Un lá­ti­go pa­ra los in­cré­du­los

La Voz de Galicia (Ourense) - - Deportes -

Los ca­li­fi­ca­ti­vos po­si­ti­vos se es­tán ago­tan­do pa­ra va­lo­rar a Step­hen Curry. Vi­gen­te cam­peón de la NBA con los Gol­den State Warriors, el es­col­ta es­ta­dou­ni­den­se pa­re­ce ha­ber pues­to el pun­to de mi­ra en tri­tu­rar ré­cords de la com­pe­ti­ción pro­fe­sio­nal es­ta­dou­ni­den­se. En la ma­dru­ga­da del do­min­go, an­te los Oklaho­ma City Thun­der, igua­ló el de tri­ples en un par­ti­do: do­ce. Con ello, se ha con­ver­ti­do en un azo­te de in­cré­du­los. De­ja mal a los que, an­tes de ser se­lec­cio­na­do en el draft del 2009, du­da­ban de sus ca­pa­ci­da­des y vir­tu­des.

FÍ­SI­CO Las in­te­rro­gan­tes so­bre su tren su­pe­rior

A pe­sar de que Curry ya des­lum­bró en su pe­ri­plo uni­ver­si­ta­rio por su ca­pa­ci­dad ano­ta­do­ra, sus de­trac­to­res du­da­ron de su po­ten­cial fí­si­co. En unas tem­po­ra­das en las que la ob­se­sión por los ba­lon­ces­tis­tas for­ni­dos se ele­vó a co­tas muy al­tas, la irrup­ción de un ju­ga­dor sin po­de­ro­sos pec­to­ra­les ni bí­ceps fi­bro­sos fue vis­ta como una de­bi­li­dad.

Con el pa­so de los años, Curry ha de­mos­tra­do que la fuer­za no es una de sus vir­tu­des más pu­li­das. Pe­ro tam­po­co pa­re­ce ne­ce­si­tar­la. Es un ju­ga­dor ex­plo­si­vo, con un pa­so la­te­ral y un cros­so­ver que le per­mi­ten li­be­rar los ti­ros en cues­tión de dé­ci­mas de se­gun­do. Y esos lan­za­mien­tos que ar­ma con ra­pi­dez y pre­ci­sión no se neu­tra­li­zan con can­ti­da­des in­gen­tes de tes­tos­te­ro­na de­fen­si­va.

PO­SI­CIÓN La evo­lu­ción en­tre los pues­tos de ba­se y es­col­ta

En sus úl­ti­mos pa­sos como uni­ver­si­ta­rio, se du­dó de que Step­hen Curry die­se la ta­lla como ba­se. In­clu­so se lle­gó a in­si­nuar que po­dría que­dar­se a me­dio ca­mino en­tre un ba­se y un es­col­ta. Pe­se a que la di­rec­ción del equi­po no es una de las par­ce­las en las que más des­ta­ca, el ju­ga­dor es ca­paz de ge­ne­rar mu­cho jue­go. Es un muy buen pa­sa­dor y, mer­ced a su eléc­tri­co uno con­tra uno, pue­de cap­tar la aten­ción de las de­fen­sas y re­par­tir asis­ten­cias pa­ra que sus com­pa­ñe­ros fi­na­li­cen.

Curry po­see un gran do­mi­nio del ba­lón, tra­ba­ja­do has­ta la ex­te­nua­ción ca­da ve­rano. Su cam­bio de di­rec­ción y de rit­mo es en- dia­bla­do. Y, a to­do ello, le su­ma un ti­ro le­tal. Pe­se a que tal vez no se le con­si­de­re un ba­se se­gún los cá­no­nes clá­si­cos, sí que po­see ca­pa­ci­dad pa­ra ge­ne­rar ven­ta­jas pal­pa­bles en si­tua­cio­nes re­du­ci­das del jue­go.

ANAR­QUÍA El des­con­trol de los ge­nios

Los de­trac­to­res de Curry ha­bla­ban en su mo­men­to de su ten­den­cia a des­con­tro­lar­se en al­gu­nas fa­ses de los par­ti­dos. Sin em­bar­go, una vez que esa anar­quía ha si­do en­cau­za­da —y ade­re­za­da por una gran ca­li­dad téc­ni­ca y un lan­za­mien­to le­tal—, el es­col­ta es­ta­dou­ni­den­se se ha con­ver­ti­do en im­pre­vi­si­ble.

Es muy com­pli­ca­do de­fen­der­le en si­tua­cio­nes de uno con­tra uno. Su ca­pa­ci­dad pa­ra ar­mar el bra­zo en cues­tión de dé­ci­mas y ser cer­te­ro en el ti­ro son un do­lor de mue­las pa­ra los de­fen­so­res, a los que nun­ca les da res­pi­ro.

EL TI­RO La se­ña de iden­ti­dad de una men­te de hie­rro

An­tes de ser se­lec­cio­na­do en el draft de la NBA de 2009, al­gu­nos cri­ti­ca­ron que Curry po­seía una con­fian­za tal vez ex­ce­si­va en su ti­ro ex­te­rior. Con el tiem­po, la razón ha acom­pa­ña­do al ju­ga­dor de los Gol­den State Warriors.

La pri­me­ra cla­ve del ti­ro de Curry ra­di­ca en su ex­tra­or­di­na­ria pun­te­ría. La ca­de­na ci­né­ti­ca del ju­ga­dor es per­fec­ta, em­pie­za a ar­mar el lan­za­mien­to des­de una co­lo­ca­ción de pies li­ge­ra­men­te es­co­ra­da ha­cia la iz­quier­da pa­ra, des­pués, tras­la­dar la ener­gía a lo lar­go de su cuer­po. Fi­na­li­za con un «back spin» y el co­do cer­ca del tron­co.

Con­tro­la a las mil ma­ra­vi­llas la tra­yec­to­ria del ba­lón, por lo que, pa­ra ser pre­ci­so, so­lo le res­ta me­dir la fuer­za con la que el ba­lón aban­do­na sus ma­nos. Su ran­go es enor­me. Por lo que, trans­cu­rri­dos unos años, pa­re­ce que la fe ex­ce­si­va en sus ca­pa­ci­da­des como lan­za­dor es­tá jus­ti­fi­ca­da.

An­tes de in­gre­sar en la Li­ga pro­fe­sio­nal, tam­bién se cri­ti­có su ma­la se­lec­ción de ti­ro. Con un 44,6% de acier­to en los tri­ples en su ca­rre­ra, po­co se le pue­de dis­cu­tir. Ade­más, una de sus for­ta­le­zas ra­di­ca, pre­ci­sa­men­te, en su im­pre­vi­si­bi­li­dad.

DE­FEN­SA In­ca­pa­ci­dad pa­ra ser pe­rro de pre­sa

Curry ge­ne­ró du­das por sus me­jo­ra­bles pres­ta­cio­nes de­fen­si­vas. Al­gu­nos pu­sie­ron en te­la de jui­cio su po­si­bi­li­dad de dar el mí­ni­mo exi­gi­do en la NBA. Pe­ro, al fin y al ca­bo, el es­col­ta es una mi­na pa­ra los nos­tál­gi­cos, pa­ra aque­llos que año­ran los tiem­pos en que el des­ca­ro ofen­si­vo pre­si­día el ba­lon­ces­to.

J PAT CAR­TER AFP

Curry fes­te­ja la ca­nas­ta con la que en­vió el par­ti­do an­te los Thun­der a la pró­rro­ga.

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