Un 78,5 % opi­nan que hay que cam­biar el tra­to ju­di­cial que tie­nen las mu­je­res

La Voz de Galicia (Ourense) - - Galicia -

El tra­ta­mien­to ju­di­cial que se da a las víc­ti­mas de la vio­len­cia ma­chis­ta en los tri­bu­na­les tam­po­co con­ven­ce a los ga­lle­gos en­cues­ta­dos por Son­da­xe. Un 78,5 % de ellos opi­nan que ha­bría que cam­biar­lo, fren­te a un 8,6 % que pien­sa que es co­rrec­to tal y como es­tá. Y son los ou­ren­sa­nos los que más apo­yan el cam­bio del pro­to­co­lo de ac­tua­ción ac­tual.

La opi­nión de los pri­me­ros va en la mis­ma lí­nea de lo de­fen­di­do por al­gu­nos fis­ca­les que tra­tan asun­tos de vio­len­cia ma­chis­ta y que reivin­di­can, ya des­de ha­ce tiem­po, un cam­bio que no ha­ga sen­tir­se culpables a las víc­ti­mas. Eso, di­cen, in­cre­men­ta­ría las de­nun­cias. Por­que la an­sie­dad que pro­vo­ca el te­ner que en­fren­tar­se a un pro­ce­so lar­go y com­pli­ca­do su­po­ne un freno pa­ra mu­chas mu­je­res que su­fren mal­tra­to. De he­cho, la fis­cal es­pe­cia­lis­ta en vio­len­cia con­tra la mu­jer Pi­lar Fer­nán­dez ase­gu­ró en una en­tre­vis­ta pu­bli­ca­da en no­viem­bre pa­sa­do que «de­be­ría cam­biar la ley pa­ra ha­cer el pro­ce­so más ama­ble a las mu­je­res».

Un pro­ce­so com­pli­ca­do

Por­que to­do el pro­ce­di­mien­to al que se en­fren­tan las víc­ti­mas al pre­sen­tar una de­nun­cia no es fá­cil. Como ha­bía co­men­ta­do en­ton­ces es­ta fis­cal no lo es por­que du­ran­te el pro­ce­so hay mo­men­tos en los que pa­re­cen ser las sos­pe­cho­sas. La razón es que cuan­do no hay evi­den­cias de ha­ber su­fri­do mal­tra­to, las mu­je­res han de pro­bar con su úni­co tes­ti­mo­nio que son real­men­te víc­ti­mas.

Otra de las co­sas que se reivin­di­can tam­bién en los juz­ga­dos de Fa­mi­lia es una for­ma­ción es­pe­cí­fi­ca pa­ra el per­so­nal que ha de en­car­gar­se de aten­der a las mu­je­res que han su­fri­do al­gún ti­po de mal­tra­to. La razón es que la ma­yor par­te lle­gan con una mo­ral por los sue­los o con te­mor. De he­cho, la pro­ba­bi­li­dad de to­par­se con el su­pues­to agre­sor pro­vo­ca en mu­chas de ellas un es­ta­do de ner­vios que re­sul­ta com­pli­ca­do con­tro­lar.

Más allá de eso, en la ba­ta­lla pa­ra erra­di­car la vio­len­cia ma­chis­ta han co­men­za­do a lle­var­se a ca­bo ya al­gu­nos cam­bios nor­ma­ti­vos. Jun­to con los nue­vos de­li­tos que in­clu­ye el Có­di­go Pe­nal que en­tró en vi­gor el pa­sa­do mes de ju­lio, uno de los más re­le­van­tes es ha­ber in­clui­do a hi­jos en el es­ta­tus de víc­ti­ma. De he­cho, hay es­tu­dios que ha­blan de que en Es­pa­ña hay unos 840.000 me­no­res que con­vi­ven con pa­dres mal­tra­ta­do­res.

Al mis­mo tiem­po los con­de­na­dos no po­drán co­brar la ayu­da por viu­de­dad o he­re­dar na­da de sus víc­ti­mas.

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