Im­pre­sión en 3D

Ma­nuel-Luis Ca­sal­de­rrey

La Voz de Galicia (Ourense) - - Opinión -

Aun ni­ño de Ar­tei­xo se le im­plan­ta una pró­te­sis de bra­zo he­cha con una im­pre­so­ra 3D (La Voz, 9-2). La pró­te­sis la ha rea­li­za­do un equi­po de alum­nos de FP de un cen­tro de Ren­te­ría.

Una im­pre­so­ra 3D es una má­qui­na que pue­de crear pie­zas vo­lu­mé­tri­cas a par­tir de di­se­ños he­chos por or­de­na­dor. Pue­den ser de com­pac­ta­ción (se com­pac­ta pol­vo por es­tra­tos) y de adi­ción o in­yec­ción de po­lí­me­ros (el ma­te­rial se aña­de por ca­pas).

Las apli­ca­cio­nes de las im­pre­so­ras 3D abar­can un am­plio cam­po. Ini­cial­men­te se fa­bri­ca­ron pie­zas o com­po­nen­tes pa­ra ar­qui­tec­tu­ra y di­se­ño in­dus­trial. En el 2015 se ha fa­bri­ca­do el pri­mer me­di­ca­men­to pro­du­ci­do por im­pre­sión 3D. Un gru­po de mé­di­cos de la Uni­ver­si­dad de Pe­kín im­pri­mió una vér­te­bra que fue im­plan­ta­da con éxi­to en un ni­ño, pre­via re­ti­ra­da de la su­ya que es­ta­ba afec­ta­da por un tu­mor ma­ligno.

Es­ta no­che sal­dre­mos de du­das. Pe­ro tuer­zo por que lean al fin ¡Leooooooo! Con­fío en que, como Llo­sa, Di Ca­prio con­si­ga su pre­mio y no se que­de otra vez como un Mu­ra­ka­mi o un Lobo An­tu­nes es­pe­ran­do una eter­ni­dad que no lle­ga. Tie­ne glo­bos (cua­tro) pa­ra mon­tar un cir­co, pe­ro ce­ro Óscar. Ni in­ter­pre­tan­do a un dis­ca­pa­ci­ta­do men­tal en Gil­bert Grap­pe, cuan­do per­dió el de re­par­to con­tra Tommy Lee Jo­nes, que le ga­nó con El fu­gi­ti­vo. Era el 93. Ni lue­go has­ta tres ve­ces en el si­glo XXI. Ni cuan­do hi­zo na­da me­nos que de Ho­ward Hughes vol­vién­do­se lo­co con sus me­ga­lo­ma­nías (ca­yó an­te Ja­mie Foxx como Ray Char­les, due­lo de bio­gra­fías). Ni de tra­fi­can­te de ar­mas en Dia­man­te de san­gre (per­dió an­te Fo­rest Whi­ta­ker, el úl­ti­mo rey de Es­co­cia). Ni cuan­do pa­re­cía que ya lo to­ca­ba con El lobo de Wall Street, ha­ce tres años. En­ton­ces le sur­gió un oso tan enor­me como los que sa­len en El re­na­ci­do y fue ese ac­to­ra­zo que es el se­gun­do Matt­hew McCo­naug­hey el que se lo qui­tó. Aho­ra lo ga­na­rá con El re­na­ci­do, una pe­lí­cu­la tre­men­da. Lo al­za­rá aunque ten­ga en fren­te a Red­way­ne, que pue­de re­pe­tir con La chi­ca da­ne­sa como tran­se­xual, des­pués de ven­cer como Step­hen Haw­kins. Pe­ro Red­way­ne no ha­rá la ca­ram­bo­la y se­rá el bueno de Leo el que pue­da leer al fin un dis­cur­so que se tie­ne que sa­ber de me­mo­ria. Es bueno que le lle­gue su mo­men­to, to­tal ya no es­tá en­tre no­so­tros el me­jor ac­tor de es­ta épo­ca, Phi­lip Sey­mour Hoff­mann. En el cie­lo del ci­ne es­té.

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