El je­fe de la de­fen­sa del nue­vo lí­der de Se­gun­da Di­vi­sión es de Ar­zúa

La Voz de Galicia (Ourense) - - Deportes -

Ve­lo­ci­dad arri­ba, so­li­dez atrás e in­ten­si­dad cons­tan­te de to­do el equi­po. Esos son los pun­tos fuer­tes del Le­ga­nés, nue­vo lí­der de la ca­te­go­ría de pla­ta. Y todos ellos los pu­so de ma­ni­fies­to en la vic­to­ria an­te el Ala­vés (20), a quien des­ban­ca de lo al­to de la ta­bla. Ha­bía mu­cho en jue­go. Am­bos lo sa­bían y por ello sa­lie­ron mor­der des­de el pri­mer alien­to. Ga­nó la po­si­ción, que no la po­se­sión, el Ala­vés. Sin em­bar­go no se en­co­gie­ron los lo­ca­les, que em­pe­za­ron a en­con­trar en los ba­lo­nes lar­gos a es­pal­da de la za­ga la re­ce­ta del éxi­to.

Pri­me­ro tan­tea­ron la op­ción, lue­go la apro­ve­cha­ron pa­ra fa­bri­car el pri­me­ro cuan­do co­nec­ta­ron Cé­sar Soriano y Ru­bén Pe­ña. Asis­tió el pri­me­ro y con­tro­ló el se­gun­do an­tes de co­rrer, ti­rar un ca­ño a Ei­nar y en­fren­tar­se a Pa­che­co en la suer­te fi­nal. Y suer­te es lo que tu­vo el pun­ta, cu­yo dis­pa­ro des­pe­jó el ar­que­ro, le re­bo­tó y aca­bó en­tran­do no sin an­tes to­car en el pa­lo.

Y en el equi­po del nue­vo lí­der des­ta­ca en el cen­tro de la za­ga un jo­ven de Ar­zúa de 22 años. Pa­blo In­sua va a por otro as­cen­so a Pri­me­ra, des­pués del úl­ti­mo lo­gra­do con el Dé­por (club que aún tie­ne sus de­re­chos).

Ade­más de In­sua, Que­co Pi­ña y To­ni Do­va­le pre­sen­cia­ron el en­cuen­tro des­de el ban­qui­llo. Úl­ti­mo mi­nu­to de par­ti­do. Y un ju­ve­nil de ca­si 39 años des­ha­cía el em­pa­te de un vi­tal Noia-Ri­ba­du­mia (0-1). Su au­tor ya es el hom­bre de los 300 go­les. Una ci­fra al al­can­ce de muy po­cos. Ha­bla­mos de Chan­gui, el hom­bre que lle­gó de­ma­sia­do pron­to al Sú­per Dé­por.

—Tres­cien­tos go­les. Tres­cien­tos ba­lo­nes sa­ca­dos del fon­do de las ma­llas de las por­te­rías con­tra­rias. Mu­chos me­tros de cue­ro es­fé­ri­co pues­tos uno de­trás del otro...

—Sí. La ver­dad es que sí. Son mu­chos go­les. Es pa­ra es­tar sa­tis­fe­cho. Si mi­ro atrás y pien­so cuan­do es­ta­ba en el Boi­ro de ale­vín, no lo cree­ría.

—¿Con cuál de esos tres cien­tos de dia­nas se que­da pa­ra con­tar­le su pri­me­ra ba­ta­lli­ta a los fu­tu­ros nie­tos?

—¡Hom­bre! El pri­mer gol que mar­qué con el Com­pos en Pri­me­ra. En el Sar­di­ne­ro con­tra el San­tan­der. No por­que fue­se el más bo­ni­to, sino por­que fue el más es­pe­cial.

—¿Có­mo lo re­cuer­da?

—Fue una ju­ga­da por ban­da, creo que de Mau­ro. Que­dó un re­cha­ce suel­to en el área, Fa­biano me la dio a la al­tu­ra del pun­to de pe­nal­ti, y ti­ré y le pa­só en­tre las pier­nas al por­te­ro. No re­cuer­do aho­ra el nom­bre. Le lla­ma­ban Ro­bo­cop, por tan­tas ope­ra­cio­nes que lle­va­ba.

—¿Qué va­lor le da a lo que aca­ba de con­se­guir?

—Lo veo con or­gu­llo. Es­tá cla­ro que cuan­do uno en su pro­fe­sión, en es­te ca­so la de fut­bo­lis­ta, con­si­gue al­go así es pa­ra es­tar or­gu­llo­so. Es una ci­fra que no mu­chos ju­ga­do­res pue­den con­se­guir.

—En­tien­do que uno nun­ca se can­sa de mar­car...

—No. Yo si­go dis­fru­tan­do de los go­les que marco do­min­go a do­min­go. Ca­da do­min­go que marco gol es como si fue­se el pri­me­ro. Lo si­go dis­fru­tan­do como si aca­ba­se de mar­car por pri­me­ra vez.

—¿Al­gu­na fór­mu­la má­gi­ca? ¿Al­gu­na mar­mi­ta ol­vi­da­da de ni­ño en su ca­sa?

—[Ri­sa]. No. No. Siem­pre di­go que na­cí con un don, y ese don es el de ser go­lea­dor. Des­de siem­pre, des­de las ca­te­go­rías in­fe­rio­res, tu­ve esa fa­ci­li­dad pa­ra mar­car go­les. Y es al­go que nun­ca per­dí. Es al­go de lo que es­toy muy con­ten­to.

—¿Pe­ro có­mo se lle­ga a los 38 años lar­gos con esa pe­ga­da, con 39 tan­tos en po­co más de úl­ti­ma tem­po­ra­da y me­dia en una ca- te­go­ría como la Ter­ce­ra que no pa­ra de en­du­re­cer su exi­gen­cia fí­si­ca, y que ca­da vez hu­ye más de la ex­qui­si­tez téc­ni­ca?

—Sí. Es­tá cla­ro que la Ter­ce­ra es lo que tú di­ces, se es­tá pa­san­do más al fí­si­co que al téc­ni­co, que al fút­bol de ca­li­dad. Pe­ro siem­pre di­je que ten­go un fí­si­co pri­vi­le­gia­do, que sa­be su­frir. Lle­vo en las pier­nas 20 años de ca­rre­ra. No hay nin­gún se­cre­to. No es de cui­dar­se más o me­nos. Sí, la ali­men­ta­ción in­flu­ye. Pe­ro es tam­bién una cues­tión de suer­te. Nun­ca tu­ve le­sión gra­ve. En el Ri­ba­du­mia en­tre es­ta tem­po­ra­da y la an­te­rior me de­bí de per­der 4 par­ti­dos. Y esa re­gu­la­ri­dad, ese po­der en­tre­nar­me to­da la semana y ju­gar ca­da do­min­go, ayu­da a que el cuer­po se man­ten­ga en for­ma.

—Cual­quie­ra que le per­die­se la vis­ta en los úl­ti­mos 15 años le pre­gun­ta­ría qué ha­ce us­ted en un lu­gar —la Ter­ce­ra— como es­te. Iba pa­ra gran de­lan­te­ro del Sú­per Dé­por. ¿Qué le pa­só a ese Chan­gui de ba­rro en el mo­de­la­do y en la coc­ción?

—Al fin y al ca­bo el Sú­per Dé­por es lo que trun­có mi ca­rre­ra de­por­ti­va. Es­tá cla­ro que era un gran equi­po, don­de ha­bía gran­dí­si­mos de­lan­te­ros, Pau­le­ta, Tris­tán, Lu­que, Pan­dia­ni... y no ha­bía es­pa­cio pa­ra Chan­gui. Eso aca­ba mi­nán­do­te. Yo era un ju­ga­dor jo­ven, con mu­cha ilu­sión, y veía que no iban a con­tar con­mi­go. Fui de ce­sión en ce­sión, y eso per­ju­di­ca a los ju­ga­do­res. Me sien­to or­gu­llo­so de ha­ber for­ma­do par­te de ese equi­po. Pe­ro a lo me­jor no era el mo­men­to de ha­ber ido. En to­do es­to tu­vie­ron mu­cho que ver los presidentes de en­ton­ces del Com­pos y del Dé­por. Por­que fue­ron los que con­cre­ta­ron mi fi­cha­je. No va­lo­ra­ron en­ton­ces el as­pec­to de­por­ti­vo. Se va­lo­ró más que era un ju­ga­dor ga­lle­go que es­ta­ba des­pun­tan­do, y el Dé­por me fi­chó más por eso. Yo ve­nía de la Se­gun­da, de mar­car 15 o 16 go­les en la Se­gun­da, pe­ro sa­be­dor de que iba a ser muy di­fí­cil ju­gar. Lo in­ten­té de to­das las ma­ne­ras. En ese mo­men­to pa­ra un ju­ga­dor como yo ha­bría si­do me­jor ir­me 2 o 3 años a un equi­po no tan pun­te­ro, pe­ro te­ner mi­nu­tos en Pri­me­ra pa­ra lle­gar más cur­ti­do al De­por­ti­vo. En­ton­ces ha­bía equi­pos de la mi­tad de la ta­bla in­tere­sa­dos en mí. El Se­vi­lla, el Cel­ta, el Má­la­ga... Di­cho es­to, yo es­toy en­can­ta­dí­si­mo de ha­ber for­ma­do par­te del Dé­por. Ese fue el éxi­to más gran­de en mi ca­rre­ra.

—¿A cuán­tos go­les as­cien­de el plan de ju­bi­la­ción de Chan­gui?

—[Ri­sa] No lo sé. Los má­xi­mos po­si­bles. Voy tem­po­ra­da a tem­po­ra­da. Aca­ba­ré es­ta con 39 años, y se­guir ca­da vez es más exi­gi­do, ya no por el es­fuer­zo fí­si­co, si no por el men­tal. Pe­ro creo que otro año más lo po­dré aguan­tar.

MÓ­NI­CA FERREIRÓS

Chan­gui lle­ga a la má­gi­ca y re­don­da ci­fra con 38 años.

Pa­blo In­sua

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