­lan­tán­do­se a la víc­ti­ma, to­mó la voz can­tan­te pa­ra de­cir­le que no se preo­cu­pa­se, que ellas lo ayu­da­rían.

To­do pa­re­ce in­di­car que fue en­ton­ces cuan­do es­ta mu­jer de- bió con­ven­cer a la pon­te­ve­dre­sa de que, an­tes de que el di­ne­ro ter­mi­na­se con las mon­jas, me­jor que fue­se a sus bol­si­llos. A ba­se de la­bia y buen ha­cer, la per­sua­dió de que por una pe­que­ña can­ti­dad de di­ne­ro po­dían ha­cer­se con el con­te­ni­do del bol­so.

El an­zue­lo es­ta­ba echa­do. Los tres se des­pla­za­ron has­ta un por­tal del cen­tro de la ciu­dad del Lé­rez don­de les aguar­da una se­gun­da cóm­pli­ce con un so­bre en el que ase­gu­ra que hay 7.000 eu­ros. En­ton­ces le pi­den que con­tri­bu­ya con una apor­ta­ción eco­nó­mi­ca. Ini­cial­men­te en­tre­ga 800 eu­ros en efec­ti­vo, pe­ro an­te la insistencia del ton­ti­to, a quien tal can­ti­dad le pa­re­ce po­ca, se des­pla­zan has­ta una su­cur­sal ban­ca­ria de la que sa­ca otros 3.000 eu­ros.

De re­gre­so a la pla­za de Ga­li­cia pi­die­ron a la víc­ti­ma que se apea­se del vehícu­lo y le com­pra­se al­go de co­mer al jo­ven en un su­per­mer­ca­do cer­cano. La pon­te­ve­dre­sa ac­ce­dió y fue al re­gre­sar a don­de ten­dría que es­tar es­ta­cio­na­do el co­che cuan­do se per­ca­tó de la es­ta­fa. Del au­to­mó­vil, ni ras­tro.

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